Ayer dejamos a Balaam en camino a Moab, con el corazón dividido entre el dinero de Balac y la orden de Dios. Hoy llega el momento de la verdad. El rey lo lleva a la cima de un monte, levanta siete altares, ofrece sacrificios costosos, y espera ansioso la maldición que va a inmovilizar a Israel. Pero cuando Balaam abre la boca, sale bendición. Y no una vez, sino dos. Hoy abrimos Números 23, los dos primeros oráculos de Balaam.
Entendiendo el pasaje
El capítulo narra dos intentos fallidos de Balac. En el primero, Balaam sube con él a Bamot-baal, se aparta a buscar palabra del Señor, y vuelve con el primer oráculo, «¿cómo maldeciré a quien Dios no ha maldecido?». Balac queda atónito, reclama, y decide intentarlo otra vez desde otro lugar, el campo de Zofim, en la cumbre del Pisga. Mismos siete altares, mismos sacrificios, misma esperanza de que Dios cambie de parecer si cambian de sitio. Y sale el segundo oráculo, todavía más fuerte, que declara que Dios no miente, no se arrepiente, y que la bendición ya pronunciada no puede revocarse.
Lo notable es quién está diciendo todo esto. El que habla es un adivino pagano contratado para lo contrario, no un profeta de Israel. Dios toma la boca del enemigo y la convierte en púlpito. Y mientras Balac escucha frustrado, Israel, sin saberlo, está siendo bendecido y consolado justo antes de entrar a la tierra.
Tres verdades bíblicas
1. La bendición de Dios sobre su pueblo es inalcanzable para la maldición
Balaam fue contratado para maldecir y solo le salió bendición, porque nadie puede maldecir lo que Dios ha bendecido. Si el Señor te ha puesto bajo su bendición en Cristo y estás sentado, como dice Efesios 1, en los lugares celestiales con él, ninguna lengua, ninguna “brujería”, ningún enemigo y ninguna circunstancia tiene poder para revertir lo que Él decretó. Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? La BIblia enseña claramente que no hay ningúna condenación par los que estan en Cristo, Romanos 8. Así que puedes descansar confiado en el cuidado irrevocable de la bendición del Señor.
2. La palabra de Dios es confiable porque su carácter no cambia
Balac creyó que Dios cambiaría de opinión si cambiaba de monte y repetía los sacrificios. Pero Dios no es hombre para mentir ni hijo de hombre para arrepentirse. Lo que Él dice, lo hace. Puedes descansar en sus promesas porque el que las pronunció no puede mentir ni cambiar, y esa es una base más firme que cualquier sentimiento.
3. Se puede tener una lengua que dice la verdad y un corazón que no la cree
Balaam pronunció palabras altísimas, verdaderas, hermosas. Hasta deseó morir la muerte de los rectos. Pero su corazón se quedó con Balac y con el dinero, y terminó muriendo bajo juicio. Se puede cantar bien, citar versículos, sonar muy espiritual, y tener el corazón lejos de Dios. Pregúntate hoy a quién le pertenece tu corazón, porque eso pesa más que lo que diga tu boca.
Reflexión y oración
La maldición más peligrosa nunca vino de la boca de Balaam; el peligro estaba en tener, como él, una lengua llena de verdad y un corazón vacío de fe. Lo que Dios bendice queda bendito, y en Cristo todas sus promesas son sí y amén.
Padre nuestro, gracias porque tu bendición sobre los tuyos no depende de nuestras fuerzas ni puede ser revertida por ningún enemigo. Gracias porque tú no mientes y no cambias. Guárdanos de ser como Balaam, de tener la verdad en los labios y la incredulidad en el pecho. Que lo que decimos de ti nazca de un corazón que de verdad confía en ti. En el nombre de Cristo, amén.
