El Dios que da vida y también trae juicio

«¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Volveré a ti al tiempo señalado, por este tiempo el año próximo, y Sara tendrá un hijo.» (Génesis 18:14, NBLA)

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Abraham está sentado a la entrada de su tienda en el calor del día cuando levanta la vista y ve a tres hombres de pie frente a él. Lo que sigue es uno de los encuentros más extraordinarios del Antiguo Testamento. Abraham corre hacia ellos, se postra, les ofrece agua para sus pies, pan para su hambre, y prepara un banquete con lo mejor que tiene. No sabe aún con quién está tratando, pero algo en estos visitantes lo mueve a una hospitalidad fuera de lo común.

Este capítulo tiene dos escenas que a primera vista parecen no estar conectadas. En la primera, los visitantes confirman que Sara tendrá un hijo. En la segunda, anuncian el juicio contra Sodoma y Gomorra. Pero la conexión está precisamente ahí: el mismo Dios que da vida también trae juicio. El mismo Dios que cumple promesas imposibles también ejecuta sentencias inevitables.

Entendiendo el pasaje

¿Quiénes eran estos tres hombres? El texto alterna de manera intrigante entre hablar de «tres hombres» y hablar de «el Señor». Uno de ellos parece ser Dios mismo haciéndose presente de forma visible, lo que los teólogos llaman una teofanía o, más específicamente, una cristofanía, una aparición del Hijo de Dios antes de su encarnación. Los otros dos son ángeles que más adelante irán a Sodoma. Abraham los recibe, les sirve, y habla con ellos cara a cara. Es un momento donde lo divino se hace tangible.

La primera escena trae una promesa que provoca risa. Sara, escuchando desde la tienda, se ríe cuando oye que tendrá un hijo. Tiene casi noventa años. Su cuerpo ya no puede concebir. La promesa suena absurda. Pero el Señor la confronta con una pregunta que resuena a través de toda la Escritura: «¿Hay algo demasiado difícil para el Señor?». La respuesta obvia es no. El Dios que creó el universo de la nada puede dar vida a un vientre muerto.

La segunda escena cambia el tono por completo. Dios le revela a Abraham que el clamor contra Sodoma y Gomorra es grande y su pecado grave. Va a descender a ver si han obrado según el clamor que ha llegado hasta él. Abraham entiende lo que esto significa: juicio inminente. Y comienza a interceder. ¿Destruirás al justo con el impío? ¿Y si hay cincuenta justos? ¿Cuarenta y cinco? ¿Cuarenta? Abraham negocia hasta llegar a diez. Y Dios accede: si hay diez justos, no destruiré la ciudad.

Tres verdades bíblicas

1. Para Dios nada es demasiado difícil — Esta pregunta no es solo sobre Sara y su vientre estéril. Es una declaración sobre el carácter de Dios que aplica a todo. Dar vida donde no la hay, ejecutar juicio donde el pecado abunda, cumplir promesas que parecen imposibles, sostener a los suyos en medio de la prueba. No hay situación que exceda su capacidad. Si hoy enfrentas algo que parece imposible, recuerda quién es tu Dios.

2. Dios es tanto misericordioso como justo, y ambas cosas son buenas noticias — En el mismo capítulo vemos a Dios prometiendo vida a una anciana estéril y anunciando destrucción sobre ciudades perversas. No son contradicciones; son expresiones de su carácter completo. Su misericordia da esperanza a los que no la merecen. Su justicia garantiza que el mal no quedará sin respuesta. Necesitamos ambas cosas. Un Dios solo misericordioso no tomaría el pecado en serio. Un Dios solo justo no dejaría espacio para la gracia.

3. La intercesión del justo tiene peso delante de Dios — Abraham se para entre Dios y Sodoma, rogando por los que merecían juicio. Negocia, suplica, apela a la justicia de Dios. Y Dios escucha. Al final no había ni diez justos en Sodoma, pero el principio permanece: Dios oye a los que claman por otros. Este es un anticipo de lo que Cristo hace por nosotros. Hebreos nos dice que él «vive siempre para interceder» por los suyos. La diferencia es que Cristo no solo intercede desde afuera; él mismo se convirtió en el Justo que satisface la justicia de Dios a favor de los injustos.

Reflexión y oración

Génesis 18 nos presenta el cuadro completo de quién es Dios. No es solo el Dios tierno que promete hijos a ancianas estériles. También es el Dios santo que no tolera el pecado de Sodoma. Y Abraham está en el medio, recibiendo bendición por un lado e intercediendo por pecadores por el otro. Nosotros también vivimos entre estas dos realidades: la misericordia que nos salva y la justicia que nos recuerda cuán serio es el pecado. Gracias a Cristo, podemos descansar sabiendo que ambas se encontraron en la cruz.

Señor, nada es demasiado difícil para ti. Gracias porque eres misericordioso con los que no lo merecemos y justo con el pecado que nos destruye. Gracias por Cristo, que intercede por nosotros y que satisfizo tu justicia en nuestro lugar. Ayúdanos a confiar en tu carácter completo, tanto en tu gracia como en tu santidad. Amén.

Lecturas del plan

Génesis 18, Mateo 17, Nehemías 7, Hechos 17

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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