Fiestas que apuntaban todas a lo mismo

«En el mes séptimo, el primer día del mes, tendrán también santa convocación; no harán trabajo servil. Será para ustedes día de tocar las trompetas» (Números 29:1, NBLA)

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Ayer nos quedamos en el cordero de cada mañana y cada tarde, ese holocausto continuo que era el latido diario del culto de Israel. Hoy subimos. Si el capítulo 28 era el ritmo cotidiano, el capítulo 29 son las cumbres del año, el mes séptimo, el mes más cargado del calendario, con sus tres grandes fiestas una detrás de otra. Y aunque sigue siendo un capítulo de listas de animales y cantidades, esas listas ahora dibujan algo. Cuentan una historia que termina en Cristo.

Entendiendo el pasaje

El capítulo se concentra en el mes séptimo, el más sagrado del año hebreo. Tres celebraciones lo marcan. El primer día, la fiesta de las Trompetas, un toque que convoca y despierta a todo el pueblo. El día diez, el Día de la Expiación, el día más solemne del año, cuando se hacía expiación por los pecados de toda la nación. Y a partir del día quince, la fiesta de los Tabernáculos, siete días en enramadas para recordar que Dios cuidó al pueblo cuando vivía en tiendas en el desierto, una fiesta de gozo y de cosecha con la mayor cantidad de sacrificios de todo el año.

Todas estas ofrendas de las fiestas se presentaban «además del holocausto continuo». El texto lo repite una y otra vez. Las cumbres del calendario nunca cancelaban el cordero diario, se sumaban sobre él. La fiesta más alta del año descansaba sobre el mismo ritmo callado de cada amanecer y cada atardecer que vimos ayer.

Tres verdades bíblicas

1. Sobre el ritmo diario Dios construye las grandes cumbres del año

Esto enlaza directamente con lo de ayer. El holocausto continuo, el cordero de la mañana y de la tarde, no desaparecía cuando llegaba una fiesta grande. Trompetas, Expiación, Tabernáculos, todo se montaba encima del sacrificio diario, jamás en su lugar. Las experiencias cumbre de la fe descansan sobre la fidelidad de lo cotidiano. El día que te toque una montaña alta en tu relación con Dios, lo vas a sostener si tienes debajo el cimiento de buscarlo cada mañana. Sin lo diario, ninguna cumbre se sostiene en pie.

2. El año entero estaba diseñado para llevar al pueblo al perdón

Mira el orden del mes séptimo, porque no es casual. Primero suenan las trompetas que convocan y despiertan. Diez días después llega la Expiación, el día en que el pecado de la nación es cubierto. Y solo entonces, cinco días más tarde, estalla Tabernáculos, la fiesta más gozosa del calendario. El llamado, después el perdón, después la celebración. El gozo que dura llega siempre del lado correcto de la expiación, nace cuando la culpa ya fue cubierta y no antes.

3. Cada fiesta era una flecha y todas apuntaban a Cristo

Aquí llegamos al blanco. Las trompetas convocaban al pueblo; Cristo es el anuncio que convoca al mundo. La Expiación cubría el pecado por un año y había que repetirla; Cristo lo quitó de una vez para siempre, como explica Hebreos. Y Tabernáculos recordaba que Dios acampó con su pueblo en el desierto; cuando vino Jesús, Juan escribió que el Verbo se hizo carne y «habitó entre nosotros», que en el original es literalmente puso su tienda, acampó con nosotros. El calendario entero de Israel era una profecía dibujada con sangre y fiestas, año tras año, esperando. Cuando vino Cristo, todas las flechas llegaron por fin a su blanco.

Reflexión y oración

Israel vivía un año entero de sombras que se repetían sin terminar nunca; nosotros vivimos del cumplimiento que ya no se repite porque no le falta nada. El que aprende a buscar a Dios cada mañana descubre, tarde o temprano, que todas las fiestas del año lo estaban llevando al mismo Cordero.

Padre nuestro, gracias porque cada toque de trompeta, cada día de expiación, cada enramada de aquel pueblo apuntaba a tu Hijo. Gracias porque ya no esperamos la sombra, vivimos en la realidad de Cristo, que se hizo carne y acampó entre nosotros, que cubrió nuestro pecado de una vez y para siempre. Enséñanos a sostener las cumbres sobre la fidelidad de lo diario, y a que todo nuestro gozo nazca del lado correcto de la cruz. Gracias porque las flechas ya llegaron a su blanco, y su nombre es Jesús. En él, amén.

Lecturas del plan

Números 29, Salmos 73, Isaías 21, 2 Pedro 2

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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