Tal como el Señor lo ordenó

«Y Moisés examinó toda la obra, y vio que la habían llevado a cabo. Tal como el Señor había ordenado, así la habían hecho. Y Moisés los bendijo.» (Éxodo 39:43, NBLA)

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Hay una frase que aparece siete veces en Éxodo 39. Siete veces el texto repite «como el Señor había ordenado a Moisés». En cualquier otro contexto esa repetición podría parecer redundante. Pero aquí tiene un peso enorme. Este es el mismo pueblo que pocas semanas antes había fabricado un becerro de oro mientras Dios les estaba diseñando una casa para vivir con ellos. El pueblo que desobedeció de la manera más escandalosa ahora obedece en cada detalle. Y cada vez que el texto repite esa frase, es como si dijera que esta vez sí lo hicieron bien.

Entendiendo el pasaje

Éxodo 39 describe la confección de las vestiduras sacerdotales. El efod con sus piedras grabadas, el pectoral con las doce piedras de las tribus de Israel, el manto con sus campanillas de oro, la túnica, la tiara con la placa que decía «Santidad al Señor» y los calzoncillos de lino. Todo siguió exactamente las instrucciones que Dios había dado en el capítulo 28. No hubo modificaciones ni improvisaciones.

Pero lo más significativo del capítulo viene al final. Una vez terminada toda la obra, el pueblo trajo todas las piezas pieza a Moisés para su inspección. Las vestiduras, el tabernáculo completo con sus cortinas y tablones, el mobiliario, los utensilios, el aceite, el incienso. Todo fue presentado ante Moisés, y él examinó todo. Y el veredicto fue que todo estaba hecho conforme a lo que Dios había mandado. Entonces Moisés los bendijo. La obra estaba completa. Solo faltaba que Dios viniera a llenarla con su presencia.

Tres verdades bíblicas

  1. La repetición de «como el Señor ordenó» es la respuesta del pueblo al fracaso del becerro — No es casualidad que el texto insista tanto en esta frase. Es un contraste deliberado con lo que ocurrió en el capítulo 32. Allí el pueblo hizo lo que quiso, fabricó su propio dios y diseñó su propia forma de adoración. Aquí hacen exactamente lo que Dios pidió, sin añadir ni quitar. La restauración después de un pecado grave no se demuestra con gestos dramáticos ni con promesas emocionales. Se demuestra con obediencia sostenida en los detalles, toda esta atención a lo más mínimo era una manera de decir: hemos aprendido la lección. Así funciona también en nuestra vida. Después de caer, lo que Dios busca no es un arranque de fervor pasajero sino una obediencia fiel y constante, incluso en las cosas que nadie ve.
  2. Moisés examina y bendice, como Dios examinó su creación y la declaró buena — Hay un paralelismo que vale la pena notar. En Génesis 1 y 2, Dios termina la obra de la creación, la examina y declara que es buena. Aquí en Éxodo 39, Moisés termina de examinar la obra del tabernáculo y bendice al pueblo. El lenguaje es similar de manera intencional. El tabernáculo es como una nueva creación en miniatura, un espacio donde Dios vuelve a habitar con los suyos, un pequeño Edén en el desierto. En Génesis, Dios creó un lugar perfecto para vivir con el hombre. El pecado rompió esa comunión. Ahora, en el desierto, Dios está reconstruyendo ese espacio de encuentro. La historia de la Biblia va en una dirección, y es la de un Dios que no se resigna a estar separado de su pueblo.
  3. La obediencia prepara el lugar, pero solo Dios puede llenarlo con su presencia — Todo estaba listo. Las vestiduras confeccionadas, el mobiliario en su lugar, la estructura armada. Pero faltaba lo más importante. Un tabernáculo vacío, por perfecto que fuera, no tenía sentido sin la presencia de Dios habitándolo. La obediencia del pueblo no obligaba a Dios a venir, pero preparaba el espacio donde él había prometido habitar. Y eso es lo que veremos en el capítulo siguiente, cuando la gloria del Señor descienda y llene el tabernáculo. En nuestra vida pasa algo parecido. Podemos ordenar nuestra vida, obedecer en los detalles, preparar el terreno. Pero es Dios quien decide venir y llenar con su Espíritu lo que nosotros solo podemos preparar. La obediencia no es el fin, es la preparación para algo mucho mayor.

Reflexión y oración

El pueblo terminó la obra y Moisés los bendijo. Pero la bendición más grande todavía estaba por venir. Todo lo construido esperaba ser habitado. Y el Dios que diseñó cada detalle, que perdonó la rebeldía y renovó el pacto, estaba a punto de cumplir su promesa de venir a vivir con ellos.

Padre, gracias porque tú no solo nos das instrucciones sino que vienes a habitar en medio de nosotros. Ayúdanos a obedecerte con fidelidad en los detalles, sabiendo que nuestra obediencia prepara el terreno para que tu presencia se manifieste en nuestras vidas. Amén.

Lecturas del plan

Éxodo 39, Juan 18, Proverbios 15, Filipenses 2

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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