Versículo base: «Pues me propuse no saber nada entre ustedes excepto a Jesucristo, y Este crucificado» (1 Corintios 2:2, NBLA)
Cuando la sabiduría humana desplaza al evangelio simple
Los corintios tenían una obsesión con el conocimiento. Herederos de la tradición griega, amaban las largas disertaciones filosóficas, los debates interminables, las confrontaciones intelectuales. Cuando un orador llegaba a la ciudad, esperaban pirotecnia retórica, argumentaciones elaboradas, demostraciones de erudición. Así que cuando Pablo llegó predicando que un carpintero judío crucificado era el Salvador del mundo, muchos se sintieron decepcionados. ¿Ese era todo el mensaje? ¿Dónde estaban las complejas líneas argumentativas? ¿Dónde quedaba espacio para mostrar su superioridad intelectual? Les parecía demasiado simple, casi insultantemente básico. Pero aquí está la paradoja divina: Dios eligió salvar al mundo no mediante filosofías elaboradas que solo unos pocos pudieran entender, sino mediante un mensaje tan sencillo que un niño puede comprenderlo, pero tan profundo que la eternidad no alcanzará para agotarlo. Cuando intentamos vestir el evangelio con ropajes de sabiduría humana para hacerlo más «respetable», el resultado inevitable es división, porque entonces las personas siguen a hombres en lugar de seguir a Cristo.
Entendiendo el pasaje
Pablo conecta directamente con lo que venía diciendo en el capítulo uno sobre las divisiones. Ahora explica por qué rechazó deliberadamente usar la sabiduría humana cuando predicó en Corinto. El capítulo se divide naturalmente en tres secciones: primero, Pablo describe su método de predicación (vv. 1-5), enfatizando que vino con debilidad y temor, no con discursos persuasivos; segundo, contrasta la sabiduría de Dios con la sabiduría humana (vv. 6-9), mostrando que hay una sabiduría divina pero que solo puede ser comprendida espiritualmente; tercero, explica el papel del Espíritu Santo en revelar las verdades de Dios (vv. 10-16).
El sentido de este pasaje es claro: Pablo quiere que entiendan que el poder del evangelio no descansa en la habilidad del predicador ni en la sofisticación del mensaje, sino en la obra soberana del Espíritu Santo. Los corintios, influenciados por su cultura que valoraba la retórica y la filosofía, habían comenzado a juzgar el evangelio con criterios humanos. Pablo les recuerda que cuando llegó a ellos no vino «con excelencia de palabras o de sabiduría» (v.1). ¿Por qué? Porque quería que su fe descansara no en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (v.5). Este es el punto central: cuando el evangelio se viste de sabiduría humana, las personas terminan admirando al mensajero en lugar del mensaje, siguiendo a hombres en lugar de seguir a Cristo.
Tres verdades bíblicas
- El evangelio es deliberadamente simple porque Dios quiere que todos puedan acceder a la salvación Para muchos, el evangelio parece carente de profundidad. ¿Cómo es posible que la salvación del mundo dependa de creer en un hombre desnudo muriendo en una cruz? Pero esa aparente simpleza es intencional. Dios quiso que la salvación no fuera resultado de la comprensión intelectual o la sabiduría humana, sino de la fe. No es que el evangelio carezca de profundidad —hay aspectos judiciales, redentores, cósmicos— pero en su presentación es accesible hasta para un niño. Cristo murió por tus pecados y resucitó. Punto. Dios eligió «entorpecer la sabiduría de los sabios» para que todo se redujera exclusivamente a una obra de Su Espíritu y Su poder. No necesitas un doctorado en teología para ser salvo, necesitas fe como la de un niño.
- Cuando reemplazamos el evangelio simple con filosofía humana, sembramos división inevitable Los corintios, en su búsqueda incansable por el conocimiento humano, habían desnaturalizado la verdad del evangelio. El resultado fue una iglesia fragmentada, cada grupo siguiendo a su maestro preferido, tal como hacían los griegos con sus escuelas filosóficas. Cuando el evangelio deja de ser central y comenzamos a añadirle requisitos intelectuales, credenciales académicas o sofisticaciones teológicas innecesarias, creamos élites espirituales. Unos se sienten superiores por su conocimiento, otros inferiores por su simplicidad, y la iglesia se divide entre los «iluminados» y los «simples». El evangelio tiene que ser central no solo en nuestro entendimiento sino en nuestra práctica. Solo Cristo crucificado puede mantener unida a Su iglesia.
- El Espíritu Santo es quien revela las verdades profundas, no la capacidad intelectual humana Pablo explica que «el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios» (v.14). Puedes tener tres doctorados y no entender el evangelio, mientras que alguien sin educación formal puede comprenderlo profundamente. ¿Por qué? Porque el entendimiento espiritual no viene del intelecto sino del Espíritu Santo. Esto no es anti-intelectualismo; es reconocer que hay un tipo de conocimiento que solo viene por revelación divina. Tu capacidad para entender las cosas de Dios no depende de tu coeficiente intelectual sino de tu relación con el Espíritu. Esto debería humillarnos y al mismo tiempo animarnos: no estamos excluidos de las profundidades de Dios por falta de educación, ni garantizados en ellas por tenerla.
Reflexión y oración
El evangelio es como un océano: tan poco profundo que un niño puede chapotear en la orilla, tan profundo que el mejor nadador nunca tocará fondo. Cuando intentamos hacer el evangelio más «sofisticado» para impresionar al mundo, en realidad lo empobrecemos. La cruz parece necedad a los que se pierden, pero para nosotros es poder de Dios. No te avergüences de la simplicidad del mensaje. Cristo murió por tus pecados. Cristo resucitó. En esto descansa toda tu esperanza. Todo lo demás es comentario.
Padre, perdónanos cuando hemos intentado vestir tu evangelio con ropajes de sabiduría humana para hacerlo más aceptable. Perdónanos cuando hemos seguido a hombres en lugar de seguir a Cristo. Ayúdanos a gloriarnos en la cruz, aunque el mundo la considere necedad. Que nuestra fe no descanse en palabras persuasivas de sabiduría humana, sino en la demostración de tu Espíritu y tu poder. Mantén tu evangelio simple y central en nuestras vidas y en tu iglesia. Por Jesús, amén.