Un nuevo comienzo, un viejo problema

«Y Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra”.» (Génesis 9:1, NBLA)

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Estas palabras nos resultan familiares. «Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra». Es el mismo mandato que Dios dio a Adán y Eva en el jardín. El mandato cultural del que hablamos al inicio de esta serie. Es como si Dios estuviera reiniciando la historia, pero esta vez no con una pareja sino con una familia entera.

El plan sigue intacto: llenar la tierra y administrarla para la gloria de Dios. Él no está improvisando. Su propósito inicial siempre ha sido que la tierra se llene de su gloria, de seres humanos que vivan de tal manera que reflejen quién es él. Es importante que no veamos aquí a Dios intentando levantarse de un fracaso. Más bien, él está llevando su plan de manera progresiva hasta mostrar que, en definitiva, para tener un pueblo que le adore, necesitará personas con corazones nuevos, en quienes haya sido derrotada la culpa del pecado.

Entendiendo el pasaje

Génesis 9 está construido como un eco deliberado de los primeros capítulos de la Biblia. Tenemos un nuevo Génesis 1: la bendición, el mandato de ser fecundos y multiplicarse, el dominio sobre los animales. Tenemos un nuevo Génesis 2: Noé plantando un huerto, en este caso un viñedo. Y lamentablemente, tenemos un nuevo Génesis 3: el pecado entrando en escena y trayendo vergüenza y maldición.

Pero hay una diferencia crucial. En el jardín del Edén, la tentación vino de afuera, de la serpiente que sedujo a Eva. Aquí no hay serpiente. Noé planta la viña, bebe del vino, se embriaga y queda desnudo en su tienda. El pecado brota desde adentro. La simiente ha sido contaminada internamente. El diluvio ahogó la tierra y todas sus criaturas, pero no ahogó el pecado en el corazón humano.

Lo que sigue es perturbador. Cam, uno de los hijos de Noé, «vio la desnudez de su padre» y fue a contárselo a sus hermanos. Aunque la expresión nos parece extraña, en el contexto bíblico «ver la desnudez» implica una inmoralidad sexual deshonrosa y escandalosa. No fue simplemente que Cam vio a su padre sin ropa por accidente. Hubo algo profundamente perverso en su acción, algo que deshonró gravemente a Noé. Sus hermanos, Sem y Jafet, actuaron de manera opuesta: entraron caminando hacia atrás con una manta y cubrieron a su padre sin mirarlo.

Cuando Noé despierta y se entera de lo que Cam le hizo, pronuncia una maldición. Pero nota algo: la maldición no cae sobre Cam directamente, sino sobre su hijo Canaán. «Maldito sea Canaán; siervo de siervos será a sus hermanos». Este detalle era importantísimo para la audiencia original de Génesis. El pueblo de Israel, recién salido de Egipto, estaba a punto de entrar a la tierra de Canaán, una tierra habitada por pueblos descendientes de este Canaán maldito, pueblos conocidos por sus prácticas sexuales abominables. Génesis 9 les explicaba el origen de esas naciones y la maldición que pesaba sobre ellas.

Tres verdades bíblicas

1. Dios no improvisa en sus planes — El mismo mandato dado a Adán es repetido a Noé. El mismo propósito permanece. Dios no está reaccionando a los acontecimientos ni ajustando su estrategia sobre la marcha. Desde antes de la fundación del mundo, su plan ha sido tener un pueblo que llene la tierra de su gloria. Cada episodio de la historia bíblica, incluyendo el diluvio y este nuevo comienzo, es parte de ese plan soberano.

2. Dios siempre ha querido un pueblo que le adore — Todo lo que vemos en Génesis apunta a esto. La creación del hombre a imagen de Dios, el mandato de multiplicarse y llenar la tierra, la preservación de Noé y su familia. Dios está construyendo un pueblo. Un pueblo que invoque su nombre, que camine con él, que refleje su carácter. Ese deseo no ha cambiado. Tú y yo, si estamos en Cristo, somos parte del cumplimiento de ese antiguo propósito.

3. El pecado está tan arraigado en el corazón que se requiere una naturaleza completamente nueva — El diluvio limpió la tierra, pero no pudo limpiar el corazón. Noé, el hombre justo, cae en pecado apenas planta su viñedo. Cam, criado en el arca bajo el cuidado de Dios, comete una inmoralidad vergonzosa contra su propio padre. El problema no era solo la generación que pereció; el problema está dentro de nosotros. Por eso el agua del diluvio no fue suficiente. Se necesitaba otra agua, otro tipo de limpieza. Siglos después, Jesús diría: «El que cree en mí, como ha dicho la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva». El pecado que el diluvio no pudo ahogar, el Espíritu Santo lo vence desde adentro.

Reflexión y oración

Génesis 9 nos muestra que los nuevos comienzos externos no resuelven el problema interno. Noé salió del arca con el mismo corazón que entró. Nosotros también. Por eso necesitamos más que un reinicio de circunstancias; necesitamos un nuevo nacimiento. Necesitamos que el Espíritu de Dios haga en nosotros lo que ningún diluvio pudo hacer: crear un corazón nuevo que ame a Dios y refleje su gloria.

Señor, reconocemos que el problema no está afuera sino adentro de nosotros. El pecado está arraigado en nuestro corazón. Gracias porque enviaste a tu Hijo para darnos vida nueva, y a tu Espíritu para habitar en nosotros. Haz en nosotros lo que el diluvio no pudo hacer. Crea en nosotros un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de nosotros. Amén.

Lecturas del plan

Génesis 9-10, Mateo 9, Esdras 9, Hechos 9

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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