Hoy entramos en una de las historias más curiosas y memorables de toda la Biblia. Un rey aterrorizado, un adivino codicioso, un asna que ve más que su dueño y un ángel con la espada desenvainada. Suena a relato de aventuras, y lo es. Pero detrás del humor y del drama hay una verdad enorme que Dios quería grabar en el corazón de Israel antes de entrar a la tierra prometida, lo que Dios bendice nadie lo puede maldecir. Números 22 es el primer capítulo de un episodio que se extiende hasta el capítulo 24.
Entendiendo el pasaje
Israel ya está acampado en las llanuras de Moab, frente al Jordán, listo para cruzar a Canaán. Balac, rey de Moab, ve la inmensidad del pueblo y entra en pánico. Como su ejército no le alcanza, decide buscar ayuda sobrenatural. Manda llamar a Balaam, un adivino famoso de Mesopotamia, especialista en hechicería y maldiciones, con la promesa de pagarle muy bien si maldice a Israel. Aquí empieza un juego que se extenderá tres capítulos.
Balaam consulta al Señor. Dios le dice claro, no vayas, no los maldigas, porque es un pueblo bendito. Balaam rechaza la primera delegación. Pero Balac insiste y manda una segunda con más dinero y más honores. Y Balaam, en lugar de mantenerse firme, consulta a Dios otra vez como esperando que la respuesta cambie. Dios le permite ir, pero solo hablando lo que Él le diga. En el camino aparece el momento más famoso del capítulo. El asna ve al ángel del Señor con la espada, se desvía tres veces, Balaam la golpea cada vez sin entender qué pasa, y entonces Dios le abre la boca al asna. El animal lo confronta. Después Dios le abre los ojos a Balaam y este ve al ángel que pudo haberlo matado. Un comentarista lo dice con belleza, el profesional del «ver» no veía nada, y la criatura silenciosa fue maestra del vidente.
Tres verdades bíblicas
1. El miedo de los enemigos del pueblo de Dios es energía desperdiciada
Balac está aterrorizado, y todo el capítulo se mueve por su miedo. Pero hay un detalle que él no sabía, Dios ya le había dicho a Israel que no atacara a Moab. Su peor temor estaba basado en una amenaza inexistente. Su pánico lo llevó a pagar fortunas, contratar adivinos, ofrecer sacrificios costosos, todo contra un ataque que nunca iba a venir. La ansiedad le robó las fuerzas del presente para defenderse de un mañana que no existía.
Esto pasa más de lo que uno cree. Inventamos batallas en la cabeza y peleamos contra fantasmas. Buscamos armas espirituales contra peligros que solo viven en nuestra imaginación. Pagamos precios altos por protegernos de algo que Dios ya tenía bajo control. Antes de gastar tu vida defendiéndote de lo que te aterra, pregúntale a Dios qué está haciendo Él. La mayoría de tus miedos no son profecías, son fantasmas.
2. Dios usa instrumentos imperfectos sin que eso los limpie de su pecado
Balaam era un adivino pagano que se ganaba la vida con hechicería prohibida por la ley. Y Dios le habló. Dios incluso lo usó como instrumento para bendecir a Israel. Pero que Dios lo usara no significa que Dios lo aprobara. Mira lo que dice el versículo 22, «Dios se enojó porque él iba». El permiso había sido concedido, pero el corazón de Balaam seguía pensando en el dinero. Dios lo usó, sí, pero también lo juzgó. Pedro y Judas más tarde lo recuerdan como modelo de los falsos maestros, y Apocalipsis 2 lo señala como ejemplo de quien lleva al pueblo al pecado.
Cuidado con confundir el uso que Dios hace de alguien con la aprobación que Dios da a esa persona. Hay predicadores con dones impresionantes cuyo corazón Dios va a juzgar. Que Dios use una boca no significa que respalde el corazón detrás de esa boca. Por eso Pablo decía que él mismo se examinaba con temor, para no ser descalificado después de haber predicado a otros.
3.Un animal que ve lo que un necio no podía ver
Esto es de un sentido del humor único. El especialista en «ver», el profesional que cobraba caro por ver el futuro de las naciones, no veía al ángel parado frente a él. Y una bestia de carga sí lo veía. Es como si Dios estuviera diciendo, mira lo que produce un corazón endurecido por la codicia, te deja más ciego que tu propio asno.
El Salmo 32 lo advierte, «no sean como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento». Y el Salmo 49 dice algo aún más fuerte, «el hombre que está en honor pero no entiende, es semejante a las bestias que perecen». Cuando un corazón se endurece, la inteligencia y el prestigio no sirven de mucho. Un animal que sigue su instinto puede ver lo que un hombre cegado por el dinero, el orgullo o el pecado ya no alcanza a ver.
Esta es una pregunta seria para hoy. ¿Hay algo obvio que todos a tu alrededor están viendo y tú no? ¿Estas rehusando la voluntad explicita de Dios? Pídele al Señor que te abra los ojos. Pídele que no permita que tu corazón se endurezca, que te dé entendimiento.
Reflexión y oración
Hay personas que viven de «ver» y se quedan ciegas, porque el corazón endurecido por la codicia o el pecado puede tapar lo que está obvio delante de Dios. Pídele al Señor hoy mismo que te dé entendimiento, antes de que tu propia necedad te lleve a chocar contra el filo de una espada que nunca alcanzaste a ver.
Padre nuestro, gracias porque tu plan para tu pueblo no depende del miedo de los enemigos ni de la codicia de los profetas falsos. Lo que tú bendices, nadie lo puede maldecir. Abre nuestros ojos como abriste los de Balaam, para ver al Ángel que va delante de nosotros. Guárdanos de la codicia, del dinero, del aplauso, de cualquier cosa que tuerza nuestra obediencia. En el nombre de Cristo, amén.
