n eEste capítulo de hoy tiene dos secciones La primera habla del candelabro y de cómo Aarón debe colocar las lámparas. La segunda, mucho más larga, habla de la consagración de los levitas para el servicio en el tabernáculo. Dos asuntos en apariencia distintos, pero vamos a ver que tienen un hilo que las hace particularmente interesante porque ambas secciones nos muestran cómo Dios sostiene la vida de su pueblo.
Entendiendo el pasaje
La primera sección es breve. Cuatro versículos sobre el candelabro de oro. Aarón debe disponer las siete lámparas de tal manera que iluminen hacia adelante, hacia la mesa donde están los doce panes de la presencia. Esos panes representan a las doce tribus de Israel. La luz del candelabro cae sobre el pueblo simbolizado en esos panes. Algunos comentaristas notan algo precioso. La luz sobre los panes es un cuadro de la bendición sacerdotal que vimos en el capítulo 6. Dios hace resplandecer su rostro sobre los suyos.
La segunda sección, mucho más larga, describe el proceso de consagración de los levitas para el servicio. Rociar con agua de purificación, rasurarse todo el cuerpo, lavar la ropa, presentar sacrificios. Después viene una ceremonia pública. Toda la congregación pone las manos sobre los levitas, y Aarón los presenta delante del Señor como ofrenda mecida. Esta imposición de manos es importante. El pueblo entero está identificándose con los levitas. Los levitas van a servir en lugar de los primogénitos de cada familia israelita. Son sustitutos. Y solo después de toda esta purificación pueden entrar a ministrar en la tienda de reunión.
Las dos secciones del capítulo apuntan al mismo lugar. La presencia de Dios en medio de los suyos. Y el cuidado con que Dios sostiene esa presencia. Le da luz al pueblo. Y le da siervos consagrados para mantener vivo el lugar de la adoración.
Tres verdades bíblicas
- La luz que Dios da siempre apunta hacia su pueblo. El candelabro estaba en el lugar santo, encerrado dentro del tabernáculo. Pero su luz tenía un destino claro. Alumbraba la mesa con los panes que representaban a Israel. Dios ilumina a los suyos. Y este símbolo se cumple plenamente en Jesús. Él dijo, yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas. La luz que el candelabro daba simbólicamente, Cristo la da en persona. Hoy, hermano, si caminas con él, caminas iluminado por la luz que más importa.
- El servicio en la casa de Dios exige consagración previa. Los levitas no podían entrar al servicio sin pasar por la purificación. Agua, sacrificios, imposición de manos, ofrenda mecida. Antes de hacer, ser limpio. Y este es un mensaje que golpea hoy, donde el activismo religioso se valora más que la santidad. La iglesia está llena de gente que sirve mucho y vela poco por su corazón. El primer trabajo del siervo de Dios es ser limpio delante de él. Si tu vida está manchada, tu servicio será insuficiente, por más visible que parezca.
- Los siervos de Dios son sustitutos del pueblo entero. Mira lo que pasa en el versículo 10. Toda la congregación pone las manos sobre los levitas. El pueblo los identifica como sus representantes. Los levitas sirven en lugar del pueblo, ocupan el sitio que les correspondía a otros. Y aquí se abre la conexión con Jesús. Si los levitas eran sustitutos imperfectos que servían un día y se cansaban al siguiente, Cristo es el sustituto perfecto. Él se ofreció una sola vez por todos como sacrificio definitivo. Y hoy intercede por los suyos delante del Padre. Quien está en él tiene un representante eterno en la presencia de Dios.
Reflexión y oración
Y este es un llamado para todos: Antes de servir, ser limpio. Antes de iluminar a otros, dejar que la luz de Dios caiga sobre nosotros.
Señor, gracias porque sigues iluminando a tu pueblo, y gracias porque en Jesús tenemos la Luz del mundo. Gracias porque has provisto siervos para tu casa, y gracias porque en Cristo tenemos al sustituto perfecto que vive siempre para interceder por nosotros. Limpia hoy nuestras vidas antes de enviarnos a servir. Que nuestra adoración nazca de un corazón purificado por tu gracia. En el nombre de Cristo, amén.
