Del desamparo a la esperanza

«Yo me fui llena, pero el Señor me ha hecho volver vacía» (Rut 1:21, NBLA)

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Hoy empezamos un libro de cuatro capítulos que arranca con la misma frase con la que cerramos ayer, en los días en que gobernaban los jueces. Aquí no hay batallas ni ejércitos. Hay tres personas comunes y una viuda que va a decir en voz alta exactamente lo que le falta. Y hay algo raro en este relato que te pido que vigiles desde hoy. El narrador nunca muestra a Dios haciendo nada. Los personajes hablan de él y le oran, pero él no actúa en cámara ni una sola vez, así que hay que buscarlo en las costuras.

Entendiendo el pasaje

El versículo 1 nos ubica en la época de los jueces, uno de esos periodos en que Israel le dio la espalda a Dios, y lo primero que aparece es hambre en la tierra. Deuteronomio 28 ya había advertido que la escasez sería una de las señales del pacto quebrado, así que esa hambruna no es un accidente del clima. Un hombre de Belén llamado Elimelec sale con su esposa y sus dos hijos hacia los campos de Moab, y Moab tenía historia. Nació de una relación incestuosa después de Sodoma (Génesis 19), arrastró a Israel detrás de otros dioses en Baal Peor (Números 25), y la ley le prohibía la entrada a la asamblea del Señor (Dt 23:3).

El capítulo cubre unos diez años y se mueve en una sola dirección. Elimelec muere. Los hijos se casan con dos moabitas, Orfa y Rut, y también mueren. Le llega a Noemí una noticia desde Belén, se levanta y emprende el regreso. En el camino les pide a las nueras que se devuelvan, Orfa acepta, Rut se aferra y hace la confesión más conocida del libro. Las dos entran a Belén cuando empezaba la siega de la cebada, y lo primero que hace Noemí al llegar es cambiarse el nombre.

Tres verdades bíblicas

1. Se fueron llenos de la casa del pan

Belén significa casa de pan, y la casa del pan se quedó sin pan. Suena contradictorio hasta que uno recuerda cómo trata Dios a los suyos cuando andan lejos, quitándoles aquello en lo que estaban descansando para que vuelvan el rostro hacia él. Ser cristiano, pertenecer a una iglesia, tener tu nombre en una lista de miembros, nada de eso te va a librar de pasar necesidad. Pablo lo dice en Hechos 14:22, que a través de muchas tribulaciones entramos al reino de Dios. Lo que sí se decide es cómo respondes. Elimelec pudo confiar en el Dios que había librado a Israel de la mano de sus enemigos una y otra vez, y en cambio empacó. Buscar el bien de tu familia no tiene nada de malo, ¿pero a cuestas de qué lo buscas? Su nombre significaba que su Dios era rey, y terminó viviendo en una tierra gobernada por otros dioses. Salieron cuatro y en diez años quedaron tres lápidas.

2. Volvió vacía, y ella misma dijo quién la vació

Noemí llega a Belén y las mujeres casi no la reconocen. Ella les pide que le cambien el nombre. Noemí significa dulce, y les dice que la llamen Mara, que es amarga. Fíjate a quién señala. No culpa al hambre, ni a Moab, ni a las decisiones de su marido, sino al Todopoderoso. Está diciendo la verdad sobre quién gobierna su vida y equivocándose de cabo a rabo sobre lo que él pretende con ella. No la corrijas todavía. Quédate con la frase, porque es el problema que este libro va a resolver, y el vacío que ella nombra tiene partes concretas. A esta mujer le falta comida, le falta alguien que la proteja y le falta un heredero que le devuelva la tierra de su marido. Tres carencias, y tres capítulos por delante.

3. Dios ya la estaba llenando mientras ella se decía vacía

Vuelve a la costura del relato y mira lo que el narrador deja caer sin subrayarlo. Lo único que pone de pie a esa mujer es la noticia de que el Señor visitó a su pueblo dándole pan. Es la misma fuerza de aquel hijo del país lejano que se dijo a sí mismo que se levantaría para ir a casa de su padre (Lucas 15:18). Al lado de ella viene caminando una moabita que salió de una boda desobediente, porque esas uniones estaban prohibidas y el texto no las disculpa. Ahí empiezan a verse las pinceladas del alfarero, sacando algo bueno de un material que él no puso. Y el último renglón del capítulo dice que llegaron cuando empezaba la siega de la cebada.

Dios visita a los suyos, y lo hizo del todo cuando Jesús dijo que él es el pan vivo que descendió del cielo, y que el pan que daría es su carne por la vida del mundo (Juan 6:51). La casa del pan se quedó sin pan un tiempo, y hoy sabemos quién nació allí.

Reflexión y oración

Noemí dijo que volvió vacía el mismo día en que Dios ya había empezado a llenarla.

Señor, gracias porque no esperaste a que Noemí te entendiera para empezar a restaurarla. Gracias porque visitaste a tu pueblo cuando el hambre era el juicio que merecía, y porque nos visitaste a nosotros en tu Hijo, el Pan que bajó del cielo y se dejó partir. Perdónanos las veces que te acusamos mientras nos estabas sosteniendo, y ayúdanos a caminar de vuelta a casa aunque lleguemos con las manos vacías. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

Rut 1, Hechos 26, Jeremías 36 y 45, Salmos 9

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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