Si eres fan de Génesis, estoy seguro de que estabas ansioso por llegar a este pedazo de la historia. En Colombia, mi país, hay una costumbre: en Semana Santa los canales de televisión abierta suelen poner películas y series sobre historias de la Biblia todo el día. Yo siempre esperaba esa época, y lo hacía porque la historia de José siempre me ha parecido fascinante. Tiene de todo. Traición, intriga, perdón, audacia, injusticia, reivindicación. Pero con el tiempo, conforme uno va conociendo mejor la Biblia, se da cuenta de que también tiene ecos del evangelio.
Entendiendo el pasaje
La historia de José no es una historia desconectada. Es el inicio de la última temporada de esta emocionante serie que hemos venido recorriendo juntos en Génesis. Permítanme recapitular brevemente. Empezamos con los orígenes de la humanidad, la creación, la caída, el diluvio, Babel. Después Dios llamó a un hombre, Abraham, y le hizo una promesa que pasó a Isaac y luego a Jacob. Vimos a Jacob luchar con Dios, reconciliarse con Esaú y volver a Betel, donde Dios le reafirmó el pacto que viene desde Adán. Ahora bien, para los israelitas que escuchaban este relato por primera vez, recién liberados de Egipto, el nombre de José era casi legendario. Sabían que gracias a él sus antepasados habían llegado a Egipto, pero no conocían los detalles. Génesis 37 les muestra cómo empezó todo, y la verdad es que el inicio no tiene nada de glorioso.
José tiene diecisiete años. Es el hijo favorito de Jacob, y su padre no se molesta en disimularlo. Le regala una túnica especial (probablemente una vestidura larga y ornamentada, señal de distinción) mientras los demás hermanos trabajan en el campo. Y por si eso fuera poco, José tiene dos sueños en los que las gavillas de sus hermanos se inclinan ante la suya, y luego el sol, la luna y once estrellas se inclinan ante él. Estos sueños son un elemento importantísimo en la historia, porque funcionan como el recurso narrativo que enciende la trama. Todavía no sabemos cómo se van a cumplir; la imagen es borrosa, como un mapa sin rutas claras. Pero ahí están, plantados al inicio del relato como una promesa que el lector va a tener en mente durante todo el camino. Y ojo, los hermanos también los van a tener en mente, pero por razones muy distintas. Su reacción lo dice todo: «¡Entonces veremos qué será de sus sueños!».
Tres verdades bíblicas
- El favoritismo siembra división — Hay un detalle que vale la pena ver aquí. El texto dice que Jacob amaba a José más que a todos sus otros hijos, y que sus hermanos lo sabían. La túnica era la evidencia visible de ese favoritismo. Es interesante, porque Jacob mismo sufrió las consecuencias del trato desigual en su propia familia: Rebeca lo prefería a él e Isaac prefería a Esaú. Ese patrón se repite ahora. Si eres padre o madre, esto debe llamarte la atención. Amar a tus hijos de manera diferenciada, mostrar preferencias abiertas, puede provocar heridas que duran décadas. Los hermanos de José lo aborrecían, dice el texto, y ni siquiera podían hablarle en paz. Esa raíz de amargura comenzó con una túnica y con un padre que no midió el efecto de sus decisiones.
- El odio y la envidia llevan más lejos de lo que pensamos — Los hermanos empezaron con celos. Después vinieron los sueños, y los celos se convirtieron en odio. Y cuando José aparece en Dotán buscándolos, el odio ya se ha convertido en un plan para matarlo. Mira la progresión: envidia, resentimiento, complot, y al final lo venden como esclavo a unos mercaderes. Todo porque no pudieron manejar lo que sentían. Eso pasa cuando el pecado se alimenta en silencio. Crece. Si hoy hay algo en tu corazón contra alguien, un resentimiento que llevas arrastrando, una envidia que no confiesas, no subestimes lo que eso puede llegar a producir. Lo que empieza como una espina termina siendo un muro.
- Dios usa los planes malos de los hombres para cumplir su voluntad — Y aquí está la gran ironía del capítulo. Los hermanos dicen: «¡Veremos qué será de sus sueños!». Pues bien, esos sueños se van a cumplir exactamente como Dios los reveló, y se van a cumplir precisamente por lo que los hermanos hicieron. Al venderlo, pusieron en marcha el plan de Dios para llevar a José a Egipto. Ellos pensaban que estaban destruyendo al soñador, pero estaban abriendo el camino para que el sueño se hiciera realidad. Eso es la providencia de Dios. No significa que Dios apruebe el mal, sino que su soberanía es tan grande que ni siquiera los planes más oscuros del ser humano pueden detener lo que él ha determinado. Siglos después, otro sería entregado por los suyos, vendido por treinta monedas, rechazado y llevado a la muerte. Y esa muerte que parecía el fin se convirtió en la salvación del mundo.
Reflexión y oración
Una túnica. Unos sueños. Unos hermanos llenos de odio. Así comienza la historia de José. Todo parece ir mal desde el principio, y sin embargo, cada pieza está siendo colocada por manos que nadie puede ver. No sabemos todavía a dónde nos lleva esta historia. Pero Dios sí lo sabe. Y eso es suficiente.
Señor, gracias por este relato que nos recuerda que tú estás obrando aun cuando todo parece desmoronarse. Ayúdanos a examinar nuestros corazones, a no sembrar favoritismo en nuestras familias, a no dejar que la envidia eche raíces en nuestras vidas. Y danos la confianza de que tus planes son más grandes que cualquier mal que el ser humano pueda tramar. En el nombre de Jesús, amén.
