No digas que fue sin culpa

«Si alguien peca inadvertidamente en alguno de los mandamientos del Señor en cosas que no se deben hacer, y comete alguna de ellas…» (Levítico 4:2, NBLA)

Compartir:

Hasta ahora los sacrificios de Levítico nos han mostrado cosas hermosas. Entrega total en el holocausto, gratitud en la ofrenda de cereal, comunión en el sacrificio de paz. Pero hoy el tono cambia. Levítico 4 muestra que en ocasiones hay pecados en nuestra vida que ni siquiera sabemos que están ahí. Y Dios se los toma tan en serio como los que sí conocemos.

Entendiendo el pasaje

Lo primero que llama la atención de este pasaje es la frase «si alguien peca inadvertidamente». No está hablando de la persona que decide desobedecer a Dios a sabiendas. Está hablando de alguien que quebranta un mandamiento sin darse cuenta de que lo está haciendo. Tal vez por ignorancia, tal vez por descuido, tal vez porque simplemente no vio lo que estaba haciendo. Y aun así, Dios dice que esa persona necesita un sacrificio.

Eso cambia la manera en que entendemos el pecado. Nosotros tendemos a medir la gravedad de una falta por la intención que hay detrás. Si no lo hice a propósito, no puede ser tan grave. Pero Dios mide el pecado por su estándar de santidad, por la ofensa que produce a Su ley, no por nuestro nivel de conciencia. Algo puede estar mal aunque nosotros no nos hayamos dado cuenta. Y cuando ese pecado se descubre, necesita ser tratado. No basta con decir «yo no sabía». El daño está hecho y la comunión con Dios se ha afectado.

Tres verdades bíblicas

  1. El pecado no se mide por nuestra intención, sino por el carácter de Dios — No se si lo has notado pero estamos rodeados de personas que tienden a excusar lo que no se hace con mala intención. «No era mi propósito», «no fue de corazón», «yo no sabía que eso estaba mal». Y aunque la intención importa, el estándar de Dios va más allá. Su santidad no se ajusta a lo que nosotros sabemos o dejamos de saber. Eso nos debería mover a una actitud de humildad, porque significa que siempre hay áreas de nuestra vida donde estamos fallando sin notarlo. El salmista lo entendió bien cuando oró «¿quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos». Esa oración solo tiene sentido si aceptamos que hay pecados en nosotros que nuestra propia conciencia no alcanza a ver.
  2. A mayor responsabilidad, mayor rendición de cuentas — Notemos que el capítulo no prescribe el mismo sacrificio para todos. Si el que peca es el sacerdote, la ofrenda es un novillo, el sacrificio más costoso. Si es toda la congregación, también un novillo. Si es un líder, un macho cabrío. Si es una persona común, una cabra o una cordera. Dios distingue entre niveles de responsabilidad. El sacerdote que peca inadvertidamente arrastra consecuencias sobre todo el pueblo, por eso su ofrenda es mayor. El líder influye sobre los que dirige, por eso su rendición de cuentas es distinta. Eso nos recuerda que quienes tienen mayor influencia cargan con un peso mayor ante Dios. Padres, pastores, líderes, maestros, todos rendimos cuentas en proporción a lo que se nos ha confiado. ¡Cuidado, al que más se le da, más se le demanda!
  3. Necesitamos un sacrificio por lo que ni siquiera vemos — Si el pueblo de Israel necesitaba ofrecer sacrificios por pecados que ni siquiera sabía que había cometido, eso comunica algo sobre la magnitud de nuestra necesidad. Nosotros no solo necesitamos perdón por las cosas que sabemos que hicimos mal. Necesitamos a alguien que cubra también lo que nuestra conciencia no detecta, los puntos ciegos, las actitudes que damos por normales, las omisiones que ni registramos. Cristo no murió solo por los pecados que confesamos cada noche. Murió por la totalidad de lo que somos. Su sacrificio es suficiente para cubrir incluso aquello que todavía no hemos descubierto sobre nosotros mismos. Eso no es una excusa para pecar con descuido, es un motivo para descansar en que su gracia es más grande que nuestra capacidad de autoexamen.

Reflexión y oración

Levítico 4 nos quita la comodidad de pensar que mientras nuestra intención sea buena, estamos bien con Dios. La verdad es que todos tenemos pecados que no vemos. Actitudes que damos por normales, omisiones que ni registramos, formas de pensar que nunca hemos cuestionado. Y Dios, en su gracia, proveyó un camino para lidiar con eso. En el antiguo pacto fue la ofrenda por el pecado. En el nuevo pacto es Cristo, cuyo sacrificio cubre lo que sabemos y lo que no.

Padre, gracias porque tu gracia alcanza más allá de lo que nuestra conciencia puede ver. Perdónanos por los pecados que conocemos, pero también por los que todavía no hemos descubierto. Danos un corazón humilde que no se excuse, que busque tu luz para ver lo que está oculto. Gracias porque en Cristo tenemos un sacrificio que es suficiente para todo. Amén.

Lecturas del plan

Levítico 4, Salmos 1-2, Proverbios 19, Colosenses 2

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

Escúchanos en

Disponible en todas las plataformas

WhatsApp

Canal diario

YouTube

Video devocional

Spotify

Podcast de audio