Cuando la mentira viene con señales

«En pos del Señor vuestro Dios andaréis y a Él temeréis; guardaréis sus mandamientos, escucharéis su voz, le serviréis y a Él os uniréis» (Deuteronomio 13:4, NBLA)

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No toda voz que habla en nombre de Dios viene de Dios. Moisés lo sabe, y por eso dedica un capítulo entero a enseñarle a Israel cómo reconocer la mentira aun cuando llega vestida de cosas impresionantes. La fidelidad a un solo Dios estaba por ser probada.

Entendiendo el pasaje

Deuteronomio 13 vuelve al tema de la idolatría, pero ahora desde la seducción. Moisés muestra que la tentación puede venir de tres frentes, y los tres asustan. Primero, un profeta que anuncia una señal y la señal de verdad se cumple, pero usa esa credibilidad para arrastrar al pueblo tras otros dioses. Después, el ser más querido, un hermano, un hijo, la esposa del propio seno, que en voz baja invita a servir a dioses ajenos. Y por último una ciudad entera que cae y quiere arrastrar a las demás. En cada caso la orden es la misma, no cedas, porque Dios permite estas pruebas para ver si su pueblo de verdad lo ama con todo el corazón, tal como dice el Shemá. El criterio nunca es lo espectacular, sino la lealtad a un solo Señor. El capítulo 14 baja esa lealtad a lo cotidiano. Un pueblo santo se distingue hasta en cómo guarda luto, en lo que pone en su plato, y en lo que hace con su diezmo, que aquí no va al templo sino a la mesa del levita, el huérfano, la viuda y el extranjero. Lo extraordinario y lo diario, todo bajo el señorío del único Dios.

Tres verdades bíblicas

1. No todo lo que funciona viene de Dios.

El profeta del que habla Moisés acierta. Su señal se cumple, su predicción da en el blanco, y aun así es un mentiroso, porque te empuja hacia otros dioses. Esta es la primera advertencia de la Biblia contra los falsos profetas, y sigue siendo urgente. Tú que me escuchas hoy, vivimos rodeados de voces que prometen milagros, sanidades, prosperidad, señales, y mucha gente las sigue sin preguntar hacia dónde la llevan. Que algo tenga poder aparente, que parezca funcionar, que llene estadios, no es garantía de que venga de Dios. La pregunta no es si impresiona, sino si te acerca o te aparta del único Señor. Lo que te aleja de Cristo es mentira, por brillante que se vea.

2. El amor más cercano puede ser el que te aleje de Dios.

Moisés menciona al hermano, al hijo, a la esposa amada, y eso golpea, porque son las personas en quienes más confiamos. El diablo es astuto y sabe que de un desconocido desconfiamos, pero del que amamos bajamos la guardia. Hermano, esto pide mucha sabiduría. No se trata de amar menos a tu familia, se trata de no poner a nadie por encima de Dios, ni siquiera a los que más quieres. El propio Señor Jesús lo dijo sin rodeos, el que ama a padre o madre más que a mí no es digno de mí. Cuando la persona que amas te pide caminar lejos de Dios, amarla bien no será seguirla en su error, sino sostenerte de la mano de tu Señor sin soltarla.

3. Ser de Dios se nota en la mesa y en el bolsillo.

La santidad no se guarda solo para los grandes momentos del culto, baja hasta lo que comes y lo que haces con lo que tienes. Eso enseña el capítulo 14. A Israel lo marcaban incluso sus hábitos diarios, porque eran un pueblo santo y especial, apartado para Dios, como vimos al hablar de su elección. Y mira para qué servía buena parte del diezmo, para sentar a la mesa al que no tenía nada, al levita sin herencia, a la viuda, al extranjero. Tu fe, si es de verdad, tiene que llegar a tu cartera y a tu trato con el necesitado. Una espiritualidad que se queda en el sentimiento del domingo y no toca tu dinero ni tu mesa todavía no bajó del cielo a la tierra.

Reflexión y oración

La fidelidad a un solo Dios se prueba lo mismo frente al milagro dudoso que en lo que haces con tu dinero, porque a Él se le sirve con el discernimiento y con la mesa abierta.

Padre, danos discernimiento para no correr detrás de toda voz que promete señales, sino de seguirte solo a Ti. Guárdanos de poner cualquier afecto, por querido que sea, por encima de nuestra lealtad a Ti. Y que nuestra fe no se quede en palabras, sino que llegue hasta nuestra mesa y nuestro bolsillo, abriendo la mano al que nada tiene. Gracias por Cristo, el Profeta fiel que nunca nos aparta de Ti, sino que nos une a Ti para siempre. En su nombre, amén.

Lecturas del plan

Deuteronomio 13-14, Salmos 99-101, Isaías 41, Apocalipsis 11

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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