El pacto es contigo, hoy

«No con nuestros padres hizo el Señor este pacto, sino con nosotros, los que estamos hoy todos vivos aquí» (Deuteronomio 5:3, NBLA)

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Hay una frase que muchos repiten sin darse cuenta de lo peligrosa que es. «Yo soy de familia cristiana.» Como si la fe se heredara igual que el color de los ojos o el apellido. Mis abuelos creían, mis padres creían, entonces yo ya estoy cubierto. Moisés le habla hoy a una generación que pudo haber pensado exactamente eso. El pacto del Sinaí lo vivieron sus papás, ellos eran niños o ni habían nacido. Y antes de repetirles un solo mandamiento, Moisés les saca esa idea de la cabeza. Este pacto no es de tus padres. Es contigo. Hoy.

Entendiendo el pasaje

Estamos entrando al segundo gran sermón de Moisés, el más largo del libro, y arranca volviendo al monte para repetir los Diez Mandamientos. Pero antes de citarlos, Moisés pone una base que conviene no pasar por alto. Insiste en que el pacto que Dios hizo en Horeb no quedó congelado en la generación anterior, sino que sigue vivo para los que están escuchando ahora. Por eso dice que el pacto fue con nosotros, los que estamos hoy vivos aquí. La nueva generación no es espectadora de una historia ajena, es parte del pacto tanto como sus padres.

Y entonces Moisés repite el Decálogo casi palabra por palabra como aparece en Éxodo. Las diez palabras que salieron de la boca de Dios, que cubren toda la vida, la relación con Dios en los primeros mandamientos y la relación con el prójimo en los demás. Pero fíjate cómo empiezan. Antes del primer «no harás», Dios se presenta diciendo que Él es quien los sacó de Egipto, de la casa de servidumbre. La ley no cae sobre esclavos a los que Dios quiere controlar, cae sobre un pueblo que Dios ya rescató. Después viene la escena del temor. El pueblo había oído la voz de Dios desde el fuego y quedó aterrado, convencido de que moriría si seguía escuchando. Entonces le rogaron a Moisés que se acercara él en su lugar, que oyera por ellos y les transmitiera lo que Dios dijera. Y Dios aprobó esa petición.

Tres verdades bíblicas

1. La fe de tus padres no te salva a ti, el pacto te busca a ti, hoy.

Mira lo que Moisés está haciendo aquí, hermano. Le habla a hijos de creyentes y les recuerda que el pacto no se hereda como un mueble de la casa. Dios renueva su pacto con cada generación que se sienta a escuchar, y la tuya no es la excepción. Tú que me escuchas hoy, tal vez creciste en la iglesia, conoces los himnos de memoria, tus abuelos oraban por ti. Todo eso es una bendición enorme, pero nada de eso te mete en el pacto. Dios no tiene nietos. Tiene hijos, y cada uno entra por su propia fe. La pregunta que este versículo te hace esta mañana es si el pacto ya te alcanzó a ti personalmente, o si todavía vives de prestado, apoyado en la fe de los que te criaron.

2. La ley empieza con lo que Dios hizo, no con lo que tú debes hacer.

Y ojo que esto es importante para entender bien todo el Decálogo. Antes de mandar nada, Dios dice quién es Él y qué hizo. Yo soy el Señor tu Dios, el que te sacó de Egipto. Primero el rescate, después la instrucción. Eso cambia por completo el sentido de los mandamientos. Dios no te entrega su ley para que te ganes su amor con buena conducta, te la entrega porque ya te amó y ya te sacó de tu esclavitud. Un esclavo obedece por miedo al látigo, un hijo libre obedece por amor al que lo liberó. Cuando entiendes que la obediencia es respuesta y no pago, dejas de vivir la fe como una deuda que nunca terminas de cubrir.

3. El pueblo tembló ante la voz y pidió un mediador, y Dios dijo que sí.

Aquí está el corazón del capítulo, y mira hacia dónde apunta. El pueblo no pudo soportar la voz de Dios en el fuego. El peso de su santidad era tan grande que pensaron que morirían si seguían oyéndola de frente. Por eso le suplicaron a Moisés que se parara en medio, que él oyera por ellos y les pasara la palabra. Necesitaban a alguien entre el fuego de Dios y su fragilidad. Y Dios aprobó ese plan, porque así es. El hombre pecador no puede pararse ante la santidad de Dios y seguir vivo, necesita un mediador. Moisés cumplió ese papel por un tiempo, pero solo anticipaba a uno mejor. Pablo dice que hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús. El que temblaba al pie del monte hoy se acerca confiado al trono de la gracia, porque Cristo entró al fuego en nuestro lugar y volvió con vida para abrirnos el camino. Ya no oímos a Dios desde lejos y temblando, lo oímos en su Hijo y nos acercamos sin miedo.

Reflexión y oración

El pacto no se recibe de segunda mano, te alcanza a ti hoy, y tienes un Mediador que te acerca al fuego sin que te consuma.

Padre, gracias porque tu pacto no es una reliquia de generaciones pasadas, sino palabra viva que hoy nos busca a cada uno. Gracias porque antes de pedirnos nada, nos recordaste que ya nos habías rescatado, y porque tu ley es la forma de vida de un pueblo libre. Gracias sobre todo por Cristo, el Mediador que se paró entre tu santidad y nuestra fragilidad, y que nos acerca a Ti sin temblar. Que ninguno de nosotros viva de fe prestada, sino que cada uno te conozca como suyo. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Deuteronomio 5, Salmos 88, Isaías 33, Apocalipsis 3

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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