Devocional para el 30 de noviembre

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Lectura:

«Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad» (Miqueas 5:2, NBLA)

La llegada del Rey humilde

Mañana comienza diciembre, y también la temporada donde el mundo asocia esta fecha con el nacimiento de Cristo. Particularmente no tengo la convicción de que Jesús haya nacido específicamente en diciembre, de hecho es altamente probable que no sea la fecha de acuerdo a los registros bíblios. Sin embargo, al margen el debate histórico, es interesante que sea una fecha que comúnmente asociamos al advenimiento del Señor Jesucristo, lo cuál en efecto, sea cual sea la fecha en la que haya ocurrido si es algo que todos los creyentes debemos recordar, considerando las implicaciones de que el Hijo de Dios se haya encarnado y que la salvación haya venido a nosotros. Pues bien, toda esa verdad encuentra su raíz en esta profecía que Miqueas proclamó setecientos años antes de que sucediera.

Entendiendo el pasaje

Miqueas, como ya vino en un devocional anterior, profetizó durante el siglo VIII a.C., en una época de turbulencia política y espiritual para Israel y Judá. En medio de sus denuncias contra la corrupción y la idolatría, el profeta pronuncia esta promesa específica y sorprendente sobre Belén y esperanzadoras para el pueblo de Dios. No era coincidencia que mencionara a Belén Efrata, un pequeño pueblo que apenas aparecía en los mapas de Judá. De todas las ciudades importantes de Israel, como Jerusalén o Hebrón, Dios escogió anunciar que el Mesías vendría de un lugar insignificante.

Esta profecía fue tan específica y bien conocida que cuando los magos del oriente llegaron a Jerusalén preguntando por el rey de los judíos que había nacido, los escribas y principales sacerdotes citaron inmediatamente este pasaje de Miqueas para señalar dónde debía nacer el Cristo. Mateo 2:5-6 registra: «Y ellos le dijeron: “En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en ningún modo la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un gobernante que pastoreará a Mi pueblo Israel'”». Juan 7:42 también muestra que el pueblo judío conocía esta profecía cuando debatían sobre Jesús. La precisión profética es asombrosa: el lugar específico, el linaje davídico y la naturaleza eterna del Mesías, todo declarado siglos antes.

Tres verdades bíblicas

1. El Señor no obra necesariamente en las cosas grandes y pomposas – Belén era insignificante en comparación con las grandes ciudades de Judá. Si Dios hubiera seguido la lógica humana, el Mesías habría nacido en Jerusalén, la ciudad del rey David, en el palacio real, con toda la pompa que corresponde a un rey. Pero Dios eligió Belén, un pueblo pequeño conocido principalmente por ser el lugar de nacimiento de David siglos antes. Esto nos enseña algo importante sobre cómo Dios trabaja. Él no está impresionado por lo que impresiona al mundo. No necesita las plataformas grandes ni los lugares prominentes para cumplir sus propósitos. De hecho, muchas veces escoge lo pequeño y lo humilde precisamente para que quede claro que el poder viene de Él y no de las circunstancias.

2. El Señor cumple lo que promete y podemos estar seguros que cumplirá lo que falta – Entre la profecía de Miqueas y su cumplimiento pasaron aproximadamente setecientos años. Generaciones enteras vivieron y murieron esperando esta promesa. Pero cuando llegó el tiempo señalado por Dios, la profecía se cumplió exactamente como fue anunciada. María y José no vivían en Belén, vivían en Nazaret. Pero Dios usó un censo romano para que tuvieran que viajar a Belén justo cuando el bebé estaba por nacer. Cada detalle encajó perfectamente. Si Dios cumplió esta promesa con tal precisión, podemos confiar en que cumplirá todas las demás. Las promesas sobre su segunda venida, sobre la resurrección de los muertos, sobre el juicio final y sobre la nueva creación son tan ciertas como el nacimiento de Cristo en Belén.

3. El Salvador vino a este mundo en humildad – El versículo dice que de Belén saldría el gobernante de Israel, pero sus orígenes son desde la eternidad. Mira la paradoja gloriosa del evangelio. El Rey eterno, el Creador del universo, el Dios todopoderoso eligió entrar en la historia humana no con despliegue de poder sino con humildad radical. Nació en un pueblo pequeño, en un establo, rodeado de animales. No hubo fanfarria real ni recepción digna de un rey. Desde el principio, Jesús modeló el camino del siervo sufriente. Y lo hizo por amor a nosotros. Vino humildemente porque venía a cargar con nuestros pecados, a morir en nuestro lugar y a salvarnos de la condenación que merecíamos. Su humildad en la encarnación anticipa su humildad en la cruz.

Reflexión y oración

Mientras entramos en diciembre y el mundo se llena de luces y celebraciones, no perdamos de vista la maravilla de lo que realmente sucedió. El Dios eterno se hizo hombre. El Rey de reyes nació en un lugar insignificante. El Salvador prometido llegó con humildad. Y todo esto sucedió exactamente como Dios lo anunció siglos antes. Si Dios cumplió esta promesa, puedes confiar en que cumplirá cada una de las demás.

Padre celestial, gracias por cumplir tu promesa de enviar al Salvador. Gracias porque en tu sabiduría elegiste lo pequeño y lo humilde para mostrar tu gloria. Ayúdanos a recordar en esta temporada que Jesús vino con humildad para salvarnos. Que no nos distraigamos con las celebraciones superficiales sino que fijemos nuestros corazones en la verdad del evangelio. Y que vivamos confiando en que así como cumpliste la promesa de su primera venida, cumplirás la promesa de su regreso. En el nombre de Jesús, amén.

*Lecturas del plan para hoy:

1 Crónicas 28, 2 Pedro 2, Miqueas 5, Lucas 14

*Este devocional está basado en el plan de lecturas de Robert Murray M'Cheyne

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Jacobis Aldana, pastor Iglesia Bíblica Soberana Gracia

Sobre el autor de este devocional diario

Este devocional es escrito y narrado por el pastor Jacobis Aldana. Es licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (Mints) y cursa una Maestría en Divinidades en Midwestern Baptist Theological Seminary; ha servido en el ministerio pastoral desde 2011, está casado con Keila Lara y es padre de Santiago y Jacobo.