Devocional para el 6 de diciembre

«Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe» (1 Juan 5:4, NBLA)

Compartir:

La fe que vence

Esta semana hemos recorrido juntos la carta de Juan. Comenzamos viendo que Dios es luz y en él no hay tinieblas. Aprendimos que los que conocen a Dios reconocen su pecado, obedecen sus mandamientos, aman a sus hermanos con acciones concretas y confiesan verdades correctas sobre Cristo. Ahora Juan nos lleva a una conclusión gloriosa. Todas esas marcas del creyente producen algo e el creyente: la victoria sobre el mundo. La fe genuina vence.

Entendiendo el pasaje

Juan ha estado describiendo la vida del creyente. Ahora explica el resultado de esa vida. Mira cómo empieza el capítulo: «Todo el que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios.» Esta no es una creencia superficial o emocional. Es la fe que confiesa que Jesús es el Mesías prometido, el Hijo de Dios que vino en carne. Esa fe produce amor por Dios y amor por los que son nacidos de él. Y cuando amas a Dios, guardas sus mandamientos. Pero hay algo más. Esos mandamientos no son gravosos para los que son de Dios porque tienen una capacidad la capacidad sobrenatural de vencer al mundo.

El mundo del que Juan habla es el sistema que se opone a Dios. Es la cultura que rechaza a Cristo, los valores que contradicen la verdad, las tentaciones que te alejan de obedecer. El mundo te presiona a conformarte, a amar las cosas que él ama, a vivir como él vive. Pero los que son nacidos de Dios tienen una victoria ya ganada. ¿Cuál es esa victoria? Nuestra fe. La fe. Aquí la idea es de un cuerpo de verdades que creemos acerca de Cristo. Esta fe se refiere a lo que confesamos que en últimas cuentas es lo que impulsa la manera en que vivimos. Los que creen en el Señor, los que confiesan verdaderamente a Cristo, viven de una manera que desafía y vence el sistema del mundo.

Tres verdades bíblicas

  1. La fe verdadera produce obediencia, y la obediencia no es carga

Juan dice algo que a primera vista parece imposible: «Sus mandamientos no son gravosos.» ¿Cómo puede ser? Sabemos que obedecer a Dios va contra nuestra naturaleza caída. Hay días en que amar al hermano difícil es pesado, perdonar al que te hirió es costoso, ser santo cuando el mundo te invita a pecar es agotador. Pero Juan no está negando que la obediencia requiera esfuerzo. Lo que dice es que para los que son nacidos de Dios, obedecer es posible y deseable porque han sido cambiados por dentro. Dios te dio una nueva naturaleza. El Espíritu que mora en ti te capacita para hacer lo que antes era imposible. Los mandamientos ya no son una carga externa que te aplasta, ahora son la expresión de lo que realmente quieres en tu interior. Cuando amas a Dios, deseas agradarle. Por eso la obediencia, aunque sigue siendo batalla, ya no es una esclavitud insoportable.

  1. Lo que creemos define nuestra victoria

La batalla contra el mundo es una batalla por la fe. El mundo que niega a Cristo vive de una manera que es consecuente con las tinieblas, pero los que confiesan a Cristo, los que se mantienen firmes en las cosas que creen sobre el Señor viven “contramundum”, contra al sistema de valores caracterizado por la mentira, el pecado sin arrepentimiento, la lucha de poderes el uno con el otro en lugar del amor. Lo que es De Dios se nota que es De Dios y lo que es del mundo se nota que es del mundo y todo ello descansa en a quién confesamos como Señor y Dios.

  1. El testimonio de Dios sobre su Hijo es la base de nuestra certeza

Juan termina la carta con una declaración poderosa sobre el testimonio de Dios. Él da testimonio de su Hijo. Ese testimonio es que en Cristo tenemos vida eterna. Los que creen en el Hijo tienen la vida. Los que no creen están rechazando el testimonio de Dios mismo. Mira la claridad de Juan: «El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.» Aquí está el evangelio en su forma más simple. La vida eterna no depende de tus esfuerzos, tu moralidad o tu religiosidad. Depende de si tienes a Cristo o no. Si confías en él, tienes vida. Si lo rechazas, permaneces en muerte. Esa certeza es lo que te sostiene cuando dudas, cuando tropiezas, cuando el enemigo te acusa. Tienes al Hijo, y en él tienes todo.

Reflexión y oración

Hemos caminado esta semana por las verdades que Juan nos enseñó. Dios es luz. Confesamos nuestro pecado. Obedecemos porque amamos. Amamos a nuestros hermanos con acciones. Confesamos que Jesús es el Cristo. Y ahora sabemos que nuestra fe vence al mundo. Todo está conectado porque todo viene de Dios. ¿Estás viviendo como alguien que ya tiene la victoria? ¿O estás luchando como si todo dependiera de ti? Descansa en Cristo. En él ya venciste.

Padre, gracias por darnos vida en tu Hijo. Gracias porque la victoria sobre el mundo ya fue ganada en la cruz. Danos tu ayuda para caminar en esa victoria cada día, amando, obedeciendo y confiando en ti. Haznos fieles hasta el fin. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

2 Crónicas 6:12-42, 1 Juan 5, Habacuc 1, Lucas 20

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

Escúchanos en

Disponible en todas las plataformas

WhatsApp

Canal diario

YouTube

Video devocional

Spotify

Podcast de audio