La mano pesada De Dios

«Y la mano del Señor se hizo pesada sobre los de Asdod, y los desoló y los hirió con tumores, tanto a Asdod como a sus territorios» (1 Samuel 5:6, NBLA)

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Ayer cerramos con la escena mas triste del libro hasta ahora, Icabod, la gloria se fue de Israel. Y cualquiera en Israel habría concluido que el Dios del arca quedó prisionero de guerra en tierra pagana. Los capítulos de hoy nos llevan justo allí, donde ningún israelita podía ver, al corazón del territorio enemigo. Lo que encontramos es un relato donde Dios pelea solo, escrito con una fina ironía santa y con una palabra que se repite de principio a fin, la mano de Dios, como ya saben, siempre que en un relato o pasaje bíblico encontramos una palabra o idea repitiéndose, debemos meternos a prestar atención a lo que el autor quiere comunicar.

Entendiendo el pasaje

Los filisteos ponen el arca en el templo de Dagón como trofeo de guerra, junto a su dios, para que todos vean quién venció a quién. Al amanecer, Dagón está de bruces en el suelo delante del arca, en la postura exacta de un adorador. Sus sacerdotes lo levantan y lo acomodan en su lugar. Al segundo amanecer está otra vez postrado, y esta vez con la cabeza y las dos manos cortadas sobre el umbral. El narrador escribe con sátira deliberada, una estatua inerte que sus propios devotos tienen que recoger del piso. Y mientras el dios filisteo pierde las manos, la mano pesada del Señor comienza a caer sobre la región. Tumores sobre Asdod, pánico en Gat, muerte en Ecrón, y el clamor de la ciudad subiendo al cielo. Siete veces repiten estos capítulos la frase sobre esa mano, y cuando la Biblia repite algo así, está subrayando quién es el que actúa.

Después de siete meses de plagas, los filisteos consultan a sus sacerdotes, que resultan tomarse al Dios de Israel más en serio que el propio Israel. Recomiendan devolver el arca con una ofrenda por la culpa, tumores y ratones de oro, y advierten a su gente que no endurezcan el corazón como Faraón y los egipcios. Hasta en Filistea se contaba lo que esa mano hizo en Egipto. Diseñan además una prueba inteligente, un carro nuevo tirado por dos vacas que jamás cargaron yugo, con las crías encerradas en el establo y sin ningún arriero. Todo el instinto de esas vacas las empujaba de vuelta a sus terneros. Y las vacas se van mugiendo derecho por el camino a Bet-semes, sin desviarse, contra su propia naturaleza. En Bet-semes hay fiesta, pero algunos hombres miran dentro del arca y el Señor los hiere, y los sobrevivientes preguntan lo que queda vibrando al final, «¿quién puede estar delante del Señor, este Dios santo?» (6:20).

Tres verdades bíblicas

1. Los dioses que el hombre fabrica no tienen manos

La imagen de Dagón mutilado sobre su propio umbral es la burla de Dios contra toda idolatría. El salmista lo cantaría después, los ídolos tienen manos y no palpan, tienen pies y no caminan. Y aquí está la paradoja que estos capítulos dejan servida, pues los ídolos no cargan a sus adoradores, sino que los adoradores terminan cargando a sus ídolos. Piensa en lo que tú estás cargando hoy. El dinero, la imagen, la carrera, la aprobación de la gente. Ninguno de esos dioses te sostendrá el día de la crisis. Exigen todo de ti y, cuando llega el golpe, amanecen de bruces en el piso, esperando que tú los levantes otra vez.

2. La mano del Señor no necesita ejército

Lo que Israel perdió con miles de soldados y el arca de talismán, Dios lo ganó solo, sin un israelita en escena. En la mentalidad antigua cada dios era fuerte en su propia tierra, y por eso el narrador insiste en el escenario, el Señor humilló a Dagón dentro de su propio templo, jugando de visitante, hasta que los paganos confesaron que «Su mano es dura sobre nosotros y sobre Dagón nuestro dios» (5:7). La gloria no había sido capturada. Mientras Israel lloraba su Icabod, Dios estaba peleando. Asi qué, cuando sientas que la causa de Dios está derrotada en algún rincón del mundo o de tu vida. Él sabe defender su propio nombre, y no hay territorio donde su mano pese menos.

3. La misma mano pesa sobre su pueblo cuando lo trata sin reverencia

Los hombres de Bet-semes que recibieron el arca eran israelitas y la recibieron con gozo y sacrificios, pero algunos murieron por mirar dentro de ella. La santidad de Dios no hace excepciones con los de casa. Los filisteos aprendieron a temer esa mano por las plagas, y Bet-semes aprendió que la cercanía tampoco les daba una licencia. Cuídate de la familiaridad que te hace perder el temor, esa que trata las cosas de Dios con superficialidad, como costumbre, el culto, la Cena, la Palabra. Acercarse a Dios es un privilegio enorme, y se hace en sus términos, con la reverencia del que sabe delante de quién está.

Reflexión y oración

Mientras los paganos levantan del suelo a sus dioses caídos, la pesada mano del Señor gobierna sin que nadie la cargue.

Señor, no hay dios como Tú. Los ídolos que el mundo fabrica hay que cargarlos, y Tú en cambio nos cargas a nosotros. Perdónanos por las veces que hemos puesto la confianza en dioses sin manos, y por las veces que nos acercamos a Ti sin temor, como si tu santidad fuera cosa común. Gracias porque tu mano gobierna en todo territorio y pelea por tu nombre aun donde nadie la ve. Enséñanos a vivir delante de Ti, este Dios santo, con reverencia y con gozo. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

1 Samuel 5-6, Romanos 5, Jeremías 43, Salmos 19

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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