Logotipo del devocional diario Un día a la vez, en la voz de Jacobis Aldana

Entre la espada y la gloria

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Lectura bíblica:

«Moisés dijo al pueblo: “No teman; estén firmes y vean la salvación que el Señor hará hoy por ustedes; porque los egipcios que hoy han visto, no los volverán a ver jamás. El Señor peleará por ustedes mientras ustedes se quedan callados”.» (Éxodo 14:13-14, NBLA)

Si hiciéramos una encuesta sobre qué imagen representa mejor el libro de Éxodo, la mayoría apuntaría al mar Rojo abriéndose y al pueblo pasando en seco. Es la escena más espectacular de toda la narrativa. Pero lo cierto es que lo central de este capítulo no es el mar abriéndose. Hay algo mucho más grande y glorioso aquí: una exhibición de la gloria de Dios que se hace manifiesta al castigar al malo y salvar a su pueblo en un mismo acto. Y esa gloria cambia todo.

Entendiendo el pasaje

Ayer vimos cómo Dios le dio a su pueblo recordatorios para que nunca olvidaran su liberación. Ahora la historia avanza. Israel ha salido de Egipto y ha acampado junto al mar Rojo. Pero Dios los había llevado ahí con un plan. La instrucción fue moverse hacia un lugar donde quedarían atrapados: el mar adelante, el desierto a los lados y Faraón atrás. Si pudiéramos decirlo en otros términos, Dios estaba usando a Israel como carnada para luego mostrar su gloria. Él mismo despertó al ejército de Faraón para que los persiguiera.

La respuesta del pueblo fue la que esperamos: temor e incredulidad. Reclamaron a Moisés por haberlos llevado a un callejón sin salida. Y antes de juzgarlos rápidamente, pensemos que todavía no habían desarrollado una fe sólida. Acababan de salir de la esclavitud. Pero esa es justamente la evidencia de que a menos que veamos la gloria de Dios, nuestras almas permanecen sumidas en la incredulidad y el temor. Moisés, en cambio, ya era un hombre entrenado en la fe. Y su respuesta es una de las declaraciones más poderosas de toda la Escritura: «El Señor peleará por ustedes mientras ustedes se quedan callados».

Lo que sigue tiene música dramática de fondo. La columna de nube que iba delante ahora se mueve hacia atrás, entre Israel y el ejército egipcio. El Dios que los guiaba ahora es el Dios que los protege. Moisés extiende sus manos sobre el mar y un fuerte viento comienza a retirar las aguas. El pueblo cruza en seco. Faraón y su ejército entran detrás de ellos, endurecidos y obstinados, pero sus carros fallan, sus ruedas se entierran. Moisés extiende las manos de nuevo y las aguas vuelven sobre el ejército. No quedó ni uno. El sol se levanta y los cuerpos de los egipcios se ven en la orilla. «Así salvó el Señor aquel día a Israel de mano de los egipcios» (14:30).

Tres verdades bíblicas

  1. Dios nos lleva a lugares difíciles con el propósito de mostrar su gloria — Que tengamos que enfrentar cosas difíciles no significa que Dios nos haya abandonado. Puede ser incluso parte de su plan. Dios llevó a su pueblo a un callejón sin salida a propósito. La razón por la que Dios hace todo lo que hace no es otra que su propia gloria, y eso no es arrogancia. Si Dios creó el mundo, es apenas de esperarse que él sea quien reciba toda la gloria. La razón por la que esto nos resulta chocante es porque el pecado nos hizo pensar que nosotros merecemos un poco de esa gloria, pero eso es una distorsión. Así que cuando te encuentres entre la espada y la pared, no asumas que algo salió mal. Puede ser que Dios te tenga exactamente donde quiere para mostrarte quién es él.
  2. El Señor pelea por los suyos y destruye a sus enemigos — «El Señor peleará por ustedes y ustedes estarán tranquilos». Todo lo que Dios pide de los suyos es confianza, incluso cuando parece imposible. Moisés parado frente al mar con los brazos abiertos y una vara en la mano era una escena ridícula a los ojos humanos. Pero no era un plan humano, era el plan de Dios. Y Dios mostró su gloria en dos direcciones al mismo tiempo: juicio sobre Egipto y misericordia sobre Israel. Esa es la forma en que Dios siempre ha mostrado su gloria. Él es glorificado cuando el malvado es castigado, es glorificado cuando tiene misericordia del que no la merece, pero es más glorificado cuando muestra las dos cosas al mismo tiempo.
  3. La gloria de Dios en el evangelio nos transforma — Para nosotros no fue un mar que se abrió, sino los brazos del Hijo de Dios, donde nuestro pecado fue ahogado y al mismo tiempo nacimos para una nueva vida. No es en vano que Pablo diga que Israel fue bautizado por Moisés en la nube y en el mar (1 Corintios 10:2). El cruce del mar fue para Israel juicio y misericordia, de la misma manera que la cruz ha sido para nosotros juicio y misericordia. Dios castigó el pecado en la humanidad de su Hijo y al mismo tiempo mostró su misericordia al perdonar al pecador. Y mira lo que produjo ver la gloria de Dios: el Israel temeroso e incrédulo creyó al Señor y a Moisés su siervo. La gloria transforma. Pablo lo dice así: «Todos nosotros, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria» (2 Corintios 3:18). Este no es un texto sobre el mar de nuestros problemas abriéndose para que pasemos en medio. Es un pasaje que nos muestra cómo la gloria de Dios transforma a los incrédulos y temerosos en confiados y adoradores.

Reflexión y oración

Entre más contemplamos a Cristo, entre más profundizamos en el evangelio, más somos transformados por esa gloria. Eso afianza nuestra confianza, abandona la incredulidad, impulsa nuestra santidad y nuestra vida de oración. No necesitamos un milagro espectacular. Necesitamos mirar la gloria de Dios en el evangelio: Cristo murió por nuestros pecados, llevó nuestro castigo y al mismo tiempo mostró su gran misericordia.

Señor, gracias porque tú peleas por nosotros. Gracias porque cuando nos pones entre la espada y el mar, es para mostrarnos tu gloria. Perdónanos por las veces que respondemos con temor e incredulidad en lugar de confianza. Abre nuestros ojos para contemplar tu gloria en el evangelio y ser transformados por ella. Que nunca perdamos el asombro por lo que hiciste en la cruz. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan*

Éxodo 14, Lucas 17, Job 32, 2 Corintios 2

*Este devocional está basado en el plan de lecturas de Robert Murray M'Cheyne

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Sobre el autor de este devocional diario

Este devocional es escrito y narrado por el pastor Jacobis Aldana. Es licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (Mints) y cursa una Maestría en Divinidades en Midwestern Baptist Theological Seminary; ha servido en el ministerio pastoral desde 2011, está casado con Keila Lara y es padre de Santiago y Jacobo.