No Descuides Tu Salvación
Ayer vimos que Dios ha hablado en su Hijo de manera definitiva. Jesús es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen exacta de su naturaleza. Esta verdad es el fundamento sobre el cual se construye todo el argumento de Hebreos. Hoy el predicador da el siguiente paso: si Jesús es superior a los ángeles que entregaron la ley en el Sinaí, entonces su mensaje merece aún mayor atención. Y aquí viene la primera advertencia de la serie: no descuides esta salvación.
Entendiendo el pasaje
En la tradición judía se enseñaba que la ley fue entregada a Moisés en el monte Sinaí a través de ángeles. Eran mensajeros celestiales trayendo la palabra de Dios. Esa ley era seria, inmutable. Quien la transgredía recibía castigo. Nadie podía tomarla a la ligera. Los primeros lectores de Hebreos conocían bien esta historia y respetaban profundamente esa revelación antigua. Pero el predicador les está diciendo algo radical: si la palabra traída por ángeles era tan seria, cuánto más lo es la palabra traída por el Hijo mismo de Dios.
Recuerda el contexto de esta comunidad. Están bajo presión, enfrentando persecución por su fe en Cristo. Algunos están considerando volver al judaísmo tradicional donde no hay persecución, donde hay respetabilidad social, donde pueden mantener su herencia sin el costo de seguir a Jesús. El predicador les advierte: eso es descuidar la salvación más grande jamás ofrecida. Durante los próximos días veremos por qué es más grande. Veremos que Jesús es superior a Moisés, que es el verdadero sumo sacerdote, que su sacrificio es perfecto. Pero aquí está la primera razón: Jesús es superior a los ángeles porque él es el Hijo de Dios encarnado.
Este Hijo supremo que es superior a los ángeles se hizo «un poco inferior a los ángeles» por causa nuestra. Se hizo hombre. Observa lo que dice el versículo 9: «Pero vemos a Aquel que fue hecho un poco inferior a los ángeles, es decir, a Jesús, coronado de gloria y honor a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios probara la muerte por todos». Jesús bajó de su posición suprema, se hizo vulnerable, probó la muerte que nosotros merecíamos. Lo hizo para destruir el poder de la muerte y liberar a todos los que vivían esclavizados por el temor a morir. Mañana exploraremos más esta paradoja de la encarnación, pero hoy el punto es claro: esta salvación es tan grande que el mismo Hijo de Dios tuvo que venir a comprarla con su sangre.
Tres verdades bíblicas
- Tu salvación costó la humillación del Hijo de Dios. Piensa en esto. El que sostiene el universo con su palabra se hizo bebé. El que los ángeles adoran se humilló hasta la muerte de cruz. Hebreos dice que «convenía» que Dios hiciera perfecto al autor de nuestra salvación «por medio de los padecimientos». Esto significa que tu salvación no fue barata. No fue un pensamiento posterior. No fue Dios chasqueando los dedos y perdonando casualmente. Costó todo. Costó la encarnación, la vida, la muerte del Hijo. Cuando estés tentado a pensar que tu pecado es pequeño o que la gracia de Dios es algo común, recuerda cuánto costó tu salvación.
- Jesús entiende tus tentaciones porque las vivió. Esto es tremendo consuelo. El versículo 18 dice: «Pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados». Jesús no es un Dios distante que no entiende tus luchas. Se hizo como tú en todo, excepto en el pecado. Experimentó hambre, cansancio, rechazo, dolor, tentación. Cuando oras en medio de tu lucha, estás hablando con alguien que sabe exactamente lo que sientes. Y aquí está lo asombroso: él fue tentado pero no pecó. Eso significa que puede ayudarte a vencer donde tú has fallado.
- Descuidar esta salvación no tiene excusa. Si la desobediencia a la ley traída por ángeles recibía castigo justo, ¿cómo escaparemos si ignoramos la salvación traída por el Hijo de Dios mismo? El predicador pregunta: «¿cómo escaparemos?» La respuesta implícita es que no hay escape. Si rechazas la medicina que puede curarte, morirás de la enfermedad. Si ignoras la salvación perfecta ofrecida por el Hijo perfecto, permaneces en tu pecado. La advertencia no es para asustarte sino para que valores lo que tienes en Cristo y no lo sueltes cuando nunca, ni siquiera cuando venga la opresión, por muy dura que sea.
Mañana veremos más sobre por qué Jesús tuvo que hacerse verdaderamente hombre para ser nuestro salvador. Después exploraremos cómo es superior a Moisés y nos conduce al verdadero reposo. Pero hoy quédate con esta verdad: tienes una salvación tan grande que costó la vida del Hijo de Dios. No la descuides.
Padre, gracias por enviar a tu Hijo a probr la muerte por nosotros. Gracias porque él entiende nuestras debilidades y puede socorrernos en la tentación. Ayúdanos a nunca descuidar esta salvación tan costosa, tan grande, tan perfecta. Que el peso de tu gracia nos mantenga firmes. En el nombre de Jesús, amén.
