Cuando lo bueno es opuesto a lo prometido

«Pero si no lo hacen así, miren, habrán pecado ante el Señor, y tengan por seguro que su pecado los alcanzará» (Números 32:23, NBLA)

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Imagínate la escena. El pueblo lleva cuarenta años caminando hacia un objetivo claro, la tierra que Dios prometió a los patriarcas, Canaán, al otro lado del Jordán. Y cuando ya están a las puertas, dos tribus se acercan a Moisés y le dicen «mira, esta tierra de este lado del río está muy bien para nuestro ganado, ¿podemos quedarnos acá?». Suena prudente. Suena sensato. Pero Moisés explota. Y la razón de su enojo tiene una lección durísima para nosotros hoy. A veces lo bueno se convierte en el peor enemigo de lo que Dios ha prometido.

Entendiendo el pasaje

Las tribus de Rubén y Gad tenían mucho ganado, y la región al este del Jordán, que acababan de conquistar a los reinos de Sehón y Og, tenía pastos excelentes. Así que le piden a Moisés quedarse ahí en lugar de cruzar a Canaán con el resto del pueblo. Y aquí hay un detalle importante. La tierra prometida por Dios a Abraham, Isaac y Jacob nunca incluyó el territorio al este del Jordán. La frontera oriental de la promesa era el río. Lo que Rubén y Gad están pidiendo, en el fondo, es conformarse con una tierra buena, sí, pero distinta a la prometida. Por eso Moisés lee la petición como falta de fe y lo compara con la rebelión de los espías en Cades, cuarenta años atrás, cuando una generación entera despreció la promesa por miedo.

Se llega a un acuerdo. Rubén y Gad prometen que sus hombres irán al frente del ejército, cruzarán el Jordán, pelearán por sus hermanos hasta el final de la conquista, y solo entonces volverán a sus familias en Transjordania. Moisés acepta, pero les deja una advertencia clavada como un puñal en el versículo veintitrés, su pecado los alcanzará. La historia posterior probó que Moisés tenía razón. Las tribus orientales fueron siempre más vulnerables a la idolatría, no respondieron al llamado de Débora, terminaron bajo dominio de pueblos paganos, y fueron las primeras en caer y desaparecer cuando llegó la deportación asiria. El precio de quedarse en lo bueno en lugar de ir por lo prometido se cobró durante siglos.

Tres verdades bíblicas

1. Conformarse con lo bueno puede ser despreciar lo prometido

La tierra al este del Jordán era buena, fértil, llena de pastos. No era pecaminosa en sí misma. Pero no era la tierra prometida. Y ahí está la trampa más sutil de la vida con Dios, no es solo caer en el pecado escandaloso, también es conformarse con un buen arreglo que se queda corto frente al camino que Dios trazó para ti. Lo bueno se vuelve enemigo cuando te detiene a las puertas de lo prometido. Galaad era buena tierra, el problema fue que le bastó al corazón de Rubén y Gad cuando Dios tenía algo más al otro lado del río. No podemos informarnos cn las cosas que este mundo ofrece cuando nos espera algo más glorioso en la eternidad. El Señor lo dijo, pongan la mirada en las cosas de arriba, no es las de este mundo, por muy atractivas que sean.

2. Tu decisión egoísta puede desanimar a tus hermanos en la batalla

Moisés no se enojó solo por la falta de fe de dos tribus, se enojó por el daño que harían al resto. «¿Irán sus hermanos a la guerra mientras ustedes se quedan aquí?». Si Rubén y Gad se acomodaban de este lado, los demás iban a perder el ánimo para cruzar. Lo que decidimos en lo personal nunca se queda solo en lo personal. Cuando tú te conformas y dejas el camino, le robas valor al hermano que sí estaba dispuesto a seguir caminando. Por eso el acuerdo final exigió que las dos tribus fueran al frente del ejército, cruzaran primero, pelearan hasta el último y solo entonces descansaran en lo suyo. La fe siempre piensa también en los otros. No estamos caminando solos, no lo olvides. somos un pueblo que camina hacia la tierra. Caemos juntos, nos levantamos juntos, llegamos juntos.

3. Tarde o temprano, tu pecado te alcanzará

La advertencia del versículo veintitrés es tan cercana a Ruben y Gad como lo es para nosotros. Moisés dice «tengan por seguro que los alcanzará». Es una certeza, no una posibilidad. Y la historia de las tribus orientales lo confirmó por siglos. Lo que pareció un buen arreglo en su momento se convirtió en mezcla con paganos, vulnerabilidad a la idolatría, primer terreno conquistado por los enemigos, y primer pueblo en ser deportado. El pecado escondido en una decisión que parece razonable no se queda escondido para siempre, sale a la luz, y casi nunca lo paga solo el que lo escogió, lo pagan también los hijos y los nietos. Escoger nuestro propio camino, no el del Señor, tarde o temprano traerá su consecuencias.

Reflexión y oración

Hay un solo lugar donde nadie se conformó con menos, y es la cruz. Cristo no escogió un trono cómodo a este lado del Jordán de la muerte, lo cruzó hasta el final para llevar a su pueblo a la tierra que Dios sí prometió. Si Él no se conformó con menos, no nos conformemos nosotros con lo que se queda corto. Cristo es valioso, más que cualquier tesoro de este mundo.

Padre nuestro, gracias porque tú nunca prometiste menos de lo que cumples. Líbranos del conformismo que se ve sensato pero que en el fondo desprecia lo que tú nos prometiste. Guárdanos de detenernos en una tierra buena cuando tú nos llamas a cruzar el río. Y enséñanos a no abandonar nunca a los hermanos en la batalla por quedarnos cómodos en lo nuestro. Que vivamos como pueblo que va por todo lo que tú prometiste, porque Cristo fue por todo lo que tú prometiste a nosotros. En su nombre, amén.

Lecturas del plan

Números 32, Salmos 77, Isaías 24, 1 Juan 2

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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