Devocional para el 7 de diciembre

«Si se humilla Mi pueblo sobre el cual es invocado Mi nombre, y oran, buscan Mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces Yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra.» (2 Crónicas 7:14, NBLA)

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El camino hacia la sanidad

No se si alguna vez te haya pasado, pero a veces hay momentos que sentimos que todo nos sobrepasa, los problemas económicos, enfermedades, relaciones quebradas o rotas. Esto es algo que puede pasar a nivel personal, a nivel de una iglesia o incluso una sociedad; pero lo difícil es que uno a veces son sabe por dónde comenzar a arreglar las cosas. Este versículo, pronunciado por Dios mismo después de la dedicación del templo de Salomón, es precioso porque son palabras tan claras y tan cálidas, por lo que yo espero que si alguien me escucha pasando por una situación así, este texto le sea de utilidad.

Entendiendo el pasaje

Salomón acababa de terminar la construcción del templo, el lugar donde Dios había prometido habitar entre su pueblo. En la ceremonia de dedicación, Dios se manifestó con gloria visible y luego le habló a Salomón en privado. En ese encuentro nocturno, Dios le da dos cosas: una advertencia y una promesa. Le dice que vendrían tiempos de sequía, plaga y destrucción como consecuencia de la desobediencia del pueblo, pero al mismo tiempo le muestra la ruta para la restauración.

Lo fascinante de este versículo es que Dios no está hablando a los paganos de alrededor sino a “mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre”. Esto hace que el mensaje sea aún más penetrante. Dios está hablándole a aquellos que ya lo conocen, que llevan su nombre, que se reúnen en su templo. La advertencia es para nosotros. El camino tiene cuatro pasos claros y Dios promete tres respuestas concretas. Humillarse, orar, buscar su rostro y volverse de los malos caminos. Cuando el pueblo de Dios hace esto, él oye, perdona y sana.

Tres verdades bíblicas

1. La humillación es el primer paso hacia la restauración – Noten que Dios no dice “si mi pueblo reconoce que cometió un error” o “si mi pueblo se siente mal por lo que hizo”. Dice “si se humilla”. La humillación genuina va mucho más profundo que el simple reconocimiento intelectual del pecado. Es postrarse delante de Dios reconociendo que no tienes control, que fallaste miserablemente y que tu única esperanza está en su misericordia. Es dejar el orgullo que te hace creer que puedes arreglar las cosas por ti mismo. ¿Cuándo fue la última vez que te humillaste verdaderamente delante de Dios?

2. Buscar su rostro es más importante que buscar sus manos – Hay una diferencia enorme entre orar pidiendo que Dios resuelva tus problemas y orar buscando estar cerca de él. Muchos oramos porque queremos que Dios nos dé algo o que cambie alguna circunstancia. Eso es buscar sus manos. Pero Dios dice “busquen mi rostro”. Eso habla de intimidad, de comunión, de desear estar en su presencia por encima de cualquier otra cosa. Cuando tu prioridad es conocerlo a él y no solo obtener algo de él, tu perspectiva cambia. De repente tus problemas se ven diferentes cuando estás mirando el rostro de Dios.

3. El arrepentimiento genuino produce sanidad real – Dios promete tres cosas cuando su pueblo cumple estas condiciones. Oiré, perdonaré y sanaré. Mira la progresión. Cuando nos humillamos y buscamos su rostro con verdadero arrepentimiento, Dios escucha nuestra oración. Pero no se queda solo en escuchar, perdona nuestro pecado. Y todavía hay más, sana nuestra tierra. Esto apunta en última instancia a la obra de Cristo en la cruz. Él vino a humillarse tomando forma de siervo, buscó el rostro del Padre en oración constante y se volvió completamente de todo pecado. En él encontramos el perdón que necesitamos y la sanidad que anhelamos.

Reflexión y oración

¿Hay áreas en tu vida que necesitan sanidad hoy? Quizás no sea tu tierra literal, pero tal vez tu matrimonio, tu familia, tu corazón herido o tu fe debilitada. El camino hacia la restauración no es complicado, aunque sí es costoso. Requiere que te humilles, que ores con sinceridad, que busques a Dios por encima de tus circunstancias y que te alejes de aquello que te ha separado de él. La promesa de Dios sigue en pie. Él oirá, perdonará y sanará.

Padre santo, nos humillamos delante de ti reconociendo que sin tu misericordia estamos perdidos. Gracias porque cuando clamamos a ti, nos escuchas. Gracias porque en Cristo encontramos perdón completo para nuestros pecados. Ayúdanos a buscar tu rostro por encima de cualquier otra cosa. Sana nuestros corazones, sana nuestras familias, sana nuestras iglesias. Que tu nombre sea glorificado en medio de nuestra debilidad. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

2 Crónicas 7, 2 Juan 1, Habacuc 2, Lucas 21

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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