Reposo por todas partes

«Y he aquí, me propongo edificar una casa al nombre del Señor mi Dios, como el Señor habló a mi padre David» (1 Reyes 5:5, NBLA)

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Hoy cerramos el primer tiempo de este libro, la casa heredada. El trono se disputó entre dos hermanos en el capítulo 1 y se afianzó con sangre en el 2, mientras se cobraban las cuentas que David dejó pendientes. En el 3 el nuevo rey lo recibió de rodillas, pidiendo un corazón que escucha, con un aunque en el marco. Y hoy, en los capítulos 4 y 5, vemos el reino ya ordenado, en paz y con los ojos puestos en la casa de Dios. Mañana empieza el segundo tiempo, y lo que se prepara hoy se construye mañana.

Entendiendo el pasaje

Los dos capítulos funcionan como dos cuadros. El primero muestra un reino que funciona. Hay un gabinete, doce gobernadores que se turnan para abastecer la mesa del rey, una paz que va desde el Éufrates hasta la frontera de Egipto y un rey cuya sabiduría supera a la de los sabios de oriente. El narrador dice incluso que Dios le dio a Salomón «amplitud de corazón como la arena que está a la orilla del mar» (4:29). Pero en medio de la lista deja caer datos que no comenta. Los doce distritos que sostienen la mesa del rey están en el norte. Adoniram está a cargo del trabajo forzado (4:6). Y Salomón tiene miles de establos para sus caballos (4:26), un detalle que la ley del rey en Deuteronomio 17 miraba con recelo y que retomaremos más adelante.

El segundo cuadro muestra un reino que prepara la casa de Dios. Salomón le escribe a Hiram, rey de Tiro y amigo de su padre, y le cuenta que ahora tiene reposo y que va a edificar la casa que Dios le prometió a David. Hiram pone el cedro y el ciprés, Salomón pone el trigo y el aceite, y miles de hombres suben por turnos al Líbano a cortar madera y a las canteras a labrar piedra.

Tres verdades bíblicas

1. La abundancia es el tiempo más peligroso para olvidar a Dios

«Judá e Israel eran tan numerosos como la arena que está en abundancia a la orilla del mar, y comían, bebían y se alegraban» (4:20). Cada uno vivía seguro debajo de su parra y de su higuera (4:25). Es la promesa hecha a Abraham cumplida a la vista de todos, con las fronteras que Dios le había señalado en Génesis 15. Lo que Dios dijo, Dios lo hizo. Pero Moisés ya había advertido dónde iba a estar el peligro de Israel. Llegaría cuando el pueblo comiera y se saciara, edificara buenas casas y viera crecer su plata y su oro, porque entonces se le podría enorgullecer el corazón y olvidaría al Señor (Deuteronomio 8:10-14). La bendición se recibe con gratitud y se vigila con humildad. En la práctica, eso significa dar gracias en voz alta cuando las cosas marchan bien, y cuidar que el trabajo que prospera no vaya sacando la oración y la iglesia de la agenda. La escasez nos lleva a orar casi por instinto. La abundancia exige que lo hagamos a propósito.

2. La gloria de una obra no justifica el peso que se pone sobre otros

El reino brilla, pero la carga no está repartida por igual. Los distritos del norte sostienen la mesa del rey, y Salomón saca de todo Israel una leva de treinta mil hombres que suben al Líbano por turnos, un mes allá y dos meses en casa (5:13-14). Un comentarista nota que esa diferencia entre el norte y el sur preparó la ruptura que llegaría después de Salomón. Se puede levantar algo bueno, incluso algo para Dios, usando mal a las personas. Pasa en el trabajo, con el líder que exprime al equipo para llegar a la meta. Y pasa en la iglesia cuando un proyecto quema siempre a los mismos voluntarios mientras otros solo miran. Guarda el dato de esa leva y el nombre de Adoniram, porque en el capítulo 12 el pueblo va a pasar la cuenta de estas cargas.

3. El reposo que Dios da es para edificar lo que Dios prometió

Salomón le escribe a Hiram con una frase que suena a confesión. «Ahora el Señor mi Dios me ha dado reposo por todas partes» (5:4). David no pudo edificar la casa porque vivió rodeado de guerras. Su hijo recibe la paz y la usa para cumplir lo que Dios le había dicho a su padre, «él edificará una casa a Mi nombre» (2 Samuel 7:13). Las temporadas de calma son el tiempo para invertir en lo que permanece. Cuando Dios te da estabilidad en la salud o en el trabajo, la pregunta es qué vas a edificar con ella. Pablo, en la lectura de hoy, nos recuerda que Dios sigue levantando una casa, y que nosotros somos «edificados juntamente para morada de Dios en el Espíritu» (Efesios 2:22). La iglesia local es el lugar donde ese reposo se invierte. Y conviene guardar una pregunta para cuando lleguemos al capítulo 7, cuánto tiempo dedicará este rey a la casa de Dios y cuánto a la suya. El terreno ya está comprado desde la era de Arauna, y mañana empiezan a poner piedras.

Reflexión y oración

La paz que Dios da se mide por lo que edificamos con ella.

Señor, gracias porque cumples lo que prometes, y porque cada temporada de paz que vivimos es un regalo de Tus manos. Perdónanos cuando la abundancia nos hace olvidarte, y cuando levantamos nuestras obras sobre el cansancio de otros. Danos gratitud en los días buenos y sabiduría para invertir el reposo que nos das en lo que permanece. Gracias porque en Cristo somos parte de la casa que Tú mismo estás levantando. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

1 Reyes 4-5, Efesios 2, Ezequiel 35, Salmos 85

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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