El olvido que no fue olvido

«Solo te pido que te acuerdes de mí cuando te vaya bien, y te ruego que tengas bondad conmigo y hagas mención de mí a Faraón para sacarme de esta casa. Pues en verdad fui sacado de la tierra de los Hebreos a la fuerza, y tampoco aquí he hecho nada para que me pusieran en el calabozo. […] El jefe de los coperos, sin embargo, no se acordó de José, sino que lo olvidó.» (Génesis 40:14-15, 23, NBLA)

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Ayer dejamos a José en la cárcel. Acusado injustamente, lejos de su familia, sin perspectiva de salir. Pero el texto nos recordó que el Señor estaba con él. Hoy seguimos en esa misma cárcel, y vamos a ver un capítulo que parece de transición, pero que tiene una tensión muy importante. José va a tener una oportunidad, va a hacer todo lo humanamente posible por aprovecharla, y al final del capítulo esa oportunidad se va a esfumar. O al menos eso parece.

Entendiendo el pasaje

Dos oficiales del faraón llegan a la cárcel donde está José: el copero y el panadero. Ambos tienen sueños la misma noche y amanecen perturbados porque no hay quien los interprete. José los ve decaídos y les pregunta qué les pasa. Cuando le cuentan los sueños, José dice algo importante antes de interpretarlos: «¿No son de Dios las interpretaciones?». Esa frase revela que José entiende que su capacidad no es suya. Es un don que viene de Dios. Y con ese don interpreta ambos sueños: al copero le anuncia que en tres días será restaurado a su puesto; al panadero, que en tres días será ejecutado. Todo se cumple exactamente como José lo dijo.

Ahora bien, hay un momento en el texto que necesitamos ver de cerca. Después de interpretar el sueño del copero, José le hace un pedido: «Acuérdate de mí cuando te vaya bien. Hazle mención de mí a Faraón. Sácame de aquí». Es un ruego comprensible. José llevaba años preso por algo que no hizo. Sabía que era inocente. Y ahora tenía frente a él a alguien que iba a estar cerca del faraón. Era su oportunidad. Cualquiera de nosotros habría hecho lo mismo. Pero el capítulo termina con una frase que duele: «El jefe de los coperos, sin embargo, no se acordó de José, sino que lo olvidó». Y ahí se acaba el capítulo. Sin resolución. Sin justicia. Solo silencio.

Tres verdades bíblicas

  1. Los dones que tenemos vienen de Dios y son para su propósito — Antes de interpretar los sueños, José deja algo claro: las interpretaciones pertenecen a Dios. Él no se atribuye el mérito. Reconoce que esa capacidad es un instrumento en manos del Señor. Y eso es importante, porque a veces pensamos que nuestros dones son nuestros para usarlos como queramos. Pero no es así. Lo que Dios te ha dado, te lo dio con un propósito que va más allá de ti. Tus talentos, tus habilidades, tu inteligencia, son herramientas en sus manos. Úsalas con esa perspectiva.
  2. Es natural buscar salidas, pero el tiempo no lo determinamos nosotros — José hizo lo que cualquiera habría hecho. Le pidió al copero que lo recordara. Usó el medio que tenía disponible. Y no hay nada malo en eso. No es pecado buscar soluciones, tocar puertas, aprovechar oportunidades. El problema viene cuando pensamos que podemos forzar los tiempos de Dios. José hizo su parte, pero el resultado no estaba en sus manos. A veces hacemos todo bien, oramos, actuamos con sabiduría, y las cosas no salen como esperábamos. Eso no significa que Dios no esté obrando. Significa que su calendario no es el nuestro.
  3. Dios controla incluso lo que parece un olvido insignificante — El copero olvidó a José. Así termina el capítulo. Parece una ingratitud humana, un detalle menor en la historia. Pero ese olvido no fue casualidad. Si leemos adelante, vemos que dos años después el copero finalmente se acuerda de José, justo cuando Faraón tiene unos sueños que nadie puede interpretar. El momento era ese, no antes. Lo que parecía un olvido injusto era en realidad parte del plan. Dios permitió que el copero no recordara porque todavía no era el tiempo. Las cosas pequeñas que suceden a tu alrededor, las que parecen injustas o inexplicables, también están bajo su control. Ese correo que no te respondieron, esa puerta que se cerró, esa oportunidad que se esfumó. Quizás no fue olvido. Quizás fue Dios diciendo: todavía no.

Reflexión y oración

José hizo lo que pudo. Interpretó los sueños, pidió ayuda, esperó. Y el capítulo termina en silencio. Sin resolución. Pero nosotros sabemos algo que José no sabía: el final de la historia. Sabemos que ese olvido era parte del plan. Sabemos que Dios estaba trabajando en lo que José no podía ver. Y eso nos recuerda que cuando nuestras oportunidades parecen desvanecerse, cuando las puertas se cierran y nadie se acuerda de nosotros, Dios no se ha olvidado. Él tiene el control, incluso de los olvidos.

Señor, gracias porque nada escapa de tu mano. Ni siquiera las cosas pequeñas, ni siquiera los olvidos que nos duelen. Ayúdanos a confiar en tus tiempos cuando los nuestros no funcionan. Ayúdanos a hacer nuestra parte con diligencia, pero a dejar los resultados en tus manos. Sabemos que estás obrando, aunque no lo veamos. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

Génesis 40, Marcos 10, Job 6, Romanos 10

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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