La segunda oportunidad de Dios
La historia de Jonás e suna joya narrativa del mundo antiguo. Tiene de todo: drama, suspenso, intriga, climax, desarrollo de los personajes, giros inesperados y cosas sobrenaturales; pero una de las frases que a mi más me llama la atención es esta “la palabra del Señor vino por segunda vez a Jonás”. No se si estás siguiendo el plan de lecturas, pero si no, te lo recomiendo, esa frase significa que Dios no abandonó a Jonás después de su primera desobediencia. Entre la primera y la segunda llamada hay una tormenta mortal, las entrañas de un gran pez, una oración desesperada de arrepentimiento y el vómito que devuelve al profeta a tierra firme. Y ahora, el mismo Dios que Jonás intentó evadir le habla nuevamente.
Entendiendo el pasaje
Jonás era un profeta de Israel que vivió durante los días de Jeroboam II, una época de prosperidad para el reino del norte. Su ministerio había sido cómodo hasta ese momento. Siempre profetizaba paz y expansión territorial. Pero esta vez Dios le ordenó ir a Nínive, la capital del imperio asirio, una nación brutal conocida por su crueldad hacia los pueblos conquistados. Para Jonás, los ninivitas merecían el juicio, no la misericordia. Así que huyó hacia Tarsis, en dirección opuesta.
La simetría entre el capítulo 1 y el capítulo 3 es imposible de ignorar. En ambos, Dios habla. En ambos, Jonás recibe la misma orden: levántate y ve a Nínive. Pero hay una diferencia crucial. La primera vez, Jonás huyó. La segunda vez, obedeció. Entre medio está el trato de Dios con su siervo rebelde. El Señor envió una tormenta que casi destruye el barco. Los marineros paganos oraron mientras Jonás dormía en la bodega. Finalmente fue arrojado al mar y tragado por un gran pez. Allí, en las profundidades, lejos de todo lo que conocía, Jonás clamó a Dios. Y Dios lo escuchó. Lo que hace asombrosa esta historia es que Dios podría haber desechado a Jonás y usar a otro profeta. Dios no necesita siervos rebeldes. Pero decide darle una segunda oportunidad. El mismo mensaje. El mismo destino. La misma misión.
Tres verdades bíblicas
1. Dios es paciente a pesar de nuestra desobediencia – Jonás conocía la voluntad de Dios y corrió en dirección contraria. Pensó que su plan era mejor que el de Dios. Pero los planes del Señor nunca son saboteados. La paciencia de Dios con Jonás revela algo profundo sobre su carácter. Cuando desobedeces, Dios no te descarta inmediatamente. Te busca. Te disciplina. Te restaura. Hoy mismo puede ser que estés huyendo de algo que Dios te ha pedido hacer. Tal vez estás evitando una conversación difícil, posponiendo el arrepentimiento o ignorando un llamado claro. La pregunta es: ¿cuántas veces tendrá que hablarte Dios antes de que obedezcas?
2. Dios usa el dolor para santificarnos mediante el arrepentimiento – Jonás no cambió de opinión por un argumento teológico brillante. Cambió cuando experimentó las consecuencias de su rebeldía. La tormenta, el mar, el pez. Todo fue la mano de Dios moldeando a su siervo. El sufrimiento de Jonás no fue una venganza del Señor, lo que el profeta recibió fue una cirugía en su alma. A veces, Dios permite que enfrentemos tormentas precisamente porque nos ama lo suficiente como para dejarnos cómodos en nuestra desobediencia. Si estás pasando por una temporada difícil, pregúntate: ¿qué está tratando de enseñarme Dios? ¿Hay algo en mi vida que necesita cambiar?
3. Los planes de Dios son mejores que los nuestros – Jonás pensaba que tenía razón al huir. Los ninivitas no merecían misericordia. Pero Dios ve lo que nosotros no vemos. Su perspectiva es infinitamente más amplia que la nuestra. Cuando cuestionamos los mandatos de Dios, revelamos nuestra arrogancia. Actuamos como si supiéramos más que Él. La obediencia genuina no exige entender todos los detalles. Requiere confianza. Jonás finalmente se levantó y fue a Nínive porque aprendió que obedecer a Dios, incluso cuando no entiendes sus razones, siempre es el camino correcto. ¿Hay algún área de tu vida donde estás resistiendo la voluntad de Dios porque piensas que tu camino es mejor? Hoy es el día para soltar esa arrogancia y confiar.
Reflexión y oración
Jonás recibió una segunda oportunidad. Y nosotros también. Cada mañana es una nueva invitación a obedecer. Cada día es otra ocasión para confiar en que los planes de Dios son mejores que los nuestros. Tal vez has estado huyendo. Tal vez estás en medio de tu propia tormenta. Dios no ha terminado contigo. Su paciencia persiste. Su llamado permanece.
Señor, gracias porque nos das segundas oportunidades. Gracias porque usas incluso nuestras tormentas para moldearnos y santificarnos. Perdónanos por las veces que pensamos que nuestros planes eran mejores que los tuyos. Ayúdanos a obedecer hoy, a confiar en tu sabiduría y a someternos a tu voluntad. Sabemos que tus caminos son más altos que los nuestros. En el nombre de Jesús, amén.