Manuscrito
Texto bíblico: Mateo 7:15-23
Nos estamos acercando al final de las maravillosas y poderosas palabras de nuestro Señor Jesucristo en el Sermón del Monte.
En el capítulo 5, el Señor nos mostró el carácter de los ciudadanos del Reino. Enseñó cómo deben vivir en relación con este mundo y también cuál debe ser su relación con la Ley. Dijo que la ley no se guarda externamente, sino desde el corazón.
En el capítulo 6, continúa con instrucciones prácticas para la vida diaria. Enseñó cómo hacer la voluntad de Dios con los motivos correctos, no buscando la alabanza de los hombres, sino la gloria de Dios. Nos mostró que el afán y la ansiedad desaparecen cuando buscamos primero el Reino de Dios y su justicia, porque allí está el verdadero tesoro.
En el capítulo 7, el Señor nos enseñó que los ciudadanos del Reino deben juzgar con justo juicio, pero antes deben examinarse a sí mismos, asegurándose de que la viga en su propio ojo no sea más grande que la paja en el ojo de su hermano.
Ante tantas exigencias y demandas, Jesús también nos mostró el único modo de transitar el camino que lleva a la vida eterna: la dependencia de Dios en oración.
Luego vimos el domingo pasado que Jesús nos lleva a una confrontadora y poderosa conclusión: hay dos puertas y hay dos caminos. Y nuestra obediencia a Sus palabras determinará por cuál entraremos y cuál recorreremos: la puerta ancha y el camino amplio que lleva a la perdición, o la puerta angosta y el camino estrecho que lleva a la vida eterna, y entrar por esa puerta estrecha y transitar por el camino angosto significa arrepentirnos de nuestros pecados y vivir en obediencia absoluta al Padre.
Esta ilustración con la que el Señor persuade a sus oyentes es maravillosa y nos lleva a ver cómo toda esta descripción de los ciudadanos del reino es un entrar y un transitar.
Pero las advertencias del Señor aún no han terminado. Y pareciera que esta es especialmente importante. Ahora nos dice que los ciudadanos del Reino, aquellos que han entrado por la puerta estrecha y transitan por el camino angosto, deben cuidarse de los falsos profetas, porque estos intentarán engañarlos para desviarlos del camino.
Tenemos una advertencia clara del Señor: “Cuídense de los falsos profetas”. ¿Pero quiénes son estos falsos maestros y cómo podemos saber cuándo estemos delante de uno?
Y el argumento de este pasaje es muy claro:
Argumento:
“Los ciudadanos del Reino deben cuidarse de los falsos maestros, a quienes pueden conocer por sus frutos, que al final los condenarán.”
Bosquejo
1. La advertencia contra los falsos maestros (v 15)
2. Dos frutos: la evidencia de los falsos profetas (v 16-20)
3. El juicio contra los falsos profetas (v 21-23)
1. LA ADVERTENCIA CONTRA LOS FALSOS MAESTROS (V 15)
Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
El Señor ha llevado a sus oyentes hasta el umbral de la puerta estrecha y al inicio del camino angosto, y los ha persuadido: “Entren”, pero ¿significa esto que el peligro ya terminó y que el cristiano debe bajar la guardia? Es cierto que llegar hasta este punto para el creyente no ha sido fácil; después de todo, el Señor ya dijo que pocos son los que entran y transitan por ahí. También es cierto que él guarda a los suyos hasta el final.
Pero aun así el Señor pronuncia este imperativo “cuídense”
“guardaos” (RV1960) es traducida también como “ten cuidado” (NTV), “pon atención” “mantente alerta y vigilante”
Porque es tan importante esta advertencia: han escuchado la frase o refrán “en la puerta del horno se quema el pan” y “le faltó un centavo para el peso”.
Bueno, es posible que muchos de los oyentes hayan sido persuadidos e inquietados a pensar sobre su destino eterno, sobre todo al darse cuenta hasta este punto de que muchas de las cosas que habían creído eran falsas. Ellos ahora están entusiasmados porque han visto la puerta y el camino que lleva al cielo y han decidido entrar por él.
Yo sé que muchos de nosotros hemos conocido a alguien que por un tiempo recibió con entusiasmo y con expectativa el evangelio, pero después de un tiempo esa emoción desapareció y terminaron desviándose, o quizás tú eres uno de esos que hoy han perdido la pasión por Dios y el asombro por su evangelio y te sientes desviado del camino.
Y es que muchos solo se quedan en la puerta; por eso la invitación del Señor es “entren”, y este imperativo está íntimamente relacionado con “Cuídense”, “Guardaos”.
Uno de estos peligros que hacen que muchos se queden en el umbral de la puerta tiene nombre propio: los falsos profetas. ¿Qué es un falso profeta?
Como podemos cuidarnos de algo que no conocemos, lo que haremos es definir qué es un falso profeta para así podernos cuidarnos de él.
Y para ilustrar este punto quiero citarles un fragmento parafraseado del clásico de la literatura cristiana El progreso del peregrino de John Bunyan.
“En el camino, Cristiano y Fiel se encuentran con un hombre llamado Talkative. Era muy elocuente. Hablaba con facilidad sobre la fe, sobre la gracia, sobre la oración. Podía discutir doctrinas, citar textos y conversar horas sobre religión.
Pero Fiel, que lo conocía de su ciudad natal, dijo algo revelador:
“Este hombre habla mucho de religión, pero no vive lo que dice.
Su conversación es celestial, pero su vida es terrenal.
Tiene religión en la lengua, pero no en el corazón.”
Entonces Cristiano comprendió que hablar de fe no es lo mismo que tener fe.
Que conocer palabras correctas no es lo mismo que dar fruto verdadero”.
Cristiano y Fiel estaban ante un falso profeta y, cómo se cuidaron de él porque lo conocían.
Definamos primero qué es un profeta para poder hacer un contraste con un falso profeta.
Un profeta es un vehículo o instrumento de comunicación de Dios al hombre.
Dios se comunica con el hombre a través de los profetas; los profetas llevan el mensaje de autoridad de Dios. Y para apoyar esta definición:
Hebreos 1:1-2ª: Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo.
¿Qué es un falso profeta? La palabra usada en el original para “falsos profetas” es pseudoprofetas y pseudo significa falso o fingido.
Un falso profeta es alguien que pretende hablar en nombre de Dios, pero en realidad está hablando por su propia cuenta o por la influencia del maligno.
El falso profeta habla mentiras asegurando que habla en nombre de Dios.
Un falso profeta no habla explícitamente en contra de Dios; al contrario, se presenta con una Biblia en la mano, con buena presentación, con excelente oratoria, con carisma y habla de Jesús y del amor de Dios; te hará creer que se preocupa por ti y por tu alma cuando en realidad es movido por su egoísmo y la vanagloria.
Un falso profeta busca su propia exaltación y la de los hombres en vez de mostrar la gloria de Cristo en el evangelio. Por eso, el Señor dice en estos versículos.
Mateo 7:15: Vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. (RVR 1960)
La palabra “lobos rapaces” hace que esta advertencia tenga aún más peso; esta palabra aquí describe animales salvajes, con instinto de caza, capaces de atacar a su presa sin misericordia.
El adjetivo “rapaces” enfatiza su codicia y crueldad. Y está relacionado con el verbo arrebatar o agarrar (cf. Jn. 10:12: “y el lobo las arrebata”).
Aun así, ellos aparentan ser todo amor, pero son ovejas que por dentro son lobos rapaces.
Por esto suele ser difícil identificar a un falso profeta: él NO habla en su propio nombre; él dice “El Señor me ha dicho” o también “la escritura dice” y habla usando textos aquí y allá, tratando de sustentar sus mentiras.
Ahora, ¿a qué falsos profetas se estaba refiriendo Jesús en este contexto?
Evidentemente, se estaba refiriendo a los Escribas y Fariseos; 6:2 y 5: “No sean como los hipócritas; ellos aman ser vistos y alabados por los hombres”.
Mateo 23:1-3: Entonces Jesús habló a la muchedumbre y a Sus discípulos: «Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. De modo que hagan y observen todo lo que les digan; pero no hagan conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen.
Jeremías 14:14: Entonces el Señor me dijo: «Los profetas profetizan mentira en Mi nombre. Yo no los he enviado, ni les he dado órdenes, ni les he hablado. Ellos les están profetizando visiones falsas, adivinaciones, vanidades y engaños de sus propios corazones.
El Señor advierte en:
Mateo 24:4: Jesús les respondió: «Tengan cuidado de que nadie los engañe. Porque muchos vendrán en Mi nombre, diciendo: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos.
Mateo 24:11: Se levantarán muchos falsos profetas, y a muchos engañarán.
Los Evangelios, el libro de Hechos, las epístolas y el libro de Apocalipsis están llenos de ejemplos de falsos profetas, y lo que entendemos es que esta advertencia es real hoy y se aplica a todos aquellos que usan la palabra de Dios para manipular, que hablan en nombre de Dios para vaciar sus bolsillos y que tuercen el evangelio para justificar su pecado. Todos ellos están al acecho en la entrada de la puerta y al lado del camino con la única intención de desviar a aquellos que han sido movidos a confiar en Jesús como su único y suficiente salvador.
¡¡¡De estos mentirosos, de estos charlatanes el Señor dijo y nos dice hoy: Cuídense!!!
Ya vimos lo que es un falso profeta y cómo puede ser difícil de identificar, ya que saben camuflarse muy bien dentro del rebaño del Señor, pero el Señor seguirá intentando abrir los ojos de los suyos mostrándoles más evidencias para poder identificarlos.
2. DOS FRUTOS: LA EVIDENCIA DE LOS FALSOS PROFETAS (V 16-20)
Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos; pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los conocerán.
Hay un dicho muy popular, al menos en la costa (no sé si en otras regiones o países); cuando un árbol no da fruto (un palo de mango, de mamón, de pera, guanábana, papaya), decimos que ese árbol es macho, y esto tiene una explicación biológica lógica: los hombres no paren; las que paren son las mujeres.
También hay árboles que, aunque echan frutos, los echan enfermos (es lo que decimos): mangos, guanábanas, papayas con gusanos, o que tienen buena apariencia y por dentro están podridos.
Y lo que decimos de un árbol que no pare o que da malos frutos es que hay que cortarlo y hacerlo leña o madrina de cerca, o, por si alguno no entiende el lenguaje, usar la madera para corral. Entonces, al menos en la costa o al menos para los creyentes, es muy difícil que no entendamos lo que el Señor quiso decir con estas palabras.
El buen fruto demuestra que el árbol del cual procede es sano. El fruto malo muestra que el árbol del cual cayó está enfermo. Así de sencillo.
Entonces, lo que el Señor está diciendo es que, aunque estos falsos profetas sean a veces difíciles de identificar, es posible poder identificarlos por sus frutos.
Por otro lado, hace unos domingos atrás hablamos acerca de hacer justos juicios; decíamos que la Biblia no prohíbe hacer juicios, sino que deben hacerse basados en la verdad y habiendo considerado mi propio pecado. Y el Señor está afirmando este concepto; podemos identificar o juzgar cuándo un profeta es verdadero o es un falso profeta.
¿Qué es lo que revela el fruto? ¿Se refiere a lo que una persona enseña o a cómo se comporta?”
Lucas 6:44-45: Pues cada árbol por su fruto se conoce. Porque los hombres no recogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de una zarza. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.
El carácter se revela a sí mismo; el profeta falso podría engañar a la gente por poco tiempo y esconderse en su disfraz de oveja, pero esto no será por mucho tiempo. El fruto mostrará el verdadero carácter del árbol.
El pasaje que citamos de Lucas muestra donde podemos ver esos frutos: de la abundancia del corazón habla su boca.
Mateo 15:9: “Pues en vano me rinden culto, Enseñando como doctrinas preceptos de hombres”.
Tito 1:11: A quienes es preciso tapar la boca, porque están trastornando familias enteras, enseñando por ganancias deshonestas, cosas que no deben.
Al comparar diligentemente con las Escrituras las enseñanzas del que se presenta como profeta, generalmente no será difícil determinar si es siervo de Dios o del diablo.
Aun así, debemos tener claro que los falsos profetas no son solo los que abiertamente niegan o tuercen las doctrinas fundamentales, sino que pueden ser muy sutiles al introducir sus mentiras.
2 Pedro 2:1: Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre ustedes, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró.
Sin embargo, la palabra “fruto” generalmente incluye más que enseñanzas. En la forma usada por Juan el Bautista, por Jesús mismo, por Pablo, etc., también indica la vida o conducta de la persona.
Lucas 3:8-9: Por tanto, den frutos dignos de arrepentimiento; y no comiencen a decirse a ustedes mismos: “Tenemos a Abraham por padre”, porque les digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.
Gálatas 5:22-24: Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
Al falso profeta se conoce por los frutos que da, por su enseñanza y por su carácter.
Nuevamente recordemos a quiénes es dirigida esta advertencia; es a los discípulos que Jesús está persuadiendo: “Entren por la puerta angosta, transiten por el camino angosto”. A lo largo del Sermón del Monte, Jesús había estado señalando la hipocresía de los escribas y fariseos; como ya dijimos, en este sermón ellos mostraban apariencia de piedad, pero su obediencia al Padre no era genuina, buscaban la alabanza de los hombres y, además, no eran capaces de perdonar y mostrar misericordia a otros.
La manera de vivir de estos escribas y fariseos era la de unos falsos maestros; estos representan el vivir habiendo entrado por la puerta ancha. El llamado de Jesús es a creer en Él como el verdadero profeta; esto representa entrar por la puerta angosta, la de negarnos a nosotros mismos y que lleva a la vida eterna.
Ellos predicaban, pero no aplicaban; ahora los discípulos tenían claro de quiénes se debían cuidar.
El Señor ha revelado la manera en que podemos conocer a los falsos profetas al ver sus frutos de obediencia, pero él no solo quería que vieran esto; había algo más que él quería revelarles. Él quería recordarles que el Padre Celestial había dicho a Moisés que les enviaría un profeta, aquel cuya autoridad estaría sustentada en su obediencia perfecta.
Deuteronomio 18:15: Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirán.
Hechos 3:22 Moisés dijo: “El Señor Dios les levantará a ustedes un profeta como yo de entre sus hermanos; a Él prestarán atención en todo cuanto les diga.
El Señor advirtió del peligro de escuchar a estos falsos profetas, pero Él nos ha enviado el verdadero profeta, no solo el que portaba las palabras del Padre, sino que Él mismo es la palabra de verdad encarnada, de la cual ha dicho que debemos escuchar y obedecer para que tengamos vida.
Juan 17:5: Este es Mi Hijo amado en quien Yo estoy complacido; óiganlo a Él.
Cristo es el camino y la verdad y la vida, y cerrar los oídos a sus palabras es entrar por la puerta ancha y caminar por el camino espacioso que lleva a la condena.
Ya vimos lo que es un falso profeta que se disfraza de oveja para pasar desapercibido, pero los frutos revelarán tarde o temprano quiénes son en realidad.
En los últimos versos vamos a ver al mismo Señor dando más detalles que evidencian a los falsos maestros y cuál será su destino.
3. EL JUICIO CONTRA LOS FALSOS PROFETAS (V 21-23)
No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?”. Entonces les declararé: “Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad”.
El hecho de que Jesús comience a hablar de “aquel día” muestra que el sermón está llegando a su conclusión. La expresión “aquel día” es una referencia clara al gran día del juicio final.
Es claro que hay una relación entre estas palabras y la advertencia contra los falsos profetas. Jesús había dicho a sus oyentes que se cuidaran, que estuvieran alerta contra los falsos profetas, aquellos que, mientras decían mentiras, pretendían estar diciendo la verdad.
Lo que está dejando claro Jesús es: Los hombres que aparentan decir la verdad, pero viven y actúan de forma mentirosa, deben ser considerados falsos profetas.
El “fruto” que indica si el hombre es digno de confianza o indigno de ella se relaciona no solamente con la doctrina, sino también con su vida.
En aquel día estarán delante del Señor no solo los falsos profetas y todos aquellos que vivieron vidas inmersas en el pecado (violador, asesino, el ladrón), sino todas aquellas personas que vivieron vidas religiosas y que profesaban fe en Jesús; a estos el Señor dirá.
“Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad”.
No son pocos los que descubrirán al final que estaban engañados; la escritura dice que serán muchos.
Aquellos que decían creer en Cristo se darán cuenta de que vivieron toda su vida engañados y que entraron por la puerta ancha y transitaron todo el tiempo por el camino espacioso.
En aquel día muchos serán condenados porque sus vidas nunca estuvieron en armonía con lo que profesaban sus labios. En aquel día, muchos dirán: “Señor, Señor”, pero estas palabras no serán oídas porque, mientras caminaban en este mundo, no vivieron como si Jesús fuera su Señor.
¿Cómo sé yo que no seré de aquellos a los que el Señor diga?
“Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad”.
¿Qué creían aquellos que pensaban ser cristianos genuinos y que pensaban que eran salvos y que iban para el cielo?
Lo que vemos en el texto es que ellos descansaban en su confesión, en sus palabras, Señor, Señor.
Para considerar lo importante de esta confesión, debemos entender las implicaciones de esta palabra, Señor.
No es solo confesar de labios para afuera que Jesús es el Señor; esto debe ir acompañado de una vida de sometimiento y obediencia a Su voluntad.
En su desesperación, estos falsos creyentes pretenden hacer uso de la palabra Señor cuando nunca vivieron con sincera coherencia a este entendimiento.
No es suficiente confesar que Jesús es el Señor; esto es como llegar a la puerta estrecha y no entrar. Lo que el Señor requiere es que nuestra vida entera refleje que verdaderamente hemos creído en Él, que no somos unos hipócritas como los escribas y fariseos, sino que estamos dispuestos a dejarlo todo para caminar con Él por el camino angosto.
Santiago 2:19: Tú crees que Dios es uno. Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan.
Mateo 7:22: Muchos me dirán aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?”.
El reclamo de estos falsos profetas, también será el reclamo de aquellos que pretendieron usar el nombre de Jesús como su plataforma de promoción personal. Hablaron a otros de Cristo y quizás otros sí creyeron genuinamente, pero esto no implica que por esto ellos serían salvos también.
Mateo 23:3: De modo que hagan y observen todo lo que les digan; pero no hagan conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen.
Dios puede actuar soberanamente por los medios que Él disponga para salvar y obrar milagros en favor de los suyos, pero a aquellos que proclamaron su verdad y nunca se sometieron a ella, el Señor les dirá.
“Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad”.
Y esta podría ser una de las sentencias más serias pronunciadas por Jesús.
Jesús conocía a los falsos profetas y es por esto que tenía plena autoridad para condenarlos. Sin embargo, también hay un conocimiento especial que el Señor tiene de los suyos.
Juan 10:14: Yo soy el buen pastor, y conozco Mis ovejas y ellas me conocen.
Y este es el tipo de conocimiento al que Jesús se refiere. Los falsos profetas hablan como si Jesús hubiera sido su amigo; muchos aquel día querrán tratarlo como amigo.
Pero Jesús podría decirles: “No los conozco, ustedes no son mis amigos”.
Juan 15:14: Ustedes son Mis amigos si hacen lo que Yo les mando.
Para muchos, aquel día será terrible al enterarse de que vivieron toda su vida ignorantes de que su religiosidad no tuvo ninguna transcendencia.
Permítanme citar una vez más El progreso del peregrino de John Bunyan.
“Cerca del final del viaje, Cristiano y Esperanza encuentran a un hombre llamado Ignorancia. Él estaba convencido de que todo estaba bien con su alma. Decía que confiaba en Dios, que hacía lo mejor que podía, que su corazón era sincero.
Ignorancia aseguraba que entraría a la Ciudad Celestial porque había vivido decentemente y porque creía que Dios aceptaría su buena intención.
Cuando finalmente llega a la puerta de la ciudad, llama con seguridad. Está convencido de que lo dejarán entrar.
Pero al revisar su condición, descubren que no tiene el certificado que demostraba haber pasado por la puerta estrecha ni haber sido lavado de sus pecados. No había entrado por el camino correcto.
Y entonces sucede algo solemne: es atado y llevado por una puerta que estaba al lado de la entrada celestial… pero esa puerta conducía al infierno”.
Bunyan termina esa escena con una frase impactante:
“Entonces vi que había un camino al infierno, aun desde las puertas del cielo”.
¿Mis hermanos, cómo nos cuidaremos de los falsos profetas y de la hipocresía religiosa para no ser sorprendidos aquel día?
Hebreos 1:1-3: Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Él es el resplandor de Su gloria y la expresión exacta de Su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder.
Solo necesitamos a Jesús, el hijo de Dios, mis hermanos; en conocerle a Él está la vida eterna.
Mi amigo, que estás aquí:
Jesús no es el lobo que se viste de oveja para engañar y llevarnos a la perdición; Él es el Buen Pastor que, siendo Dios mismo, tomó nuestro lugar y fue llevado como oveja al matadero para entregarse en sacrificio por nuestra redención.
Ve a Él y arrepiéntete de tus pecados y confiésale a tu Señor y Él se encargará de guiarte por la senda de la vida eterna.
Amen.
