¿Alguna vez has visto a alguien que solo busca a Dios cuando las cosas se ponen difíciles, pero una vez que el problema pasa, vuelve a lo de siempre? Es una escena que se repite con frecuencia y que este capítulo retrata de una manera que duele por lo familiar que resulta.
Entendiendo el pasaje
La confrontación entre Dios y Faraón está en marcha. Ya vimos cómo la vara de Aarón se convirtió en serpiente y se tragó las de los magos egipcios. Ahora comienzan las plagas propiamente dichas y hay una dinámica que se repite: Dios da instrucciones, Moisés obedece, el juicio cae sobre Egipto, los magos intentan imitar la señal y Faraón se endurece. Así sucedió con el Nilo convertido en sangre y con la invasión de ranas. Los magos de Egipto lograron replicar ambas señales, lo que le daba a Faraón excusa para no tomar en serio al Dios de Israel.
Pero con la tercera plaga algo cambió. Cuando Dios convirtió el polvo de la tierra en piojos, los magos trataron de imitarlo y no pudieron. Las otras plagas involucraban transformar un líquido o hacer aparecer criaturas, pero esta requería el acto creador: traer vida de algo inerte. Eso estaba fuera de su alcance. Y mira lo que dijeron: «Este es el dedo de Dios». Los propios hechiceros de Faraón reconocieron lo que su rey se negaba a aceptar. Pero el corazón de Faraón siguió endurecido.
Y hay otro detalle crucial en este capítulo. A partir de la cuarta plaga, Dios introduce algo nuevo: la distinción. «Yo pondré aparte la tierra de Gosén en la que mora mi pueblo, para que no haya allí enjambres de insectos, a fin de que sepas que Yo, el Señor, estoy en medio de la tierra» (8:22). El juicio caía sobre todo Egipto, pero la tierra donde vivía Israel quedaba intacta. Dios estaba dejando claro cuál era el verdadero propósito de las plagas: juzgar a Egipto y tener misericordia de su pueblo.
Tres verdades bíblicas
- Solo Dios puede crear — Los magos de Egipto pudieron imitar algunas señales, pero cuando se trató de crear vida, reconocieron su límite. Hay muchas cosas en este mundo que imitan lo que Dios hace. Filosofías que prometen paz, sistemas que prometen justicia, espiritualidades que prometen sentido. Pero tarde o temprano llegan al borde de lo que pueden producir. Solo Dios crea de la nada. Solo él da vida verdadera. Y es llamativo que incluso quienes estaban del lado equivocado lo reconocieron. El dedo de Dios es inconfundible cuando lo ves de cerca.
- Dios hace distinción entre los suyos y el mundo — A partir de este capítulo, las plagas ya no caen sobre todos por igual. Dios separa a su pueblo. Israel merecía los mismos juicios que Egipto por la dureza de su corazón, recordemos que hace poco ni siquiera querían escuchar a Moisés. Pero el Señor decide guardarlos por pura misericordia. Eso no deja de ser asombroso. Y es exactamente lo que sucede con nosotros en Cristo. No estamos libres del juicio porque seamos mejores, sino porque Dios ha decidido ponernos aparte por su gracia.
- El arrepentimiento falso se revela por su temporalidad — Cuando Egipto se llenó de ranas, Faraón pareció arrepentirse. Le pidió a Moisés que orara por él para que la plaga fuera quitada. Moisés oró, Dios quitó las ranas, y el texto dice que cuando Faraón vio que había alivio, endureció su corazón. Ahí está la clave. Su arrepentimiento duró lo que duró la incomodidad. Muchas personas se acercan al Señor en medio de la dificultad, pero solo porque quieren escapar de las consecuencias, no porque estén genuinamente arrepentidos. El verdadero arrepentimiento no desaparece cuando el problema se resuelve. Permanece, porque nace de una convicción sobre quién es Dios y quiénes somos nosotros delante de él.
Reflexión y oración
Dios está mostrando que su poder está por encima de cualquier cosa que este mundo pueda producir. Nada puede imitarlo. Y al mismo tiempo está mostrando que él guarda a los suyos en medio del juicio. Esa distinción que hizo entre Egipto y Gosén sigue vigente hoy para su pueblo. Pero también nos confronta con una pregunta: cuando vamos al Señor en medio de la dificultad, ¿vamos porque queremos escapar de las consecuencias o porque reconocemos que él es Dios y nosotros no?
Señor, gracias porque tu poder está por encima de todo lo que este mundo puede ofrecer. Gracias porque nos has puesto aparte por tu gracia, no porque lo merezcamos. Examina nuestro corazón y líbranos del arrepentimiento falso que solo dura mientras hay incomodidad. Que te busquemos no por lo que nos das sino por quién eres. En el nombre de Jesús, amén.

