Logotipo del devocional diario Un día a la vez, en la voz de Jacobis Aldana

Recordar es vivir

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Lectura bíblica:

«Moisés dijo al pueblo: “Recuerden este día, en que salieron de Egipto, de la casa de servidumbre; pues el Señor los sacó de aquí con mano poderosa”.» (Éxodo 13:3, NBLA)

«Recordar es vivir». Usamos esa frase de manera romántica, como si los recuerdos solo sirvieran para darnos una emoción placentera. Pero Dios usa los recordatorios de otra manera. No para provocar nostalgia, sino para impulsarnos a vivir con gratitud, esperanza y adoración. La Biblia entera es un libro de recordatorios. Está escrita para que acudamos a ella, veamos lo que Dios ha hecho y entonces tengamos esperanza. Como dice el salmista: «Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios» (Salmo 103:2).

Entendiendo el pasaje

Ayer vimos la Pascua, la noche en que la sangre de un cordero marcó la diferencia entre la vida y la muerte. Ahora, antes de que la historia avance hacia el mar Rojo, el texto hace una pausa. Éxodo no es simplemente un recuento histórico ininterrumpido. A veces el relato se detiene para explicar prácticas que el pueblo debía entender. Y eso es lo que sucede aquí. Dios le da a Israel dos mandatos que funcionan como recordatorios permanentes de lo que acaba de suceder.

La historia de la liberación tuvo tres momentos: el día en que el Señor pasó por alto sus pecados, representado en la Pascua; el día en que fueron sacados de Egipto, representado en los panes sin levadura; y el día en que sus vidas pasaron a pertenecer a un nuevo Amo, representado en la consagración de los primogénitos. El orden es importante. Primero la Pascua, porque antes de salir de la esclavitud, fueron salvados del juicio. Y luego los panes sin levadura, porque la liberación vino después del perdón. Primero la sangre, después la libertad. Y al final, la consagración: lo que Dios rescató ahora le pertenece.

Tres verdades bíblicas

  1. Dios manda recordar porque sabe que vamos a olvidar — Mira lo que Dios hace aquí. Les manda celebrar la Pascua cada año. Les manda comer pan sin levadura por siete días. Les manda consagrar cada primogénito. Y en cada caso, la instrucción incluye lo mismo: cuando tu hijo pregunte qué significa esto, le contarás que fuimos esclavos y que el Señor nos sacó con mano poderosa. Dios sabía que por muy grande que hubiese sido la liberación y por mucho poder que vieran, iban a necesitar recordarlo siempre, porque en su pecado lo podían olvidar. De hecho, no pasaron años sino semanas cuando lo olvidaron y se rebelaron contra Dios. Nosotros no somos diferentes. La distancia entre la alabanza y la queja puede ser muy corta. Por eso necesitamos los recordatorios que Dios nos ha dado: su Palabra, la Cena del Señor, la comunidad de fe. No los descuides, porque tu memoria espiritual es más frágil de lo que crees.
  2. Lo que Dios rescata le pertenece — El mandato de consagrar a los primogénitos no es un detalle menor. Dios le dice a Israel que todo primogénito le pertenece, porque fue él quien los libró de la muerte en Egipto. Lo que Dios salva, Dios lo reclama. Eso aplica para ellos y aplica para nosotros. Cristo no derramó su sangre para que tengamos un seguro contra el juicio y sigamos viviendo para nosotros mismos. Él nos rescató para que le pertenezcamos. Pablo lo dice con fuerza: «No son suyos, porque han sido comprados por un precio» (1 Corintios 6:19-20). La liberación siempre tiene un propósito: salir para adorar y dedicarse al Señor. Esa es la razón de todo lo que hemos visto en Éxodo hasta ahora.
  3. La fe se transmite contando lo que Dios ha hecho — Hay algo que se repite en este capítulo y que ya vimos en la Pascua: el mandato de explicar a los hijos. «Cuando tu hijo te pregunte, le dirás…». Dios diseñó la fe para ser transmitida de generación en generación, no por herencia automática sino por testimonio deliberado. Tus hijos necesitan escuchar de tu boca lo que Dios ha hecho en tu vida. No basta con llevarlos a la iglesia o enseñarles a portarse bien. Necesitan saber qué significa que Cristo murió por nuestros pecados. Lo que no se cuenta se olvida, y lo que se olvida se pierde. Si permanecemos firmes en el Señor y contamos su historia, muchos que hoy no le conocen pueden un día ser convencidos del gran poder de Dios.

Reflexión y oración

Para un creyente genuino hay un impulso para la vida, la piedad y la esperanza al mirar las grandes obras de Dios. Recordar no es un ejercicio de nostalgia. Es un acto de fe. Cuando miras lo que Dios hizo en Egipto, lo que hizo en la cruz, lo que ha hecho en tu propia vida, eso te sostiene para lo que viene. Los creyentes no tememos al futuro porque estamos seguros del Dios que ha obrado a nuestro favor en el pasado.

Padre, gracias porque no nos has dejado sin recordatorios de tu fidelidad. Perdónanos por las veces que olvidamos lo que has hecho y nos dejamos arrastrar por la queja y la duda. Ayúdanos a contar tu historia a nuestros hijos, a no dar por sentada tu obra en nosotros. Que cada recordatorio nos impulse a vivir con gratitud, esperanza y adoración. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan*

Éxodo 13, Lucas 16, Job 31, 2 Corintios 1

*Este devocional está basado en el plan de lecturas de Robert Murray M'Cheyne

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Sobre el autor de este devocional diario

Este devocional es escrito y narrado por el pastor Jacobis Aldana. Es licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (Mints) y cursa una Maestría en Divinidades en Midwestern Baptist Theological Seminary; ha servido en el ministerio pastoral desde 2011, está casado con Keila Lara y es padre de Santiago y Jacobo.