Hasta aquí nos ayudó el Señor

«Estas piedras servirán como memorial para los israelitas para siempre» (Josué 4:7, NBLA)

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Hoy estamos justo en la mitad del año, parados en el centro exacto, con la misma cuenta de días a la espalda y por delante. Antes de abrir el pasaje, quiero detenerme a dar gracias. Gracias a cada uno de ustedes que, mañana tras mañana, se ha sentado fielmente a escuchar este devocional, y gracias por sus oraciones, porque nada de esto lo podríamos hacer sin la ayuda del Señor. Y hay una hermosa providencia en el texto de hoy, porque habla justamente de eso, de detenerse en un punto del camino para recordar lo que Dios ha hecho.

Entendiendo el pasaje

Apenas el pueblo termina de cruzar el Jordán en seco, Dios le da a Josué una orden curiosa. Que doce hombres, uno por cada tribu, bajen al lecho seco del río, justo donde los sacerdotes sostienen el arca, y saquen doce piedras. Que las carguen hasta Gilgal, el primer campamento dentro de la tierra, y las amontonen allí. Y son doce, una por cada tribu, porque son un solo pueblo bajo un solo Dios, y ninguna tribu queda fuera de lo que Dios acaba de hacer. Esas piedras eran una señal, un montón de rocas plantado ahí para siempre, que apuntaba al milagro y, sobre todo, al Dios que lo hizo.

Y el texto dice para qué servían. Josué explica que un día los hijos harían la pregunta, «¿Qué significan estas piedras?» (4:6). Ese era el punto. Que la siguiente generación preguntara, y que los padres pudieran contarles cómo Dios secó el Jordán igual que había secado el mar Rojo. Israel entra en la tierra el día diez del mes de Nisán, el mismo día en que se apartaba el cordero de la Pascua, y el calendario mismo amarra esta entrada con la salida de Egipto cuarenta años antes. Y Josué remata con dos razones (4:24). Que todos los pueblos de la tierra sepan que la mano del Señor es poderosa, y que Israel tema al Señor para siempre.

Tres verdades bíblicas

1. Dios manda recordar porque somos rápidos para olvidar

¿Por qué tanto empeño de Dios en dejar un memorial? Porque nos conoce. Sabe que nuestra memoria espiritual es corta, que en medio del ajetreo se nos olvidan justo las cosas sobre las que estamos parados. Por eso dejó piedras en Gilgal, por eso nos dio su Palabra por escrito, y por eso nos manda reunirnos con otros creyentes. Muchas veces no necesitamos un descubrimiento nuevo cada día; necesitamos que nos refresquen lo que ya sabíamos y se nos había caído del corazón.

Por eso, parar hoy a la mitad del año vale tanto como levantar tus propias doce piedras. Mirar atrás y reconocer dónde te sostuvo y dónde no te soltó, aun cuando pensabas que se había olvidado de ti. Recordar no es vivir del pasado; es tomar impulso para lo que viene.

2. Lo que recordamos, lo contamos

Fíjate para quién eran las piedras. Eran, sobre todo, para los hijos que todavía no habían nacido, para el día en que preguntaran y alguien pudiera contarles quién es el Dios que abrió el río. Así se pasa la fe de una generación a otra, contando historias concretas de lo que Dios ha hecho. El Salmo 103 captura esta idea muy bien, «Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios» (Sal. 103:2).

Cuéntales a los tuyos lo que el Señor ha hecho. Puede ser el ancla que los sostenga cuando tú ya no estés para explicarles nada.

3. Nuestro memorial mayor está en la mesa del Señor

Israel tenía doce piedras. Nosotros tenemos algo mayor. La noche antes de morir, Jesús tomó pan y una copa y dijo, «Hagan esto en memoria de mí» (Lc. 22:19). Las piedras de Gilgal recordaban un río que se abrió; la mesa del Señor nos recuerda una cruz. Y esa cruz es un milagro mayor que cualquier Jordán, porque allí el Hijo de Dios «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gá. 2:20).

Josué abrió el camino a una tierra que todavía se podía perder; Cristo abrió el camino al descanso que ya no se pierde. Por eso, cada vez que partimos ese pan, hacemos lo mismo que Israel hacía frente a las piedras. Recordamos a qué precio nos trajo Dios hasta aquí, y no lo olvidamos.

Reflexión y oración

Hasta aquí nos ha ayudado el Señor, y el mismo que nos trajo hasta el centro del año nos llevará fielmente hasta el final.

Padre, hoy nos detenemos a la mitad del año a levantar nuestras piedras y a decir, como tu pueblo antiguo, que hasta aquí nos has ayudado. Gracias por cada mañana que nos sostuviste, por lo que proveíste y por lo que nos guardaste sin que nos diéramos cuenta. Gracias por cada hermano que ha caminado con nosotros escuchando tu Palabra, y por las oraciones que nos han sostenido, porque sabemos bien que nada de esto sería posible sin ti. Gracias, sobre todo, por Cristo y por su mesa, donde recordamos a qué precio nos abriste el camino. Ayúdanos a no olvidar ninguno de tus beneficios, y a contarles a los que vienen detrás quién eres tú. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Josué 4, Salmos 129-131, Isaías 64, Mateo 12

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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