Logotipo del devocional diario Un día a la vez, en la voz de Jacobis Aldana

El día que Dios rescató a su pueblo

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Lectura bíblica:

«La sangre les servirá de señal en las casas donde ustedes estén; y cuando Yo vea la sangre, pasaré de largo. No habrá plaga entre ustedes para destruirlos cuando Yo hiera la tierra de Egipto.» (Éxodo 12:13, NBLA)

La fe cristiana se expresa en símbolos. El bautismo, por ejemplo, es un símbolo de nuestra muerte con Cristo y la resurrección a una nueva vida. La Cena del Señor nos recuerda que Cristo como Cordero se entregó por nuestros pecados. Pero estos símbolos no son un capricho divino. Dios sabe que nuestra fe está anclada a lo que recordamos y se ha preocupado por dejarnos los medios para recordar su obra en nosotros. Hoy llegamos al evento que originó el más antiguo de esos símbolos: la Pascua. La noche en que la sangre de un cordero marcó la diferencia entre la vida y la muerte.

Entendiendo el pasaje

Dios está haciendo los preparativos para sacar a su pueblo de la esclavitud para que le adore, pero esto no es algo que debe tomarse a la ligera. Antes de ejecutar el último golpe contra Egipto, el Señor le da a Israel instrucciones detalladas. El día diez del mes debían apartar un cordero sin defecto por cada casa. Debía ser macho, sin mancha, de ovejas o de cabras. Debían reservarlo cuatro días y sacrificarlo al anochecer del día catorce. La sangre debía untarse en los postes y el dintel de la puerta. El cordero debía asarse completo y comerse con pan sin levadura y hierbas amargas. Nada podía sobrar para el día siguiente. Y debían comerlo de prisa, con los lomos ceñidos, sandalias en los pies y cayado en la mano, listos para salir. Esa noche, Dios pasaría por toda la tierra de Egipto como Juez y todo primogénito moriría. Pero donde hubiera sangre en la puerta, él pasaría de largo.

La palabra Pascua viene del hebreo pesaj, que significa «pasar de largo». Y eso es exactamente lo que Dios hizo. La horrible noche llegó. Un gran llanto se escuchó en todo Egipto. Dios juzgó a la nación, pero preservó a su pueblo. Faraón, aterrado, pidió que Israel saliera de inmediato. Tres palabras resumen su pedido: levántense, salgan y adoren. El último golpe fue justo al mentón. Faraón y los dioses falsos de Egipto habían sido derrotados. Más de seiscientos mil salieron esa noche. Un pueblo que antes era esclavo ahora caminaba rumbo al desierto para adorar al Dios que los había liberado.

Tres verdades bíblicas

  1. La sangre de un inocente es la señal de que el juicio ha sido satisfecho — Los israelitas no se salvaron por ser buenos. Se salvaron porque un cordero inocente murió en lugar de su primogénito. Y hay algo que debemos entender bien: la sangre en la puerta no era el medio de salvación, era la señal de que un sacrificio ya se había efectuado. Una vida inocente entregada por el culpable. Pedro lo dice con claridad: «No fueron redimidos con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo. Porque él estaba preparado desde antes de la fundación del mundo» (1 Pedro 1:18-20). El cordero de la Pascua fue apartado cuatro días. Cristo fue apartado desde la eternidad. Y Pablo lo confirma: «Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado» (1 Corintios 5:7). No es coincidencia que la noche en que Jesús se sentó con sus discípulos a celebrar la Pascua faltaba algo en la mesa: un cordero. Porque el Cordero iba a ser inmolado después de esa cena, en una cruz. Es la razón por la que en nuestra Pascua, la Cena del Señor, no matamos un cordero. Porque su sangre ya ha sido derramada en el dintel de nuestras almas.
  2. Dios libera a su pueblo para que le adore, no para que viva como quiera — Hemos llegado al clímax de lo que Dios venía haciendo desde el primer capítulo de Éxodo. Él quiere rescatar a un pueblo para que le conozca y llevarlo a un lugar donde le adore. La liberación no es el fin, es el medio. El destino siempre fue la adoración. Lo que viene después, el desierto y el Sinaí, es para que le conozcan. Y después, el tabernáculo, es para que le adoren. Dios no sacó a Israel de Egipto para que viviera como quisiera. Lo sacó para que le sirviera. Y lo mismo aplica para nosotros. Cristo no derramó su sangre para que sigamos viviendo como esclavos del mundo con un seguro contra el juicio. Nos redimió para que le pertenezcamos, para que vivamos para nuestro nuevo Amo.
  3. Lo que Dios ha hecho debe ser contado de generación en generación — Dios mandó que la Pascua se celebrara cada año perpetuamente. Y dio una instrucción que llama la atención: cuando tu hijo pregunte «¿qué significan estas cosas?», el padre debía responder contando cómo fueron esclavos en Egipto y cómo Dios los liberó con mano poderosa. Hasta el día de hoy, en la celebración judía de la Pascua, el hijo menor de la casa hace esa pregunta. El mandato de Dios incluye traspasar a nuestros hijos la verdad del evangelio. A veces creemos que nuestra meta como padres es tener hijos que se portan bien y sacan buenas calificaciones, pero no unos que saben qué significa que Cristo murió por sus pecados. ¿Qué tan importante es para ti hablarle el evangelio a tus hijos?

Reflexión y oración

No pierdas de vista la secuencia: un pueblo esclavo, un cordero inocente sacrificado, la ira de Dios castigando al malo, el pueblo guardado por la sangre, el pueblo liberado para adorar a Dios, y el pueblo recordando este evento de generación en generación. Esta es la vieja historia del evangelio. Nuestra fe no está anclada a nuevas modas teológicas. Nuestros ojos están puestos en el madero donde Cristo murió como Cordero. Los creyentes no tememos al futuro porque estamos seguros del Dios que ha obrado a nuestro favor en el pasado. Gloria a Dios.

Padre, gracias por el Cordero. Gracias porque su sangre ya fue derramada y el ángel de la muerte ha pasado de largo. Gracias porque no nos sacaste de la esclavitud para dejarnos sin rumbo, sino para llevarnos a adorarte. Ayúdanos a contar esta historia a nuestros hijos y nietos, que nunca se pierda la memoria de lo que has hecho. Y si hay alguien que aún no ha entrado en tu pacto, que hoy sea el día en que la sangre del Cordero marque el dintel de su alma. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan*

Éxodo 12:22-51, Lucas 15, Job 30, 1 Corintios 16

*Este devocional está basado en el plan de lecturas de Robert Murray M'Cheyne

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Sobre el autor de este devocional diario

Este devocional es escrito y narrado por el pastor Jacobis Aldana. Es licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (Mints) y cursa una Maestría en Divinidades en Midwestern Baptist Theological Seminary; ha servido en el ministerio pastoral desde 2011, está casado con Keila Lara y es padre de Santiago y Jacobo.