Logotipo del devocional diario Un día a la vez, en la voz de Jacobis Aldana

Peregrinos con un propósito

Compartir devocional:

Lectura bíblica:

«Y Jacob respondió a Faraón: “Los años de mi peregrinación son ciento treinta años. Pocos y malos han sido los años de mi vida, y no han alcanzado a los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación”. Y Jacob bendijo a Faraón y salió de la presencia de Faraón.» (Génesis 47:9-10, NBLA)

Llegamos a un capítulo que los israelitas que escuchaban este relato por primera vez necesitaban entender profundamente. Ellos acababan de salir de Egipto. Algunos quizás se preguntaban por qué habían estado allí en primer lugar. Otros tal vez pensaban que habría sido mejor quedarse, incluso como esclavos, que arriesgarse en el desierto. Este capítulo responde esas preguntas. Los judíos no llegaron a Egipto como mendigos ni como invasores. Un judío les salvó de desaparecer como civilización. Un judío adquirió gran parte de los terrenos de Egipto para Faraón. Un judío negoció con dignidad para que su familia habitara en la mejor tierra. Pero también queda claro algo más: Egipto nunca fue el destino final. Era una estación en el camino, un lugar transitorio con un propósito específico.

Entendiendo el pasaje

José presenta a su padre y a sus hermanos ante Faraón. Es un momento extraordinario si lo piensas. El segundo hombre más poderoso de Egipto trayendo a su familia de pastores de ovejas ante el trono. José podía haberse avergonzado de ellos. Podía haber minimizado sus orígenes. Pero hace lo contrario. Los presenta con honra. Incluso les instruye que digan claramente su oficio: «Tus siervos son pastores de ovejas». No hay vergüenza. No hay pretensión. Y Faraón, en respuesta, les da lo mejor de la tierra de Egipto para habitar.

Pero hay un momento en el capítulo que no podemos pasar por alto. Cuando Jacob está delante de Faraón, el hombre más poderoso del mundo conocido, sucede algo inesperado. Faraón le pregunta su edad, y Jacob responde: «Los años de mi peregrinación son ciento treinta años. Pocos y malos han sido los años de mi vida». Jacob no habla de residencia; habla de peregrinación. Y luego, el texto dice que Jacob bendijo a Faraón. Un anciano pastor de ovejas bendiciendo al rey de Egipto. ¿Quién es el mayor aquí? No el que tiene el trono, sino el que tiene la promesa.

Tres verdades bíblicas

  1. La posición no cancela los mandamientos de Dios — José era el segundo hombre más poderoso de Egipto. Tenía riqueza, autoridad, influencia. Podía haber olvidado a su familia, avergonzarse de sus orígenes humildes, distanciarse de un padre pastor de ovejas que no encajaba en la corte egipcia. Pero hace exactamente lo contrario. Presenta a su padre ante Faraón con honor. Se asegura de que su familia tenga lo mejor de la tierra. Se ocupa de proveer para ellos durante los años de hambre. Su posición no lo llevó a olvidar el mandamiento de honrar padre y madre. El éxito puede hacer que olvidemos de dónde venimos y a quiénes debemos honor. José nos muestra que el poder se usa para servir a los nuestros, no para alejarnos de ellos. No importa cuán alto llegues; tus responsabilidades familiares no desaparecen.
  2. Vivimos con dignidad aquí, sabiendo que este no es nuestro destino final — Jacob describe su vida como «peregrinación». Esa palabra lo dice todo. Egipto sería su hogar temporal, pero no su destino. Los israelitas que escuchaban este relato siglos después necesitaban entender esto. Dios no los sacó de Egipto porque los odiara o porque Egipto fuera malo en sí mismo. Los sacó porque el propósito nunca fue que se quedaran ahí. Egipto era transitorio, un lugar donde Dios los multiplicaría y los prepararía para algo más grande. Lo mismo aplica para nosotros. Trabajamos duro, vivimos con dignidad, contribuimos a la sociedad donde Dios nos ha puesto. Pero sin aferrarnos a este mundo como si fuera todo lo que hay. Somos peregrinos de paso hacia algo mejor. Este mundo es nuestra Egipto temporal, no nuestra tierra prometida.
  3. El peregrino tiene una herencia que el mundo no puede dar — Mira este detalle extraordinario. Jacob, un anciano pastor de ovejas, está de pie ante Faraón, el hombre más poderoso del mundo. Y Jacob lo bendice. Hebreos 7:7 dice que el menor es bendecido por el mayor. ¿Quién es el mayor aquí? No el que tiene el trono, sino el que tiene la promesa. Faraón tenía Egipto; Jacob tenía el pacto. Faraón tenía riquezas temporales; Jacob tenía una herencia eterna. Los hijos de Dios, aunque seamos peregrinos en este mundo, somos los verdaderos herederos. No tenemos los reinos de este mundo, pero tenemos algo que ningún faraón puede poseer: la promesa de Dios, la herencia incorruptible que Pedro describe como reservada en los cielos para nosotros. El mundo puede vernos como insignificantes, pero somos coherederos con Cristo.

Reflexión y oración

Jacob de pie ante Faraón. Un peregrino ante un rey. Un pastor ante un trono. Y sin embargo, es el peregrino quien bendice al rey. Es el pastor quien tiene la promesa. Este capítulo nos recuerda quiénes somos. Vivimos en este mundo, trabajamos en él, servimos en él. Pero no pertenecemos a él. Nuestra ciudadanía está en otro lugar. Nuestra herencia no está en Egipto; está en la tierra que Dios ha prometido. Mientras tanto, vivimos con dignidad, honramos a nuestras familias, y caminamos como lo que somos: peregrinos con propósito.

Señor, gracias porque somos tus hijos y herederos de tu promesa. Ayúdanos a vivir en este mundo con dignidad y excelencia, pero sin olvidar que somos peregrinos de paso. Que nuestra posición nunca nos haga olvidar nuestras responsabilidades. Que nuestro éxito nunca nos aleje de los que debemos honrar. Y que siempre recordemos que nuestra herencia no está aquí, sino contigo. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan*

Génesis 47, Lucas 1:1-38, Job 13, 1 Corintios 1

*Este devocional está basado en el plan de lecturas de Robert Murray M'Cheyne

¿Dónde quieres recibir los devocionales?

Sobre el autor de este devocional diario

Este devocional es escrito y narrado por el pastor Jacobis Aldana. Es licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (Mints) y cursa una Maestría en Divinidades en Midwestern Baptist Theological Seminary; ha servido en el ministerio pastoral desde 2011, está casado con Keila Lara y es padre de Santiago y Jacobo.