Dos simientes, dos formas de adoración

«Adán se unió otra vez a su mujer; y ella dio a luz un hijo y le puso por nombre Set, porque, dijo ella: “Dios me ha dado otro hijo en lugar de Abel, pues Caín lo mató”.» (Génesis 4:25, NBLA)

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El día después de una tragedia siempre trae incertidumbre. ¿Qué pasará ahora? ¿Cómo será la vida después de esto? Génesis 4 nos lleva al día después de la caída. Adán y Eva han sido expulsados del jardín, pero la vida continúa. Pasan los años, no sabemos cuántos, y los hombres comienzan a multiplicarse conforme al mandato de Dios. No tenemos los detalles de cómo se dio este proceso de expansión, pero pronto aparecen en escena dos hermanos: Caín y Abel.

¿Recuerdas que ayer hablamos de la promesa de una simiente que aplastaría la cabeza de la serpiente? Si Dios fuera a cumplir esa promesa de manera inmediata, pensaríamos que uno de estos dos hijos sería el redentor prometido. Pero lo que encontramos aquí es algo diferente. Lo que vemos son dos sistemas de adoración enfrentados, dos líneas, dos caminos por los cuales transitará el resto de la humanidad en paralelo.

Entendiendo el pasaje

Caín y Abel traen ofrendas a Dios. Abel ofrece de los primogénitos de su rebaño, un sacrificio de sangre. Caín ofrece del fruto de la tierra. Y Dios mira con agrado la ofrenda de Abel, pero no la de Caín. ¿Por qué? Hebreos 11:4 nos da la clave: «Por la fe Abel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Caín». Abel adoró a Dios a la manera de Dios. Caín adoró a Dios según su propio criterio. La diferencia entre ambos no era solo lo que ofrecían, sino cómo lo ofrecían. Uno se acercó con fe ofreciendo lo que entendía que Dios había establecido como la forma de redimir la culpa, por medio de la sangre de un animal inocente, fue lo que Dios usó para cubrir la vergüenza de la desnudez de Adán y Eva, el otro, por su parte, se acercó con lo que consideraba su propio esfuerzo, y a su manera.

Lo que sigue es un detalle importantísimo. Caín, consumido por los celos, asesina a su hermano en el campo. Hay un verso en el Nuevo Testamento en 1 Juan 3:12 que usa una palabra interesante, sphazō, la cual, según algunos comentaristas apunta a la idea de degollar, de inmolar. Es como si caen estuviera diciendo en su enojo a Dios: ¿Quieres una sacrificio de sangre? Pues aquí lo tienes, y derrama así la sangre de su hermano.

Ahora bien, con la muerte de Abel, pareciera que muere toda esperanza. El que adoraba correctamente a Dios ya no está. ¿Acaso el mundo solo correrá ahora detrás de la línea de Caín?

El texto nos muestra cómo era esa línea. Caín construye una ciudad, y de su descendencia surge Lamec, el primer polígamo de la Biblia, un hombre que canta sobre su propia violencia y venganza. La maldad se multiplica. El pecado se institucionaliza. La simiente de la serpiente parece estar ganando.

Tres verdades bíblicas

1. Existen dos formas de acercarse a Dios, y solo una es aceptada — Desde Génesis 4, la humanidad queda dividida en dos sistemas de adoración. Está la religión de Abel: acercarse a Dios por fe, según lo que él ha establecido, reconociendo que necesitamos un sacrificio. Y está la religión de Caín: acercarse a Dios según nuestro propio criterio, con el fruto de nuestro esfuerzo. Hoy el mundo sigue dividido de la misma manera. Hay quienes vienen a Dios confiando en Cristo y su sacrificio, y hay quienes intentan ganarse el favor de Dios con sus propias obras.

2. A veces pareciera que la simiente del mal gana — Abel muere. El justo es asesinado. Y Caín sigue adelante, construye ciudades, tiene descendencia. Si miraras solo este capítulo, pensarías que el mal triunfó. Hay momentos en la vida donde parece que la maldad prospera y la justicia es aplastada. Génesis 4 nos recuerda que esa no es toda la historia.

3. El Señor siempre trae redención y esperanza — Al final del capítulo, cuando todo parece perdido, leemos estas palabras: «Adán se unió otra vez a su mujer; y ella dio a luz un hijo y le puso por nombre Set». Eva reconoce que Dios le ha dado otro hijo en lugar de Abel. Y entonces, dice el texto, «los hombres comenzaron a invocar el nombre del Señor». La línea piadosa no se extinguió. Dios levantó otra simiente. La promesa sigue en pie.

Reflexión y oración

El mundo hoy sigue dividido en estas dos líneas. Dos religiones. Dos caminos. El de los que adoran a Dios a su manera y el de los que se acercan según lo que él ha establecido. Vamos a seguir el rastro de estas dos simientes a lo largo de Génesis. Veremos cómo se entrelazan, cómo chocan, cómo una parece dominar y la otra parece extinguirse. Pero al final, solo una prevalece. La simiente de la mujer siempre encuentra su camino hasta Cristo.

Señor, gracias porque cuando Abel murió, tú no abandonaste tu plan. Gracias porque siempre levantas esperanza donde parece que todo está perdido. Ayúdanos a acercarnos a ti por fe, no por nuestro propio esfuerzo. Que nuestra adoración sea según lo que tú has establecido, confiando en el sacrificio de Cristo y no en nuestras obras. Amén.

Lecturas del plan

Génesis 4, Mateo 4, Esdras 4, Hechos 4

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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