El verdadero capitán

«No; más bien vengo ahora como capitán del ejército del Señor» (Josué 5:14, NBLA)

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Israel ya cruzó el Jordán. Jericó está a unos pocos kilómetros, con sus habitantes temblando de miedo y el pueblo entusiasmado por el milagro que acaba de ver. Todo parece gritar que es el momento, que hay que atacar ya. Y sin embargo, Dios hace algo que no esperábamos. Pulsa el botón de pausa. Antes de tocar Jericó, hay cosas más importantes que atender.

Entendiendo el pasaje

En lugar de marchar, Dios manda detenerse. Lo primero que ordena es circuncidar a toda la generación nacida en el desierto (5:2-9). Durante los cuarenta años de castigo habían descuidado la señal del pacto que Dios le dio a Abraham, y no se puede pelear las batallas de Dios estando en desobediencia con él. Por eso, allí en Gilgal, Dios dice que ha «rodado» de encima de ellos el oprobio de Egipto (5:9). Después celebran la Pascua dentro de la tierra por primera vez, y al día siguiente cesa el maná que los alimentó por décadas, porque ya comen del fruto de Canaán (5:10-12). El ciclo se cerró. El Dios que los sacó de Egipto es el mismo que los metió en la tierra que juró.

Y entonces viene la escena más impactante del capítulo. Josué, probablemente inspeccionando Jericó para planear el ataque, levanta la vista y ve a un hombre parado frente a él con la espada desenvainada. Le pregunta lo lógico, «¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?» (5:13). La respuesta lo descoloca, «No; soy el capitán del ejército del Señor» (5:14). Josué cae de rodillas, adora, y se quita las sandalias porque pisa suelo santo, igual que Moisés ante la zarza. Y fíjate en lo que pasa justo después. Recién cuando Josué se postra, Dios le entrega Jericó y le da el plan para tomarla (6:1-5), un plan que ningún general del mundo habría escrito.

Tres verdades bíblicas

1. Dios pausa antes de la batalla para preparar a los suyos

Nuestro instinto es la prisa. Cuanto más rápido, mejor. Pero Dios tenía otra prioridad antes de Jericó, que su pueblo estuviera a cuentas con él. Primero lo privado, después lo público; primero la obediencia callada que nadie aplaude, y luego la victoria que todos ven. La circuncisión era la señal de que pertenecían a Dios, y esa marca externa siempre apuntó a un corazón entregado a él.

Tú también tienes tu Jericó, algo que quieres conquistar ya. Pero a veces Dios detiene la marcha. Él no se olvidó de la promesa. Solo que, antes de darte la victoria, quiere poner en orden algo de tu vida que nadie más ve.

2. El que te sacó es el que te mete

Mira lo que celebran apenas entran, la Pascua (5:10). No es casualidad. La Pascua era la fiesta de la salida de Egipto, la noche en que la sangre del cordero los libró de la muerte. Y ahora la celebran ya dentro de la tierra prometida. Es como cerrar un círculo. El Dios que empezó la historia sacándolos de la esclavitud es el mismo que la termina metiéndolos en su casa, y por eso cesa el maná, porque la promesa ya se cumplió.

Aquí el Nuevo Testamento pone una palabra, porque Cristo es nuestra Pascua (1 Co. 5:7). El mismo patrón se repite con nosotros. El Dios que nos sacó de la esclavitud del pecado por la sangre de su Cordero es el que nos lleva hasta el descanso final. Si Dios empezó algo en tu vida, confía en que lo va a terminar.

3. La pregunta no es si Dios está de tu lado, sino si tú estás bajo su mando

Vuelve a la pregunta que hizo Josué. Es la misma que todos hacemos tarde o temprano, ¿está Dios de mi lado en esto? Pero el capitán no vino a tomar partido; vino a tomar el mando. Con su respuesta le dice a Josué que preguntó mal. Lo que Dios busca es que nos rindamos a él y a sus planes, no que lo sumemos a los nuestros.

Y hay un orden que no se puede saltar. Josué recibió el plan para Jericó recién después de postrarse (6:1-5). La estrategia vino después de la adoración. Primero de rodillas, luego de pie para la batalla. Y ese Capitán que tomó el mando frente a Jericó tiene un nombre para nosotros, porque el Nuevo Testamento llama a Jesús el autor de nuestra salvación (He. 2:10), el que va delante peleando la guerra que nosotros no podíamos ganar. Nuestra parte es seguir a quien ya venció.

Reflexión y oración

La verdadera preparación para cualquier batalla es caer de rodillas ante el Capitán que ya venció.

Padre, tú eres el Capitán del ejército del cielo; ante ti solo cabe postrarnos y adorarte. Perdónanos cuando corremos a nuestras batallas sin detenernos primero a arreglar cuentas contigo. Gracias porque el mismo Dios que nos sacó de la esclavitud del pecado es el que nos lleva hasta el final. Enséñanos a rendirnos a ti antes de pelear, y a seguir a Cristo, capitán de nuestra salvación, que ya ganó la guerra. En su nombre, amén.

Lecturas del plan

Josué 5:1-6:5, Salmos 132-134, Isaías 65, Mateo 13

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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