Logotipo del devocional diario Un día a la vez, en la voz de Jacobis Aldana

Un final que es un comienzo

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Lectura bíblica:

«Y José dijo a sus hermanos: “Yo voy a morir, pero Dios ciertamente cuidará de ustedes y los hará subir de esta tierra a la tierra que Él prometió en juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob”.» (Génesis 50:24, NBLA)

Llegamos al último capítulo de Génesis. Ha sido un recorrido extraordinario. Comenzamos con la creación del mundo, la caída del hombre, el diluvio, Babel. Vimos cómo de entre todas las naciones Dios escogió a un hombre, Abraham, y le hizo una promesa. Esa promesa pasó a Isaac, luego a Jacob, y ahora hemos seguido la historia de José desde que fue vendido por sus hermanos hasta convertirse en el gobernador de Egipto. Traición, sufrimiento, providencia, perdón, reconciliación. Y ahora, el telón cae. Jacob ha muerto. José está a punto de morir. Pero antes de cerrar los ojos, pronuncia palabras que miran mucho más allá de su propia vida.

Entendiendo el pasaje

El capítulo comienza con el duelo por Jacob. José llora sobre el rostro de su padre y ordena que lo embalsamen. Egipto hace duelo por setenta días. Luego, cumpliendo la última voluntad de Jacob, José sube a Canaán con una gran comitiva para enterrarlo en la cueva de Macpela, donde estaban Abraham, Sara, Isaac, Rebeca y Lea. Jacob murió en Egipto, pero su cuerpo descansaría en la tierra prometida. Ese detalle no es menor. Incluso en la muerte, Jacob declaraba que su esperanza estaba en otro lugar.

Después del entierro, los hermanos regresan a Egipto, y surge un temor. Ahora que su padre ha muerto, ¿se vengará José de ellos? Mandan un mensaje diciendo que Jacob había pedido que José los perdonara. José llora cuando escucha esto. Y luego pronuncia una de las frases más teológicamente profundas de toda la Escritura: «Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien, para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente». José no minimiza el pecado de sus hermanos. Lo que hicieron fue malo. Pero Dios tomó ese mal y lo usó para bien. Esa es la providencia de Dios en una oración.

José vive ciento diez años. Ve a sus bisnietos. Y cuando siente que su fin se acerca, reúne a sus hermanos y les dice: «Yo voy a morir, pero Dios ciertamente cuidará de ustedes y los hará subir de esta tierra». José sabía que Egipto no era el destino final. Sabía que había una promesa pendiente. Dios se lo había dicho a Abraham siglos antes: tu descendencia será extranjera en tierra ajena, serán afligidos por cuatrocientos años, pero después saldrán con gran riqueza. Esteban cita esta promesa en Hechos 7. La salida de Egipto no sería un acto de sublevación o rebeldía; sería el cumplimiento de algo que Dios había determinado desde mucho antes.

Y José hace un último pedido: «Lleven mis huesos de aquí cuando Dios los visite». El libro de Génesis termina con un ataúd en Egipto. José muere y es embalsamado. Sus restos quedarían allí por siglos, esperando. Un recordatorio silencioso de que la historia no había terminado. De que había una promesa pendiente. De que Dios visitaría a su pueblo.

Tres verdades bíblicas

  1. Los patriarcas mueren, pero la promesa de Dios permanece — Abraham murió sin ver la nación numerosa. Isaac murió sin poseer la tierra. Jacob murió en Egipto, lejos de Canaán. José muere creyendo en algo que no vería con sus ojos. Todos estos hombres pasaron, pero la Palabra de Dios no pasó. Las promesas que él hace no dependen de la vida de los hombres que las reciben. Dios es fiel aunque nosotros flaqueemos. Su palabra permanece aunque nosotros perezcamos. Si hoy sientes que el tiempo se te acaba y no has visto el cumplimiento de lo que Dios prometió, recuerda a los patriarcas. Ellos murieron en fe, sin haber recibido lo prometido, pero viéndolo de lejos.
  2. La salida de Egipto estaba en el plan de Dios desde el principio — José no inventó la esperanza de salir de Egipto. Dios se lo había revelado a Abraham en Génesis 15: cuatrocientos años de aflicción, y después saldrían. El Éxodo no fue un plan B. No fue Dios improvisando ante una crisis. Fue el cumplimiento de algo determinado desde antes que Israel pisara tierra egipcia. Esto nos recuerda que Dios no reacciona; Dios ejecuta. Lo que parece una crisis para nosotros ya estaba contemplado en su plan. Lo que parece un callejón sin salida ya tiene una puerta que él abrirá en el momento exacto.
  3. La fe mira más allá de lo que los ojos pueden ver — José muere en Egipto, pero pide que lleven sus huesos cuando salgan. Hebreos 11:22 menciona esto como un acto de fe: «Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel y dio instrucciones acerca de sus huesos». José no vería el cumplimiento. No estaría vivo cuando Moisés guiara al pueblo fuera de Egipto. Pero creía que sucedería. Eso es fe: la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Y efectivamente, cuando Israel salió de Egipto, llevaron los huesos de José con ellos. La fe de un hombre fue vindicada siglos después.

Reflexión y oración

Génesis termina, pero la historia no. Un ataúd espera en Egipto. Una promesa espera su cumplimiento. Setenta personas que bajaron se convertirán en millones. Y un día, Dios se levantará y dirá: «Es hora». El libro se cierra con muerte, pero también con esperanza. José muere, pero sus últimas palabras son de fe: «Dios ciertamente los visitará». Y así será.

Si vas a continuar con nosotros en Éxodo, prepárate. La historia está a punto de acelerarse. Dios está por actuar.

Señor, gracias por el libro de Génesis. Gracias por Abraham, Isaac, Jacob y José. Gracias porque aunque los hombres mueren, tu promesa permanece. Gracias porque lo que tú determinas, se cumple. Danos la fe de José, que creyó sin ver. Danos la esperanza de saber que tú siempre visitas a tu pueblo. Y mientras esperamos el cumplimiento de tus promesas en nuestras vidas, ayúdanos a vivir con fe, mirando más allá de lo que nuestros ojos pueden ver. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan*

Génesis 50, Lucas 3, Job 16-17, 1 Corintios 4

*Este devocional está basado en el plan de lecturas de Robert Murray M'Cheyne

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Sobre el autor de este devocional diario

Este devocional es escrito y narrado por el pastor Jacobis Aldana. Es licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (Mints) y cursa una Maestría en Divinidades en Midwestern Baptist Theological Seminary; ha servido en el ministerio pastoral desde 2011, está casado con Keila Lara y es padre de Santiago y Jacobo.