Un reencuentro inesperado

«José reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron. Entonces José se acordó de los sueños que había tenido acerca de ellos.» (Génesis 42:8-9a, NBLA)

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Por fin los hilos se conectan. El hambre que Dios había anunciado a Faraón llega a toda la tierra, incluyendo Canaán, donde vive Jacob con su familia. Y Jacob, sin saberlo, está a punto de enviar a sus hijos directamente hacia José. Después de tantos capítulos siguiendo la vida de José en Egipto, por fin volvemos a ver a los hermanos que lo vendieron. Han pasado más de veinte años. Ellos creen que José está muerto o perdido para siempre. No tienen idea de lo que les espera. El hambre que parecía una calamidad resulta ser el instrumento de Dios para reunir lo que el pecado había separado.

Entendiendo el pasaje

Los diez hermanos mayores bajan a Egipto a comprar grano. Benjamín, el menor, se queda con Jacob, quien teme perderlo como perdió a José. Cuando llegan ante el gobernador de Egipto, se inclinan ante él con el rostro en tierra y los sueños del capítulo 37 se están cumpliendo delante de nuestros ojos. Las gavillas de los hermanos inclinándose ante la gavilla de José. Ellos no lo saben, pero José sí lo sabe. El texto dice que José se acordó de los sueños que había tenido. Veinte años después, ahí estaban sus hermanos, postrados ante él, exactamente como Dios lo había mostrado.

José los reconoce, pero ellos no lo reconocen. Y lo que sigue es fascinante. José no se les muestra a ellos enseguida, en cambio, les habla con dureza, los acusa de ser espías, los mete en la cárcel por tres días. ¿Es venganza? No parece serlo. Es más bien un proceso. José está probando sus corazones. Quiere saber si siguen siendo los mismos hombres que lo vendieron sin remordimiento, o si algo ha cambiado en ellos. Y hay señales. Cuando están bajo presión, empiezan a hablar entre ellos en hebreo, sin saber que José entiende todo. Y dicen: «Verdaderamente somos culpables por lo que hicimos a nuestro hermano. Vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no lo escuchamos. Por eso ha venido sobre nosotros esta angustia». Más de veinte años, y la culpa seguía ahí, enterrada pero viva. José tiene que voltearse para llorar.

Tres verdades bíblicas

  1. Dios usa las circunstancias para reconectar lo que el pecado separó — Ahora anos damos cuenta que el hambre era más que una crisis económica global, se trataba del instrumento de Dios para reunir a esta familia. Si no hubiera habido hambre, los hermanos nunca habrían bajado a Egipto. Si José no hubiera sido vendido, no habría estado en posición de salvarlos. Cada pieza del rompecabezas tenía un propósito. A veces las crisis que enfrentamos son los medios que Dios usa para traer reconciliación, perdón o encuentros que de otra forma nunca sucederían. Esa dificultad que estás viviendo puede ser la puerta hacia algo que Dios quiere restaurar en tu vida.
  2. El pecado enterrado siempre resurge — Los hermanos habían vivido más de veinte años con el secreto de lo que le hicieron a José. Siguieron con sus vidas, tuvieron familias, pastorearon ovejas. Pero la culpa no desapareció. Bastó una situación de presión para que saliera a la superficie. «Verdaderamente somos culpables», dijeron. No puedes esconder para siempre lo que hiciste. En algún momento, Dios lo traerá a la luz. Pero eso no es para destruirte; es para que puedas enfrentarlo y encontrar libertad. Si hay algo en tu pasado que has tratado de enterrar, considera que quizás Dios quiere sacarlo, no para condenarte, sino para restaurarte.
  3. La reconciliación genuina requiere un proceso — José no se revela inmediatamente. Los pone a prueba. Quiere ver evidencia de cambio. Quiere saber cómo tratarán a Benjamín, el nuevo favorito de Jacob. La reconciliación verdadera no es simplemente decir «te perdono» y seguir adelante como si nada hubiera pasado. A veces requiere tiempo, confrontación y evidencia de arrepentimiento genuino, not ebemos ser apresurados para dar perdón, hay heridas que simplemente no se ignoran y restaurar la relación toma tiempo. Dios también trabaja así con nosotros. Nos lleva por procesos que nos confrontan, que sacan a la luz lo que escondemos, hace que veamos nuestro pecado y haya arrepentimiento real, antes de llevarnos a la restauración plena. No te impacientes si el camino hacia la reconciliación es largo o mas lento de lo que esperas. El proceso es parte de una reconciliación verdadera.

Reflexión y oración

José llorando a escondidas. Los hermanos confesando su culpa sin saber que él los escuchaba. Veinte años de separación empezando a deshacerse. El reencuentro apenas comienza, y el camino hacia la reconciliación completa todavía tiene tramos difíciles. Pero Dios está obrando. En el hambre, en el viaje, en la cárcel, en las lágrimas. Todo está siendo usado para reunir lo que el pecado separó.

Señor, gracias porque tú eres un Dios que restaura. Que usas las crisis para reconectar, las pruebas para revelar, y los procesos para restaurarnos. Ayúdanos a confiar en ti cuando el camino hacia la reconciliación es largo. Danos la humildad de reconocer nuestras faltas y la paciencia de esperar tu tiempo. En el nombre de Jesús, amén.

Lecturas del plan

Génesis 42, Marcos 12, Job 8, Romanos 12

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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