El sabio escucha

«Escuchó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo.» (Éxodo 18:24, NBLA)

Compartir:

Nadie es tan sabio como para no necesitar de otros. Esa es la idea detrás de este proverbio, y es también la lección que Dios le tenía preparada a Moisés en este capítulo. Pero para apreciarla bien, hay que ver desde dónde llegaban.

Entendiendo el pasaje

El capítulo anterior cerró con una batalla. Los amalecitas atacaron a Israel en Refidim y mientras Josué peleaba en el valle, Moisés sostenía sus manos en alto desde la colina. Cuando las manos de Moisés se cansaban, Amalec prevalecía. Cuando las sostenían Aarón y Hur, Israel avanzaba. Era una guerra en dos frentes: físico y espiritual, visible e invisible. Israel venció, pero el episodio dejó una imagen que no se borra fácilmente: incluso el hombre que hablaba cara a cara con Dios necesitaba que alguien le sostuviera las manos.

Ahora la tormenta ha pasado. El campamento descansa a la vista del monte Sinaí, el Monte de Dios. Y en ese momento de calma relativa llega Jetro, suegro de Moisés, trayendo consigo a Séfora y a los dos hijos que Moisés había enviado de vuelta a casa antes de entrar a Egipto. Es una escena de reencuentro familiar, de conversación tranquila, de ponerse al día. Y en medio de esa normalidad, Dios tiene algo importante que hacer.

Tres verdades bíblicas

1. Dios usa personas inesperadas para traer su sabiduría

Jetro era madianita, no israelita. Y sin embargo, cuando Moisés le contó todo lo que el Señor había hecho — las plagas, el cruce del mar, la provisión en el desierto, la victoria sobre Amalec — Jetro alabó a Dios, lo reconoció como grande entre todos los dioses, y ofreció holocausto en su honor. Los ancianos de Israel y Aarón comieron con él ante el Señor. Era una mesa de naciones distintas alabando al mismo Dios.

Hay algo premonitorio en esa escena. El plan del Señor siempre fue hacer sus obras tan grandes que quienes oyeran de ellas lo reconocieran y lo adoraran. Mientras los amalecitas, también gentiles, se armaron contra Israel, este hombre de Madián escogió el camino opuesto: someterse al Dios de Israel. Esa es la historia de la humanidad en dos opciones: resistir a Dios y enfrentar las consecuencias, o reconocerlo y adorarlo. Moisés contó lo que Dios había hecho y Jetro creyó. Así de simple, y así de poderoso.

2. Ningún trabajo espiritual justifica el exceso

Al día siguiente, Jetro observó a Moisés atendiendo al pueblo desde la mañana hasta la tarde. Colas interminables. Cada caso, cada disputa, cada consulta pasando por un solo hombre. Y Jetro le hizo dos preguntas que parecen simples pero que tienen filo: ¿Qué es lo que haces? ¿Por qué lo haces solo?

La respuesta de Moisés fue honesta: el pueblo me busca para conocer las ordenanzas de Dios. Todo tenía buena justificación espiritual. Pero Jetro vio el peligro que Moisés no podía ver desde adentro: «Desfallecerás del todo, tú y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti, no podrás hacerlo tú solo» (v. 18).

Podemos hacer cosas completamente espirituales y, aun así, pecar contra Dios al ignorar nuestros límites. Estar más ocupados no nos hace más espirituales. Dios conoce lo que somos — polvo, dice el Salmo 103 — y no nos pide más de lo que podemos dar. El consejo de Jetro fue claro: delega. Escoge hombres virtuosos, temerosos de Dios, confiables, que no se dejen sobornar. Ponlos sobre grupos de mil, de cien, de cincuenta, de diez. Los casos difíciles llegan a ti; el resto, que lo resuelvan ellos.

Y Moisés escuchó. Eso es lo que dice el versículo 24 con una economía de palabras que lo dice todo: «Moisés escuchó a su suegro, e hizo todo lo que había dicho.» El orgullo no escucha porque el orgullo ya sabe. La humildad, en cambio, es tierra fértil para el consejo oportuno. Que un hombre que hablaba con Dios cara a cara recibiera corrección de su suegro madianita dice mucho sobre el carácter de Moisés, y dice mucho también sobre cómo Dios opera.

3. Cristo no se cansa — y en su cuerpo nos da unos a otros

Moisés era mediador entre Dios y el pueblo, pero era un mediador con límites. Se cansaba. Sus manos cedían. En el nuevo pacto, Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres, y a diferencia de Moisés, sus brazos no se cansan ni su intercesión falla jamás.

Pero Cristo también estableció una estructura para su pueblo. Pablo lo describe en Efesios 4: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, dados por Cristo a su iglesia para equipar a los santos para la obra del ministerio. No un solo hombre cargando con todo, sino un cuerpo donde cada miembro cumple su función. «De quien todo el cuerpo, estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen, conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor» (Ef 4:16).

La imagen de Aarón y Hur sosteniendo las manos de Moisés es la imagen de lo que somos llamados a ser unos para otros. Nadie corre esta carrera solo. Si llevas tiempo asistiendo y escuchando pero sin hacer relaciones profundas dentro de la familia de fe, vale la pena preguntarte por qué. Dios no nos diseñó para eso.

Reflexión y oración

Este capítulo podría parecer menor comparado con las plagas, el cruce del mar o la roca golpeada en Horeb. Pero Dios está aquí también, en la conversación tranquila entre un suegro y su yerno, en el consejo que llega desde afuera, en los ajustes necesarios antes de una nueva etapa. La sabiduría de Dios no siempre llega en truenos. A veces llega con Jetro, sentado a tu lado, haciéndote dos preguntas.

Señor, haznos sabios para escuchar. Danos humildad para recibir corrección de donde venga y ojos para ver tu mano en las personas que pones en nuestro camino. Gracias porque no nos has dejado solos en esta carrera. Amén.

Lecturas del plan

Éxodo 18, Lucas 21, Job 36, 2 Corintios 6

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

Escúchanos en

Disponible en todas las plataformas

WhatsApp

Canal diario

YouTube

Video devocional

Spotify

Podcast de audio