Ayer una mujer entró a Belén diciendo que salió llena y volvió vacía. Ese vacío tiene partes concretas. A Noemí le falta comida, le falta alguien que la proteja y le falta un heredero que le devuelva la tierra de su marido. Hoy el libro atiende la primera, y lo hace sin que Dios aparezca haciendo nada. Sigue buscándolo en las costuras.
Entendiendo el pasaje
El capítulo abre con un comentario que los personajes no escuchan. El autor nos cuenta que Noemí tenía un pariente de su marido, hombre de mucha influencia, llamado Booz. Es información para el lector y para nadie más. Después el relato explica el trabajo del día. Espigar era recoger lo que a los segadores se les quedaba atrás, porque la ley le prohibía al dueño segar hasta el último rincón y rebuscar su propio campo, dejando eso para el pobre y el extranjero (Levítico 19:9-10). Era el último escalón de aquella sociedad, y había que sudarlo.
Rut le pide permiso a su suegra y sale a buscar un campo donde alguien le tenga consideración. Encuentra uno. Booz llega desde el pueblo, pregunta por ella y le habla. Al final del día Rut vuelve a casa cargada, Noemí le pregunta de dónde salió todo eso, y la conversación termina con una palabra nueva.
Tres verdades bíblicas
1. Lo que el relato llama casualidad es el disimulo de Dios
El versículo 3 dice que Rut llegó a la parte del campo que pertenecía a Booz. El hebreo usa ahí una expresión que suena a que le tocó por suerte, y el narrador la escoge a propósito. Fíjate en lo que el texto no dice. No menciona que Dios la guiara, ni que un ángel le señalara el camino, ni que ella orara antes de salir. Dice que llegó allí, y punto. Pero tú y yo sabíamos algo desde el versículo 1, y es que ese hombre existía y era de la familia de Elimelec. El autor nos mostró la carta antes de repartir. Así trabaja Dios, la mayor parte del tiempo, sin voces y sin señales, armando un camino que solo se entiende mirando hacia atrás.
2. Dios llena a los vacíos por medio de gente que obedece
Booz llega al campo y saluda a sus trabajadores pidiendo que el Señor esté con ellos, y ellos le responden bendiciéndolo. Hoy eso se dice como estribillo. En aquel tiempo una bendición pronunciada pesaba tanto que Isaac, después de bendecir a Jacob, ya no tuvo con qué bendecir a Esaú. Estamos ante un hombre que teme a Dios y trata con respeto a los que le trabajan.
Y entonces hace mucho más de lo que la ley le pedía. La ley decía dejar el rebusque y ya. Booz la manda a no irse a otro campo, la pone junto a sus criadas, le abre las tinajas de agua, prohíbe que la toquen y la sienta a la mesa del mediodía. Nada de eso es milagroso, y por eso mismo hay que mirarlo bien. La provisión de Dios casi nunca te llega partiendo el cielo, sino en la forma de alguien que decidió obedecer.
Y ahí la bendice. Le pide al Señor que le pague su trabajo y que sea completa su recompensa de parte de aquel bajo cuyas alas ella vino a refugiarse. El hombre está orando por algo que él mismo va a ser. Siglos después otro se paró frente a Jerusalén y dijo cuántas veces quiso juntar a sus hijos como la gallina junta a sus pollitos debajo de las alas, y no quisieron (Mateo 23:37). Booz alcanzó a extender las suyas. Aquel las extendió y se las clavaron.
3. Dios no ha retirado su bondad, aunque tú creas que sí
Rut sacude lo que recogió y le queda un efa de cebada, más de veinte litros, bastante más de lo que una espigadora juntaba en varios días. Es lo primero que entra a esa casa desde que las dos mujeres llegaron a Belén.
Noemí le pregunta dónde espigó, oye el nombre de Booz, y le sale de la boca una frase que no le habíamos escuchado. Bendice al Señor y dice que él no ha retirado su bondad ni a los vivos ni a los muertos. Es la misma mujer que pedía que la llamaran amarga y acusaba al Todopoderoso de haberla afligido. Su historia no cambió en dos días. Cambió lo que ella alcanzaba a ver de esa historia.
Y en esa misma respuesta Noemí suelta una palabra que el libro no había usado. Le dice a Rut que ese hombre es pariente cercano, uno de los que tienen derecho a redimirlas. Acuéstate hoy con esa palabra, porque mañana el libro entero se juega ahí.
Reflexión y oración
Dios empezó a llenar a Noemí por el camino más común que existe, un hombre que obedeció una ley vieja.
Señor, gracias porque cuidas de los tuyos sin hacer ruido, y por cada persona que has puesto en nuestro camino sin que alcanzáramos a darnos cuenta. Perdónanos cuando decimos que has retirado tu bondad mientras nos estás alimentando. Enséñanos a obedecerte en lo pequeño, como aquel hombre en su campo, y a refugiarnos bajo tus alas, que fue donde tu Hijo nos llamó y donde nos recibió. En el nombre de Cristo, amén.
