Ayer vimos cómo Faraón intentó de tres maneras distintas acabar con el pueblo de Dios, y las tres fracasaron. Su último decreto fue el más terrible: todo varón hebreo recién nacido debía ser echado al Nilo. Pero es justo en medio de esa oscuridad donde Dios hace algo que solo él puede hacer: levantar esperanza del lugar menos pensado.
Entendiendo el pasaje
Una mujer de la tribu de Leví da a luz un hijo en los peores días posibles. Lo esconde tres meses, pero llega el momento en que ya no puede ocultarlo. Entonces, en un acto de evidente confianza, construye una barquilla de juncos, la calafatea con brea, pone al niño dentro y lo deja en las aguas del Nilo. Y aquí es donde la historia se vuelve asombrosa, porque lo que sigue es una cadena de «casualidades» que solo pueden explicarse por la mano de Dios. «Casualmente» la hermana del niño lo sigue a lo lejos. «Casualmente» la hija de Faraón baja ese día a bañarse al río. «Casualmente» ve la barquilla y manda a traerla. «Casualmente» tiene compasión del niño y decide protegerlo. «Casualmente» la hermana aparece y le propone conseguir a alguien que lo críe. Y «casualmente» la madre del niño termina con él de vuelta en sus brazos, con salario y protección real por amamantarlo. El niño creció, y su nombre fue Moisés, que significa, «casualmente», sacado de las aguas.
Hay un detalle que vale la pena ver. La palabra que Moisés usa aquí para «barquilla» es tebah, y esa palabra solo aparece una vez más en toda la Biblia: para referirse al arca de Noé. Eso no es casualidad. Otra vez Dios salva sobre las aguas. Otra vez una pequeña embarcación preserva la vida en medio del juicio. La paradoja es hermosa: el río que Faraón ordenó como instrumento de muerte terminó siendo el lugar de donde Dios sacó al libertador de su pueblo.
Tres verdades bíblicas
- No hay eventos aleatorios en la vida de los hijos de Dios — Mira todo lo que tuvo que alinearse para que Moisés sobreviviera. Una hermana atenta, una princesa compasiva, el momento justo, el lugar exacto. Cada pieza encajó con precisión. Y ojo que esto es importante: en estos versículos no se menciona el nombre de Dios ni una sola vez, pero no dudamos ni por un momento de que él está detrás de cada detalle. Lo mismo sucede en tu vida. Hay momentos en los que no ves a Dios actuando, no escuchas su voz, no entiendes lo que pasa. Pero él está ahí, moviendo las piezas que tú consideras insignificantes para cumplir un propósito mucho mayor.
- Dios convierte los instrumentos de muerte en instrumentos de salvación — Faraón usó el Nilo como arma contra los hebreos. Pero Dios usó ese mismo río para rescatar al hombre que sacaría a su pueblo de Egipto. Y la barquilla de juncos lleva el mismo nombre que el arca que salvó a la humanidad del diluvio. Este es el estilo de Dios a lo largo de toda la Escritura: tomar lo que el enemigo diseña para destruir y convertirlo en el medio de rescate. La cruz misma es la prueba definitiva. Lo que parecía la derrota más grande de la historia resultó ser el acto de salvación más glorioso.
- Dios levanta libertadores en medio de la oscuridad — Es precisamente de en medio del dolor, de las aguas de la muerte, que Dios levanta a quien conduciría al pueblo a la libertad. Moisés nace cuando la situación es la peor posible. Y años después, otro libertador sería presentado también en las aguas: Jesús, en el Jordán, reconocido como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dios no espera a que las circunstancias mejoren para actuar. Él actúa precisamente cuando todo parece perdido.
Reflexión y oración
Cada cosa que sucede en la vida de los hijos de Dios, él termina usándola para bien y la hace parte de un plan mucho mayor. No perdamos el asombro por esto. El Dios que preservó a un bebé en una barquilla de juncos sobre el Nilo es el mismo que cuida de ti hoy, en los detalles que consideras pequeños y en las circunstancias que no logras entender.
Padre, gracias porque nada escapa de tus manos. Gracias porque cuando nosotros vemos casualidades, tú estás obrando con propósito. Ayúdanos a confiar en ti cuando no te vemos, cuando no entendemos, cuando todo parece ir en nuestra contra. Tú sacas vida de la muerte y esperanza de la oscuridad. En el nombre de Jesús, amén.

