Vestidos para la ocasión

«Harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para gloria y hermosura.» (Éxodo 28:2, NBLA)

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Todos hemos tenido esa experiencia de ver un álbum de fotos familiar y ruborizarnos por la ropa que usábamos. La forma de vestir comunica algo, sea de una época, una cultura o una persona. Pero en la Biblia la ropa tiene un significado que va mucho más allá de la moda. Desde que Dios cubrió la desnudez de Adán y Eva con pieles de animales, vestirse tiene que ver con algo más profundo: con la vergüenza del pecado y con la gracia de un Dios que cubre lo que nosotros no podemos cubrir por nuestra cuenta.

Entendiendo el pasaje

Después de los capítulos dedicados a la estructura del tabernáculo, Éxodo 28 cambia de tema. Ya no se trata del lugar sino de las personas. Dios le da a Moisés instrucciones detalladas sobre las vestiduras que debían usar Aarón y sus hijos para servir como sacerdotes. El vestuario del sumo sacerdote era especialmente elaborado: un efod tejido en los mismos materiales del velo del tabernáculo, con un pectoral que llevaba doce piedras grabadas con los nombres de las tribus de Israel. Tenía hombreras, un manto con campanillas de oro en el borde, una tiara con una placa de oro que decía «Santidad al Señor», y hasta unos calzoncillos de lino cuyo propósito era cubrir toda desnudez.

Lo que llama la atención es que nada de esto fue idea de Aarón ni de sus hijos. Ellos no se ofrecieron como voluntarios. Dios los escogió, Dios diseñó sus vestiduras y Dios definió las condiciones para que pudieran acercarse a su presencia. Los sacerdotes comunes usaban versiones más sencillas del mismo vestuario, pero el principio era idéntico para todos: nadie entraba al servicio de Dios tal como era, sino tal como Dios lo vestía.

Tres verdades bíblicas

  1. Dios escoge a quienes se acercan a él — Aarón y su familia fueron seleccionados por voluntad de Dios, no por mérito propio. De hecho, en este punto de la historia ni siquiera habían sido consagrados todavía. Dios los llamó primero y después los preparó. Eso nos dice algo sobre cómo funciona la gracia: la iniciativa siempre es de Dios. Nosotros no diseñamos el camino de acceso a su presencia ni nos ganamos el derecho de entrar. Él nos llama y él nos capacita. Pedro lo resume bien cuando dice que somos linaje escogido y sacerdocio, un pueblo que Dios adquirió para sí, no porque lo mereciéramos sino porque así lo quiso.
  2. El sacerdote entraba representando a todo el pueblo — Las doce piedras en el pectoral de Aarón no eran decorativas. Cada una tenía grabado el nombre de una tribu de Israel. Cuando el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo, no entraba solo. Entraba cargando al pueblo entero, llevando sus nombres ante la presencia de Dios. La carta a los Hebreos nos enseña que Cristo, nuestro sumo sacerdote, vive siempre para interceder por los que se acercan a Dios por medio de él. Aarón lo hacía una vez al año con piedras grabadas. Cristo lo hace de manera permanente con su propia vida resucitada.
  3. Nadie se acerca a Dios con su desnudez expuesta — Este es quizás el detalle más llamativo del capítulo. Dios ordena que los sacerdotes usen calzoncillos de lino para cubrir toda desnudez. A diferencia de los sacerdotes paganos que exhibían sus cuerpos como parte de cultos a la fertilidad, los sacerdotes de Israel debían estar completamente cubiertos. Y aquí hay un eco claro del Edén. Cuando Adán y Eva pecaron, intentaron cubrirse con hojas, pero Dios los vistió con pieles de animales sacrificados. La desnudez quedó marcada como símbolo de la vergüenza del pecado. Ahora, frente al tabernáculo, Dios vuelve a insistir en lo mismo: los que se acercan a mí deben estar cubiertos. Nosotros hoy no usamos vestiduras de lino, pero el principio permanece. Isaías habla de vestiduras de salvación y un manto de justicia. Pablo dice que los que fuimos bautizados en Cristo, de Cristo nos hemos revestido. La justicia con la que nos presentamos ante Dios no es fabricación nuestra. Es un regalo que él provee.

Reflexión y oración

Hay algo que atraviesa todo este capítulo y es que acercarse a Dios nunca ha sido un asunto casual. Requiere lo que Dios provee, no lo que nosotros inventamos. Los sacerdotes no podían diseñar sus propias vestiduras ni modificar las instrucciones. Todo venía de arriba. Y para nosotros es igual: la justicia con la que nos presentamos ante Dios es la de Cristo, no la nuestra.

Padre, gracias porque tú nos has vestido con lo que nosotros jamás podríamos fabricar. Gracias porque en Cristo tenemos un sumo sacerdote que intercede permanentemente por nosotros. Que vivamos conscientes de que el acceso a tu presencia es un regalo de tu gracia y no un logro de nuestro esfuerzo. Amén.

Lecturas del plan

Éxodo 28, Juan 7, Proverbios 4, Gálatas 3

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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