Devocional para el 9 de diciembre

«Y Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.» (Lucas 23:34, NBLA)

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El perdón desde la cruz

¿Has tenido que perdonar a alguien que te hirió profundamente? Si eres un creyente, yo espero que sí. Y si eres honesto, recordarás que no fue fácil. Perdonar a quien te traicionó, te mintió o te lastimó requiere una gracia que a veces parece imposible de alcanzar. Pero hay un perdón que supera cualquier cosa que podamos imaginar. Un perdón pronunciado desde el lugar donde se exhibió el mayor acto de injusticia ate los ojos de los hombres pero la mismo tiempo la mayor exhibición de justicia ante los ojos de Dios: la cruz del Calvario.

Entendiendo el pasaje

Estamos en el momento más oscuro de la historia humana. Jesús, el Hijo de Dios, el único que jamás pecó, cuelga de una cruz romana. Alrededor de él hay soldados que acaban de clavarle las manos y los pies, líderes religiosos que se burlan, y multitudes que gritan insultos. Los clavos desgarran su carne, cada respiración es una agonía, la humillación es total.

En medio de ese dolor insoportable y esa injusticia absoluta, Jesús habla. Pero no grita venganza ni maldice a sus verdugos. Sus primeras palabras desde la cruz son una oración de intercesión: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Es importante notar que Jesús está orando al Padre por aquellos mismos que lo están matando. Los soldados, los líderes religiosos, la multitud que gritó «crucifícale», todos están incluidos en este perdón y esta es la razón: «porque no saben lo que hacen». Jesús reconoce que en su ceguera espiritual, están rechazando al Mesías sin comprender la magnitud de su pecado.

Tres verdades bíblicas

1. El perdón genuino es costoso y requiere gracia sobrenatural – Perdonar desde la comodidad es una cosa. Perdonar mientras te están hiriendo es completamente diferente. Jesús no esperó a sentirse mejor, no esperó a que pasara el dolor. Perdonó en el momento mismo de la ofensa. ¿Y tú? ¿Hay alguien a quien necesites perdonar hoy? Tal vez te hirieron profundamente y la herida aún duele. Tal vez sientes que tienen que arrepentirse primero antes de que tú puedas perdonar y puede ser que sí, que haya que esperar algun tipo de reconocimiento por parte del ofensor si es que deseamos recuperar la relación; pero esa es una decisión que ya debe estar tomada en tu corazón independiente de si esa persona se acerca a ti o no. Quieres dejar todo en manos del Señor, descansar, orar por esa persona; todo eso involucra perdonar. No perdonamos porque nos resulte terapéutico, sino porque e sla manera en que imitamos a Cristo.

2. Reconocer la ceguera espiritual de otros nos ayuda a perdonar – «porque no saben lo que hacen». Esto no minimiza el pecado ni lo excusa, pero sí reconoce una realidad espiritual. Las personas que nos lastiman a menudo están ciegas a la maldad real de sus acciones. Están atrapadas en su pecado, en su orgullo, en su propio dolor. Cuando entiendes que quien te hirió está espiritualmente ciego, es más fácil perdonar. Ya no lo ves como un enemigo consciente sino como alguien que necesita la misma gracia que tú necesitas.

3. El perdón de Cristo en la cruz es el fundamento de todo perdón humano – Hay algo más profundo aquí. Jesús no solo está modelando el perdón, está haciéndolo posible. En esa cruz él está cargando con el pecado de todos aquellos soldados, de todos aquellos líderes religiosos, de toda esa multitud que gritaba. Y no solo de ellos. Está cargando con tu pecado y con el mío. Cuando Jesús dice «perdónalos», está hablando de ti y de mí también. Éramos nosotros los que merecíamos estar en esa cruz. Fue nuestro pecado el que lo clavó allí. Y desde ese lugar de dolor infinito, él intercede por nosotros. ¿Cómo podemos nosotros negarnos a perdonar a otros cuando hemos sido perdonados de tanto?

Reflexión y oración

El perdón que Jesús ofrece desde la cruz nos confronta y nos libera al mismo tiempo. Nos confronta porque expone nuestra falta de gracia. Nos libera porque nos muestra que el perdón es posible incluso en las circunstancias más dolorosas. Hoy tienes la oportunidad de soltar esa amargura que has cargado por tanto tiempo. No porque la otra persona lo merezca. No porque el dolor haya desaparecido. Sino porque Cristo te ha perdonado primero y su gracia en ti puede fluir hacia otros.

Padre, gracias porque mientras aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Gracias porque desde la cruz pronunció perdón cuando merecíamos condenación. Ayúdanos a perdonar como hemos sido perdonados. Sana las heridas profundas que otros nos han causado y danos la gracia para soltar la amargura. Que el perdón de Cristo sea nuestro modelo y nuestra fuerza. En su nombre oramos, amén.

Lecturas del plan

2 Crónicas 9, Judas 1, Sofonías 1, Lucas 23

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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