Logotipo del devocional diario Un día a la vez, en la voz de Jacobis Aldana

El Dios Santo

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Lectura bíblica:

«No te acerques aquí. Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa.» (Éxodo 3:5, NBLA)

¿Cuándo fue la última vez que pensaste en la santidad de Dios? Y no me refiero a repetir que Dios es santo como algo que sabemos de memoria, sino a detenerte a considerar lo que eso significa realmente. Me temo que con mucha frecuencia trivializamos al Señor. Lo vemos como algo familiar, cómodo, manejable. Pero este pasaje nos confronta con una realidad que debería sacudirnos.

Entendiendo el pasaje

Ayer vimos cómo Dios preservó a Moisés de la muerte cuando era apenas un bebé, sacándolo de las aguas del Nilo a través de una cadena de «casualidades» que solo se explican por su mano soberana. Moisés creció en el palacio de Faraón, con toda la educación y los privilegios de un príncipe egipcio. Pero cuando intentó tomar por su cuenta la causa de su pueblo y mató a un egipcio que maltrataba a un hebreo, las cosas salieron mal. Tuvo que huir y terminó en Madián, pastoreando ovejas. Han pasado cuarenta años desde aquello. Ya no es aquel hombre seguro de sí mismo que intentó liberar al pueblo por su propia mano. Ahora es un anciano que busca pastos en el monte Horeb. Y entonces algo extraño llama su atención: una zarza que arde pero no se consume. Moisés se acerca para ver qué sucede, y en ese momento escucha algo que no había escuchado en toda su vida: la voz de Dios llamándolo por nombre. «¡Moisés, Moisés!». Y de inmediato se le advierte «No te acerques. Quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es tierra santa».

Por supuesto, no había nada especial en ese pedazo de desierto. La única razón por la que ese monte era santo era porque Dios estaba ahí. Y mira lo que sucede: un lugar, un hombre pecador, un Dios santo y un fuego que los separa. Si esto te suena familiar, es porque ya lo hemos visto. Al final de Génesis 3, Dios echó al hombre del Edén y puso querubines con una espada encendida para guardar el camino del árbol de la vida. El fuego representaba entonces lo mismo que representa aquí: la santidad de Dios ante la cual ningún pecador puede permanecer en pie. Moisés lo entendió de inmediato. Cubrió su rostro porque sabía que sus ojos no podían mantenerse fijos ante el Señor. Esteban, hablando de esto en Hechos 7, agrega que Moisés estaba temblando y no se atrevía a mirar.

Tres verdades bíblicas

  1. Una visión correcta de Dios produce una visión correcta de nosotros mismos — Mientras no nos comparemos con la santidad de Dios, siempre nos veremos bien. El problema resulta cuando estamos frente a Él. Moisés tembló. Isaías dijo «¡ay de mí!». Juan cayó como muerto. Esa es la reacción de todo aquel que se encuentra con el Dios vivo. Y aquí hay algo práctico que no quiero pasar por alto: si quieres vencer tu lucha contra el pecado, comienza por tomar en serio a Dios. Una iglesia que no toma en serio la santidad de Dios tampoco tomará en serio el pecado de los que la componen. Es como el hijo que vive con sus padres, llega a casa después de tres días borracho y perdido, y pretende abrir la nevera, sentarse en la sala y hacer como que no pasa nada. No, mil veces no. No podemos presentarnos ante el Señor ignorando nuestros pecados.
  2. El Dios que dice «no te acerques» es el mismo que dice «ven» — Hay algo que necesitamos ver de cerca. En el versículo 5, Dios le dice a Moisés «no te acerques». Pero en el versículo 10, cuando revela su plan de liberar al pueblo, le dice «ven, te enviaré». Alguien pudiera pensar que Dios se contradice, pero estas dos cosas no están en contradicción. Dios puede ser perfectamente santo y separado del pecado, y al mismo tiempo perfectamente misericordioso y cercano a los que ama. Y esto solo es posible por medio de Cristo. Él se puso en medio de ese Dios santo y de nosotros, recibió toda la justicia e ira que demandaba su santidad, y al mismo tiempo extendió sus brazos para perdonarnos. Es solo por medio de él que podemos, siendo pecadores, entrar a la presencia del Señor confiadamente.
  3. Dios se glorifica en instrumentos débiles — Moisés ya no era el hombre de hace cuarenta años. Había perdido vigor, fuerza y convicción. Su respuesta al llamado fue: «¿Quién soy yo para ir a Faraón?». Pero es precisamente ahora que Dios lo usa, porque él es experto en glorificarse en medio de la debilidad. Y ojo que la respuesta del Señor no fue «no digas eso, tú sí eres alguien». Dios era consciente de la debilidad de Moisés, pero es que no era Moisés quien iba a hacer el trabajo, era Dios. Por eso le responde: «Ciertamente Yo estaré contigo». La suficiencia no está en el siervo sino en quien lo envía.

Reflexión y oración

Nos acercamos a Dios con temor y profundo sentido de reverencia, pero también con gratitud, porque él ha perdonado nuestros pecados y nos ha hecho aceptos en el Amado. Que el Señor nos dé ese sentido de reverencia que tuvo Moisés, pero también la confianza de saber que por su misericordia no hemos sido consumidos.

Padre santo, gracias porque a pesar de nuestra indignidad, tú nos has acercado por medio de Cristo. Ayúdanos a no trivializar tu santidad ni a dar por sentada tu gracia. Que vivamos con temor reverente y al mismo tiempo con la confianza de que tu Hijo ha abierto el camino para estar en tu presencia. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan*

Éxodo 3, Lucas 6, Job 20, 1 Corintios 7

*Este devocional está basado en el plan de lecturas de Robert Murray M'Cheyne

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Sobre el autor de este devocional diario

Este devocional es escrito y narrado por el pastor Jacobis Aldana. Es licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (Mints) y cursa una Maestría en Divinidades en Midwestern Baptist Theological Seminary; ha servido en el ministerio pastoral desde 2011, está casado con Keila Lara y es padre de Santiago y Jacobo.