Devocional para el 26 de diciembre

«Pero Yo les digo la verdad: les conviene que Yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, se lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.» (Juan 16:7-8, NBLA)

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La promesa del Consolador

Jesús ha estado preparando a sus discípulos para lo inevitable. Les lavó los pies, les prometió lugar en la casa del Padre, les dio su paz, les enseñó sobre permanecer en él como sarmientos en la vid. Pero una pregunta persistente debe estar rondando sus mentes: ¿Qué vendrá después? ¿Cómo continuaremos esta obra cuando tú ya no estés? Jesús responde esa pregunta con una promesa que parece imposible: «Les conviene que yo me vaya». ¿Cómo puede ser conveniente que el Hijo de Dios se vaya? Porque entonces vendrá el Consolador.

Entendiendo el pasaje

Jesús les dice claramente: si no me voy, el Consolador no vendrá. Pero si me voy, se lo enviaré. Luego explica la obra triple del Espíritu Santo. Primero, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Convencerá de pecado porque no creen en Cristo. De justicia porque Jesús va al Padre y ellos ya no lo verán. De juicio porque el príncipe de este mundo ha sido juzgado. Segundo, el Espíritu guiará a los apóstoles a toda la verdad. No hablará por su propia cuenta sino que hablará lo que oiga y les hará saber las cosas que habrán de venir. Tercero, el Espíritu glorificará a Cristo porque tomará de lo de él y se lo hará saber a ellos.

Jesús añade algo más: «Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ahora no las pueden soportar». Hay verdades que los discípulos no pueden entender en ese momento. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, los guiará a toda la verdad. Les dice que dentro de poco ya no lo verán, y luego dentro de poco lo verán otra vez. Los discípulos están confundidos. Jesús les explica que llorarán y se lamentarán mientras el mundo se regocija. Pero su tristeza se convertirá en gozo. Les promete que en ese día pedirán al Padre en su nombre y recibirán, para que su gozo sea completo.

Tres verdades bíblicas

1. El Espíritu Santo hace una obra poderosa en el mundo al convencer de pecado, justicia y juicio – Antes de Pentecostés, el Espíritu obraba temporalmente en algunas personas para capacitarlas para tareas específicas. Pero ahora su papel es más preponderante. El Espíritu convence al mundo. No somos nosotros quienes convencemos a las personas de su pecado, es el Espíritu. Él muestra que el pecado fundamental es no creer en Cristo. Que la justicia verdadera está en Cristo quien fue al Padre. Que el juicio ya cayó sobre Satanás en la cruz. Esta obra del Espíritu es esencial para el evangelismo. Sin el Espíritu convenciendo, nuestras palabras son vacías. Por eso Jesús dice que es conveniente que Él se vaya, para que el Espíritu venga y haga esta obra global que Jesús físicamente limitado a un lugar no podía hacer.

2. El Espíritu Santo guía a los discípulos hacia toda verdad y revela las cosas por venir – Jesús les dice que tienen muchas cosas que no pueden soportar todavía. La cruz, la resurrección, la ascensión, la formación de la iglesia, la misión a los gentiles, todo esto era demasiado para procesar en ese momento. Pero el Espíritu los guiaría progresivamente a entenderlo. Esta promesa se cumplió cuando los apóstoles escribieron el Nuevo Testamento bajo la inspiración del Espíritu Santo. El mismo Espíritu que inspiró las Escrituras ahora ilumina nuestro entendimiento cuando las leemos. No nos revela nuevas verdades como lo hizo con los apóstoles, pero sí nos guía a entender las verdades ya reveladas. Sin el Espíritu, la Biblia permanece cerrada. Con el Espíritu, se vuelve viva y activa.

3. El Espíritu Santo glorifica a Cristo tomando de lo suyo y revelándolo – La obra del Espíritu no es llamar la atención hacia sí mismo sino hacia Cristo. «Él me glorificará, porque tomará de lo mío y se lo hará saber a ustedes». El Espíritu es como un reflector que ilumina a Cristo. Cuando el Espíritu obra genuinamente, Cristo es exaltado. Cuando predicamos en el poder del Espíritu, Cristo es glorificado. Cuando el Espíritu llena una iglesia, Cristo es el centro. Por eso cualquier movimiento que exalta más al Espíritu que a Cristo debe ser cuestionado. El mismo Espíritu que inspiró Juan a escribir este evangelio para mostrar que Jesús es el Hijo de Dios ahora obra en nosotros para que veamos y adoremos a Cristo.

Reflexión y oración

Los discípulos no entendían cómo podía ser conveniente que Jesús se fuera. Nosotros tenemos la ventaja de vivir después de Pentecostés y ver cómo se cumplió esta promesa. El Espíritu vino, convirtió el temor en valentía, la confusión en claridad, la derrota en victoria. Lo que comenzó con once hombres asustados en un aposento alto se convirtió en un movimiento global que ha alcanzado todos los continentes. Todo por la obra del Espíritu Santo. Ese mismo Espíritu mora en ti si has creído en Cristo. Él te convence, te guía, te revela a Cristo. No estás solo. Tienes al Consolador.

Padre, gracias porque enviaste al Espíritu Santo como prometiste. Gracias porque su obra en el mundo continúa convenciendo de pecado, justicia y juicio. Gracias porque nos guía a toda verdad y glorifica a Cristo. Ayúdanos a depender del Espíritu, a ser sensibles a su voz, a permitir que haga su obra en nosotros y a través de nosotros. Que Cristo sea glorificado en nuestras vidas por el poder del Espíritu. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

2 Crónicas 31, Apocalipsis 17, Zacarías 13, Juan 16

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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