Devocional para el 9 de noviembre

«Esforcémonos, por tanto, por entrar en ese reposo, no sea que alguien caiga siguiendo el mismo ejemplo de desobediencia. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.» (Hebreos 4:11-12, NBLA)

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Esfuérzate por el Reposo

Ayer vimos el peligro de endurecer el corazón como lo hizo Israel en el desierto. El sufrimiento puede cerrarnos a la voz de Dios. Hoy el predicador continúa con esa advertencia pero añade algo crucial: hay un reposo que todavía nos espera, y debemos esforzarnos por entrar en él. Además, tenemos algo que Israel no tuvo; un sumo sacerdote que puede ayudarnos con nuestras debilidades.

Entendiendo el pasaje

El autor sigue desarrollando su comparación entre Moisés y Cristo. Moisés intentó llevar a Israel al reposo de la tierra prometida, pero aquella generación fracasó por incredulidad. Ahora bien, este parece el punto del pasaje: incluso si hubieran entrado a Canaán, ese no era el reposo definitivo. David escribió el Salmo 95 cientos de años después de la conquista, todavía hablando de un reposo futuro. Esto significa que el reposo de Dios siempre apuntaba más allá de un territorio físico. Apuntaba al reposo sabático de Dios mismo, a la nueva creación, a la eternidad con él.

Queda un reposo para el pueblo de Dios. Todavía no has llegado. Estás en camino, como Israel en el desierto. Y aquí está el balance crucial entre gracia y esfuerzo: «Esforcémonos por entrar en ese reposo». Espera, ¿esforzarnos por el reposo? ¿No es la salvación por gracia? Sí lo es. Tu salvación fue comprada por Cristo, su obra está completa. Pero eso no elimina tu responsabilidad de perseverar. Pablo dice en Filipenses: «Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor». La gracia de Dios no te vuelve pasivo, te capacita para seguir adelante cuando quieres rendirte.

Pero hay más. El capítulo no termina con la advertencia. Termina con un consuelo tremendo: «Tenemos un gran Sumo Sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios». Israel caminaba al reposo sin esta ventaja. Ellos tenían que defenderse como podían. Moisés intercedía, pero Moisés era humano, limitado, mortal. Nosotros tenemos algo superior. Tenemos un sumo sacerdote que pasó por todo lo que pasamos, que fue tentado en todo pero sin pecado, que ahora está a la derecha de Dios intercediendo por nosotros. «Acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para el oportuno socorro».

Tres verdades bíblicas

  1. No asumas que ya llegaste al destino. Esta es la advertencia contra la autoconfianza. Israel pensó que ser el pueblo de Dios era suficiente. Tenían el pacto, tenían la circuncisión, tenían la ley. Pero cuando llegó la prueba, su corazón se reveló incrédulo y fueron descalificados. El predicador advierte a sus lectores perseguidos: ustedes también pueden fallar. Haber creído en Cristo, haber sido bautizados, haber formado parte de la iglesia, nada de eso te hace inmune a la apostasía. Tienes una meta hacia la cual caminas. El reposo de Dios te espera al final de la carrera, pero todavía estás corriendo. Mantén tus ojos en Cristo y esfuérzate por perseverar. Esa es la tensión interesante de la vida cristiana; la gracia de Dios te ha salvado y te sostiene, pero debes ocuparte de tu salvación con seriedad.
  2. La Palabra de Dios te examina por dentro. La Palabra de Dios es la herramienta que Dios usa para mantenerte en el camino. La Palabra es viva y eficaz, más cortante que espada de dos filos. Penetra hasta dividir alma y espíritu, discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. ¿Por qué menciona esto el predicador justo después de hablar del reposo? Porque la Palabra de Dios expone si realmente estás caminando hacia ese reposo o si tu corazón se está endureciendo. Te revela tus motivos ocultos, tus dudas secretas, tu incredulidad disfrazada de precaución. Israel falló porque aunque tenían la Palabra, no la mezclaron con fe. Tú tienes esa misma Palabra hoy. ¿La estás escuchando? ¿O la estás evitando porque expone cosas que prefieres no enfrentar?
  3. Tienes un sumo sacerdote que te ayuda en tus debilidades. A diferencia de Israel que caminaba sin esta ventaja, tú tienes un sumo sacerdote que simpatiza con tus debilidades. Él fue tentado en todo como tú, pero venció. Él sabe lo que es tener hambre, estar cansado, ser rechazado, enfrentar la tentación de rendirse. Y ahora está sentado a la derecha del Padre, representándote. Cuando tropiezas, él intercede. Cuando eres tentado, él te comprende. Cuando necesitas fuerzas para continuar, puedes acercarte confiadamente al trono de la gracia. Israel tuvo que enfrentarse al desierto con sus propias fuerzas. Tú no. Tienes un sumo sacerdote involucrado con tus debilidades, poderoso para socorrerte.

En el siguiente devocional comenzaremos a explorar más profundamente quién es este sumo sacerdote y qué significa que sea según el orden de Melquisedec. Pero hoy quédate con estas dos realidades: hay un reposo que te espera y debes esforzarte por llegar a él. Y tienes un sumo sacerdote que puede ayudarte en el camino.

Padre, gracias porque el reposo que nos prometiste es real y está garantizado en Cristo. Ayúdanos a no presumir que ya llegamos, sino a esforzarnos por perseverar hasta el fin. Gracias por tu Palabra que examina nuestro corazón y nos mantiene en el camino. Y sobre todo, gracias por nuestro gran sumo sacerdote que simpatiza con nuestras debilidades y nos da gracia para el oportuno socorro. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

2 Reyes 22, Hebreos 4, Joel 1, Salmos 140-141

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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