Cuando el corazón se hastía de lo que Dios da

«Nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos. Pero ahora nuestro apetito se ha perdido. No hay nada para verlo, excepto este maná» (Números 11:5-6, NBLA)

Compartir:

Hay quejas que no nacen de lo que falta. Nacen de lo que ya no nos parece suficiente. Y este capítulo de Números nos muestra algo incómodo, que un creyente puede comer pan del cielo cada mañana y aun así extrañar las cebollas de Egipto. La nube acaba de levantarse, el campamento por fin marcha hacia la tierra prometida, y lo primero que escuchamos del pueblo es un lamento por la dieta. Ahí empieza el bloque más oscuro de Números.

Entendiendo el pasaje

Números 11 reúne tres escenas entrelazadas. Primero, el fuego en Tabera, que arde contra los que se quejan en los extremos del campamento. Después, la queja por la carne, que empieza en «la gentuza» (esa gente extranjera que salió mezclada con Israel desde Egipto, según Éxodo 12:38) y se contagia tienda por tienda. Y finalmente, dos respuestas de Dios, la provisión de los setenta ancianos sobre quienes pone su Espíritu, y las codornices que llegan en cantidades tan grandes que el pueblo termina enterrado en el lugar mismo donde se sació.

Hay un detalle que vale la pena ver. El maná no había dejado de caer. Lo que cambió fue el paladar del pueblo, mientras la mesa de Dios seguía siendo la misma. Y mira cómo recuerdan a Egipto, «el pescado que comíamos gratis». Gratis. Olvidaron los azotes, los hijos varones arrojados al Nilo, los gemidos que llegaron hasta el cielo. La memoria selectiva del corazón ingrato es capaz de convertir una casa de esclavitud en una mesa abundante. Y en medio de todo esto, Moisés colapsa, le pide a Dios que lo mate. Lejos de reprenderlo, Dios responde con gracia, reparte el peso entre setenta ancianos y derrama sobre ellos su Espíritu.

Tres verdades bíblicas

1. El corazón ingrato desprecia el pan del cielo y suspira por las cebollas de Egipto

Este es el corazón del capítulo. El maná seguía ahí, fiel como cada mañana. Pero cuando el corazón se enfría hacia Dios, lo que recibimos de su mano empieza a parecernos poca cosa. «No hay nada para verlo, excepto este maná», dicen, como si fuera basura. El pan del cielo reducido a una queja. Y mientras desprecian lo que Dios provee, idealizan lo que Dios les quitó. Hermano que me escuchas, esto es más cercano de lo que parece. Cuando empezamos a despreciar las misericordias diarias, los amaneceres, la mesa, los hermanos en Cristo, la Palabra abierta cada día, ya estamos volviendo en el corazón al lugar del que Dios nos sacó. La gratitud es el termómetro de la fe. Cuando se enfría la gratitud, ya empezó a enfriarse la fe.

2. Dios sostiene al siervo cuando la carga lo aplasta

Mira lo que sucede aquí con Moisés. El hombre que habló cara a cara con Dios, que partió el mar, que subió al Sinaí, está postrado pidiendo morir. «No puedo yo solo soportar a todo este pueblo», dice. Y Dios responde con gracia, voy a tomar del Espíritu que está sobre ti y lo voy a poner sobre setenta hombres para que lleven contigo la carga. Aquí hay un consuelo enorme para todo creyente cansado. La gracia de Dios se mueve hacia el agobiado, no contra él. Y mira cómo termina la escena. Cuando Eldad y Medad profetizan en el campamento sin haber estado en la reunión, Josué quiere callarlos. Moisés responde con una libertad hermosa, «ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta, ojalá el Señor pusiera su Espíritu sobre ellos». Esa frase es semilla. Joel la recoge en su profecía, y en Hechos 2 vemos su cumplimiento, el Espíritu derramado sobre toda carne. El cansancio de Moisés acabó siendo la ocasión para anunciar Pentecostés desde lejos.

3. A veces el juicio de Dios llega como concesión

Y la escena más sobria del capítulo está al final. Dios manda las codornices. Caen alrededor del campamento, dos codos de altura. El pueblo pasa todo un día y toda la noche y otro día recogiendo. Carne en abundancia, justo lo que pidieron. Y allí, mientras la masticaban, los alcanzó la plaga. Llamaron al lugar Quibrot-hataavah, «las tumbas de la gula». Hay un juicio de Dios que se ve, como el fuego en Tabera al inicio del capítulo. Y hay otro que llega disfrazado de respuesta concedida. El apóstol Pablo lo describe en Romanos 1 con una frase escalofriante, Dios «los entregó» a sus propios deseos. A veces la peor respuesta del cielo es un «sí» a lo que tu corazón está exigiendo contra la sabiduría de Dios. Hay cosas que Dios te niega por amor, y hay cosas que te entrega por juicio. La fe sabe distinguir. Y al final de todo, Israel se hartó del pan del cielo en el desierto. Siglos después, cuando Jesús se presenta diciendo «yo soy el pan vivo que descendió del cielo», el pueblo lo rechaza por el mismo motivo. El maná y Cristo son tratados con el mismo desprecio cuando el corazón sigue cautivo de Egipto.

Reflexión y oración

La gratitud es la prueba de que tu corazón sigue caminando hacia la tierra prometida y todavía no ha empezado a regresar a Egipto.

Padre nuestro, gracias por el pan que nos das cada mañana, el que vemos y el que no alcanzamos a contar. Perdónanos cuando nuestra memoria se vuelve ingrata, cuando idealizamos aquello de lo que nos rescataste, cuando despreciamos lo que recibimos de tu mano. Sostén a tus siervos cansados, como sostuviste a Moisés. Reparte la carga, derrama tu Espíritu, danos hermanos que lleven con nosotros lo que pesa. Y guárdanos de pedirte con terquedad lo que tú, en tu sabiduría, nos quieres negar. Que aprendamos a recibir a Cristo, el verdadero pan del cielo, sin hastío y sin desdén. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Números 11, Salmos 48, Isaías 1, Hebreos 9

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

Escúchanos en

Disponible en todas las plataformas

WhatsApp

Canal diario

YouTube

Video devocional

Spotify

Podcast de audio