Logotipo del devocional diario Un día a la vez, en la voz de Jacobis Aldana

Dios hace la diferencia

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Lectura bíblica:

«Pero en verdad, por esta razón te he permitido permanecer: para mostrarte Mi poder y para proclamar Mi nombre por toda la tierra.» (Éxodo 9:16, NBLA)

Hace un tiempo conocí a alguien que había abandonado la fe. Entre sus razones me dijo que no podía concebir a un Dios que «jugara» a ser poderoso con Faraón en lugar de acabar con él de una vez por todas. Su mente no podía reconciliar al Dios santo con uno que prolonga la confrontación. Es una pregunta legítima: ¿por qué Dios no termina con Faraón en la primera plaga? Este capítulo nos da la respuesta con toda claridad.

Entendiendo el pasaje

Las plagas siguen cayendo y cada una golpea un área diferente de la vida de Egipto. Ya no es solo el agua ni los insectos. Ahora Dios va contra el ganado, contra los cuerpos de los egipcios y contra sus cosechas. La peste mata todo el ganado egipcio. Las úlceras cubren la piel de hombres y animales, al punto que los mismos magos no podían estar de pie ante Moisés por los forúnculos. Y luego el granizo arrasa con todo lo que queda en el campo. Dios está mostrando que su señorío no tiene límites. Los egipcios veían a sus dioses como protectores de territorios específicos, pero el Señor les deja claro que él es Señor de todo: del agua, de la tierra, de los animales, de los cuerpos y del cielo.

Pero mira lo que sucede con Israel. Faraón, muerto por la curiosidad, fue a verificar si el ganado de los israelitas realmente estaba intacto. Y así era. Con el hedor de la muerte de sus propias vacas y ovejas y escuchando el ruido de los animales sanos de los hebreos, con todo y eso, su corazón se endureció. La distinción que Dios había anunciado en el capítulo anterior se hacía cada vez más evidente. El juicio caía sobre Egipto, pero la misericordia cubría a Israel.

Y entonces Dios revela algo que el apóstol Pablo citaría siglos después en Romanos 9: «Por esta razón te he permitido permanecer: para mostrarte mi poder y para proclamar mi nombre por toda la tierra». Faraón seguía en pie porque Dios así lo había determinado. Cada plaga, cada endurecimiento, servía a un propósito mayor.

Tres verdades bíblicas

  1. Dios guarda a su pueblo en medio del juicio — Israel merecía los mismos juicios que Egipto. Recordemos que apenas unos capítulos atrás no querían ni escuchar a Moisés por la dureza de su corazón. Pero Dios decide protegerlos por pura misericordia. No por mérito de ellos. Eso es exactamente lo que sucede con nosotros. Si él nos ha salvado de su ira para hacernos sus herederos, ¿cómo no nos dará con el Hijo todas las cosas? Cuando veas la maldad triunfar, cuando sientas que el juicio de Dios sobre este mundo te alcanza, recuerda que él ha prometido guardar a los suyos. Esa promesa sigue en pie.
  2. La resistencia de Faraón sirve a la gloria de Dios — Dios no prolongó las plagas por capricho. Cada señal tenía un propósito: que su nombre fuera proclamado por toda la tierra. Y así fue. Pablo toma este versículo siglos después para explicar la soberanía de Dios sobre la historia. Cuando vemos políticos corruptos, ideologías que se apoderan de la inocencia de nuestros hijos, la inmoralidad creciendo a pasos agigantados, debemos recordar que Dios lo ve desde otro ángulo, uno en el que él siempre gana. Esta no es toda la historia. Al final, Dios siempre prevalece.
  3. El arrepentimiento que nace del miedo no es arrepentimiento — Otra vez Faraón, atemorizado por los truenos y la devastación del granizo, pareció arrepentirse. Confesó su pecado, reconoció que el Señor es justo. Pero una vez que Moisés oró y la tormenta cesó, el texto dice que volvió a pecar y endureció su corazón. Su arrepentimiento era resultado del miedo, no de una convicción genuina. Un día los juicios del Señor se manifestarán en plenitud, y entonces habrá quienes clamen por misericordia cuando ya sea tarde. Es hoy el día de arrepentirse y correr al Señor, no cuando las consecuencias nos alcancen, sino porque reconocemos que él es Dios y que nuestra vida le pertenece.

Reflexión y oración

Dios se glorifica en su misericordia con los suyos y en su justicia contra la opresión. Las dos cosas van juntas. En la cruz vemos esto con toda claridad: la justicia de Dios satisfecha y la misericordia de Dios derramada en un mismo acto. Que nunca perdamos de vista que si hoy estamos de pie no es por mérito nuestro, sino porque él decidió ponernos aparte por su gracia.

Señor, gracias porque en medio de tu juicio justo hay misericordia para los tuyos. Gracias porque nos has guardado no por lo que somos sino por quién eres tú. Ayúdanos a no confundir el miedo con el arrepentimiento. Que nuestro corazón sea genuino delante de ti, hoy y siempre. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan*

Éxodo 9, Lucas 12, Job 27, 1 Corintios 13

*Este devocional está basado en el plan de lecturas de Robert Murray M'Cheyne

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Sobre el autor de este devocional diario

Este devocional es escrito y narrado por el pastor Jacobis Aldana. Es licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (Mints) y cursa una Maestría en Divinidades en Midwestern Baptist Theological Seminary; ha servido en el ministerio pastoral desde 2011, está casado con Keila Lara y es padre de Santiago y Jacobo.