Dios cuida la herencia y el liderazgo de su pueblo

«Ponga el Señor, Dios de los espíritus de toda carne, un hombre sobre la congregación, que salga y entre delante de ellos, y que los haga salir y entrar a fin de que la congregación del Señor no sea como ovejas que no tienen pastor» (Números 27:16-17, NBLA)

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Números 27 trata dos asuntos, una herencia familiar y un relevo de liderazgo. Cinco mujeres sin hermanos reclaman la tierra de su padre, y un anciano de ciento veinte años recibe la noticia de que verá la tierra prometida pero no la pisará. Dos historias distintas, pero las dos muestran lo mismo, que Dios cuida la continuidad de su pueblo hasta en los detalles que los hombres pasarían por alto. Hoy seguimos en la preparación de la generación que sí va a entrar.

Entendiendo el pasaje

La primera escena son las hijas de Zelofehad. Su padre murió en el desierto sin dejar hijos varones. Por la costumbre de entonces, la herencia pasaba a los varones, así que el nombre de esa familia desaparecería del reparto de la tierra. Las cinco hermanas se acercan a Moisés, al sacerdote Eleazar y a toda la congregación, y plantean su caso, ¿por qué el nombre de nuestro padre va a borrarse solo porque no tuvo hijos? Moisés lleva el caso al Señor, y Dios les da la razón. No solo eso, hace de su petición una ley permanente para Israel. Vale la pena notar que ellas reclaman una tierra en la que todavía no han entrado, hablan por fe de una herencia que aún es promesa.

La segunda escena es la sucesión. Dios le recuerda a Moisés que por su falta en Meribá no entrará a la tierra. Y la reacción de Moisés es reveladora. No discute, no pide otra oportunidad para él. Su preocupación es el pueblo, que no quede sin alguien que lo guíe. Pide un pastor. Dios le da a Josué, un hombre en quien está el Espíritu, y le manda comisionarlo públicamente, imponiéndole las manos delante de todos. El liderazgo de Josué será distinto al de Moisés, dependerá del sacerdote y del Urim para conocer la voluntad de Dios, pero la obra continúa.

Tres verdades bíblicas

1. Dios escucha el reclamo justo del que el sistema dejaría sin nada

Las hijas de Zelofehad no tenían a nadie que las representara, y la costumbre las dejaba fuera. Pero se atrevieron a acercarse y plantear su caso con respeto y con fe. Y Dios, lejos de ignorarlas, les dio la razón y cambió la ley para siempre a partir de su petición. El Dios de la Biblia oye al que se acerca con un reclamo legítimo, y le importan los que quedarían fuera del reparto cuando nadie los defiende. Si hoy sientes que el sistema te dejó sin lugar, acércate a Él con tu caso.

2. Ningún siervo es indispensable, pero la obra de Dios sí es imparable

Moisés sube a un monte solo para mirar de lejos la tierra que no pisará. Cuarenta años guiando al pueblo, y su pecado tiene consecuencias hasta el final. Y aun así, su última inquietud fue por el pueblo, que el rebaño no quedara solo cuando él faltara. Esa es la marca de un siervo que sirvió bien, le importa más la continuidad del pueblo que su propio protagonismo. Tú y yo somos prescindibles; la obra de Dios no se detiene cuando nos vamos, y aprender eso a tiempo nos hace libres.

3. Dios siempre provee un pastor para que su pueblo no quede a la intemperie

Moisés pide un hombre que salga y entre delante del pueblo, para que no sean como ovejas sin pastor. Dios responde con Josué. Pero Josué también moriría un día, como Moisés. La imagen apunta más lejos, a un Pastor que sale y entra delante de su pueblo y nunca muere. Jesús miró a las multitudes y sintió justo esto, estaban como ovejas sin pastor, y dijo «yo soy el buen pastor». No es casualidad que Josué lleve en hebreo el mismo nombre que Jesús. Josué fue la sombra; el Pastor que de verdad no nos deja huérfanos es Cristo.

Reflexión y oración

Dios cuida con el mismo cuidado la tierra de una familia sin herederos y el rebaño de una nación sin líder, porque su fidelidad llega hasta donde los hombres ya no miran. Y al final, el único Pastor que nunca le falla a su pueblo es el que salió y entró por nosotros hasta la muerte, y volvió vivo para guiarnos a casa.

Padre nuestro, gracias porque escuchas al que se acerca con un reclamo justo y no dejas a tu pueblo sin pastor. Gracias porque tu obra no depende de ningún hombre, ni siquiera de los más grandes que nos has dado. Haznos siervos que se preocupen más por tu rebaño que por su propio nombre. Y gracias, sobre todo, por Cristo, nuestro buen Pastor, que salió y entró delante de nosotros hasta la cruz para que nunca quedáramos a la intemperie. En su nombre, amén.

Lecturas del plan

Números 27, Salmos 70-71, Isaías 17-18, 1 Pedro 5

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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