Números 28podría parece monótono y de los causantes de que el libro sea acusado como aburrido. Listas de animales, cantidades de harina, medidas de aceite y vino, un calendario de sacrificios. Parece un manual de logística. Pero quédate, primero porque es la Palabra de Dios y segundo, porque siempre hay algo del Señor para Su pueblo en Su Palabra. a la Biblia no le sobra ni le falta nada. Lo primero que Dios le ordena a la generación nueva, justo después de contarla y justo antes de mandarla a la guerra, es un cordero en la mañana y un cordero en la tarde, todos los días, sin falta.
Entendiendo el pasaje
El capítulo inicia con el sacrificio que Dios llama «holocausto continuo». Cada día, sin excepción, dos corderos sin defecto, uno al amanecer y otro al atardecer, con su ofrenda de harina, aceite y vino. Sobre ese ritmo diario se montan todos los demás sacrificios, los del sábado, los de la luna nueva, los de las fiestas. La ofrenda diaria es la base, el latido constante del culto de Israel. Todo lo demás se añade encima, pero el cordero de la mañana y el de la tarde nunca se interrumpen.
Estas leyes exigían más de cien novillos, decenas de carneros y más de mil corderos al año, fuera de la harina, el aceite y el vino. ¿De dónde iba a sacar todo eso un pueblo que venía del desierto? De la tierra que Dios estaba a punto de darles. El mandato de ofrecer descansaba sobre la promesa de proveer. Dios no pedía de un pueblo pobre lo que solo un pueblo bendecido por Él podría dar.
Tres verdades bíblicas
1. Lo primero que Dios le ordena a la nueva generación es un ritmo, no una hazaña
Mira el orden de las cosas. Después del segundo censo, antes de la guerra de conquista, lo que Dios establece es un cordero en la mañana y otro en la tarde, todos los días. Primero el culto constante, después la conquista. La vida con Dios se sostiene en lo cotidiano repetido con fidelidad, en el ritmo callado que no depende de cómo amaneció el ánimo. El que solo busca a Dios cuando se le incendia la casa apenas lo conoce; el que lo busca cada mañana y cada tarde, ese sí camina con Él. Dios no debe ser el bombero que llamamos solo cuando nos estamos incendiando, sino el Padre proveedor y amoroso al que acudimos cada día porque sabemos que es Bueno.
2. La constancia del culto descansa en la fidelidad de Dios, no en el ánimo del que adora
A Israel se le pidió un sacrificio que se repetía sin parar, mañana y tarde, año tras año. Nadie sostiene eso por entusiasmo, el entusiasmo se gasta. Lo sostenía el hecho de que el mismo Dios que mandaba la ofrenda era el que daba la tierra, el ganado y la cosecha para poder ofrecerla. Y eso te libera a ti también. Dios nunca te pide una constancia que Él no sostenga. Cuando sientas que tu fe es pura rutina seca, recuerda que el que mandó el holocausto continuo es el que provee con qué encenderlo cada día.
3. El cordero de la tarde se ofrecía a la misma hora en que murió el Cordero de Dios
El sacrificio de la tarde se ofrecía «entre las tardes», y para los tiempos del Nuevo Testamento se hacía a las tres de la tarde. Esa es exactamente la hora en que Jesús murió en la cruz. Durante siglos, cada tarde, sin entenderlo, Israel estuvo marcando en su altar el reloj del Calvario. El holocausto continuo era la sombra que se repetía porque ninguna de sus repeticiones bastaba. El Cordero de Dios se ofreció una sola vez, y esa vez fue suficiente para siempre.
Reflexión y oración
Israel encendía un cordero cada mañana y cada tarde sin saber que estaba señalando la hora de una cruz; nosotros ya no tenemos que encender nada, porque el Cordero fue ofrecido de una vez y su fuego no se apaga. Y mañana veremos que ese mismo ritmo diario sostenía también las grandes fiestas del año, las cumbres del calendario que apuntaban todas al mismo Cristo. Por ahora, responde a esta pregunta ¿cómo está tu ritmo de búsqueda del Señor y tu culto personal? ¿Acudes a Dios diariamente o solo cuando te acuerdas o tienes ánimo?
Padre nuestro, gracias porque la fe que nos pides es la de cada mañana y cada tarde, sostenida por ti y no por nuestras fuerzas. Gracias porque el cordero que Israel encendía cada día apuntaba a tu Hijo, el Cordero que murió a la hora señalada para no tener que morir nunca más. Enséñanos la fidelidad de lo diario, la constancia callada de buscarte al amanecer y al atardecer. Y que cada día que vivamos descanse sobre el sacrificio que ya fue hecho de una vez para siempre. En el nombre de Cristo, nuestro Cordero, amén.
