El rey escondido entre el equipaje

«Dios le cambió el corazón» (1 Samuel 10:9, NBLA)

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Ayer Saúl volvió a casa cargando un secreto que nadie más conocía, la palabra dicha a solas por el profeta. Hoy ese secreto se hace público delante de todo Israel reunido en Mizpa. Pero antes de la coronación, Dios hace algo más importante que coronar, equipa al hombre por dentro. Y cuando por fin llega la hora del anuncio y el sorteo pronuncia su nombre, el hombre más alto de Israel aparece escondido entre las maletas del campamento. Pocas escenas retratan mejor la mezcla de grandeza y fragilidad con que arranca esta monarquía.

Entendiendo el pasaje

Samuel derrama el frasco de aceite sobre la cabeza de Saúl y lo besa en señal de homenaje. Ungir era apartar para Dios, el gesto que se usaba con sacerdotes y que ahora hace de Saúl, literalmente, un ungido del Señor. Para confirmarle que nada de esto era invento humano, Samuel le anuncia tres señales, dos hombres junto al sepulcro de Raquel con noticias de las asnas, tres peregrinos que le regalarán panes camino a Betel, y una banda de profetas descendiendo con música del lugar alto. Las tres se cumplen al pie de la letra ese mismo día. El Espíritu del Señor viene sobre Saúl, que profetiza con ellos ante el asombro de los vecinos, y de ahí nace un refrán que Israel repetiría por años, «¿también está Saúl entre los profetas?» (10:11). Ese día Dios le cambió el corazón. De regreso a casa, Saúl guarda silencio prudente ante su tío y no revela nada del reino.

En Mizpa, Samuel convoca al pueblo y vuelve a nombrar la herida de fondo, «ustedes han desechado hoy a su Dios» (10:19). El sorteo desciende como un embudo, de las doce tribus sale Benjamín, del clan de Matri la familia de Quis, y de la familia, Saúl. Pero el elegido no aparece, y hay que preguntarle al Señor dónde está. Escondido entre el equipaje. Lo traen corriendo, sobresale de hombros arriba entre toda la multitud, y Samuel proclama, «¿han visto al que el Señor ha escogido? No hay otro como él en todo el pueblo» (10:24). El grito de ¡viva el rey! estalla cuando lo ven, alto como lo pidieron. Entonces Samuel hace algo único entre las naciones, escribe las ordenanzas del reino en un libro y lo deposita delante del Señor. El capítulo cierra con valientes «cuyos corazones Dios había tocado» siguiendo a Saúl, y unos perversos despreciándolo, mientras el nuevo rey calla y los deja pasar.

Tres verdades bíblicas

1. Dios equipa a los que llama

Repasa el inventario de este capítulo. Señales cumplidas para confirmar la palabra, el Espíritu para capacitar, un corazón cambiado para la tarea, un profeta como mentor y una compañía de valientes tocados por Dios para no caminar solo. Dios no envía a nadie con las manos vacías. Si Él te ha puesto delante una responsabilidad que sientes que te queda grande, recuerda el orden de este capítulo. Primero el aceite, después la corona. El Dios que llama es el mismo que equipa, y su manera de proceder es dar el corazón antes de exigir la tarea. Como s suele decir, primero ser, antes que hacer.

2. En Israel, hasta el rey vive bajo un libro

El gesto de Samuel al final es una declaración a futuro. Apenas aclamado el rey, escribe las ordenanzas del reino y las deposita delante del Señor, tal como Deuteronomio lo había previsto siglos antes. Los reyes de las naciones dictaban la ley desde el trono. En Israel el trono quedó debajo de un libro, porque el rey no estaría por encima de la Palabra, sino sujeto a ella como cualquier hijo del pacto. Esa sigue siendo la medida de toda autoridad entre el pueblo de Dios. Pastores, líderes, padres, gobernantes, nadie crece más alto que la Escritura, y el líder que deja de leerla como súbdito ya empezó a reinar como pagano.

3. Un buen comienzo no es un destino

Ningún líder de Israel arrancó con tanto como Saúl. Unción, Espíritu, corazón nuevo, señales, mentor, valientes, y hasta la sensatez de callar ante los necios. Guarda este inventario en la memoria, porque este mismo bloque nos va a mostrar en qué terminó, y entonces entenderemos que su caída jamás podrá culpar al equipamiento. Los dones recibidos no sustituyen la obediencia sostenida. Escucha, no puedes seguir viviendo del evento especial del año pasado en tu iglesia, ni del llamado de hace una década. La gracia que recibiste ayer se camina hoy, y mañana habrá que volverla a caminar. Así opera el Señor. Es un llamado a vivir un día a la vez. Cada día trae su afán.

Reflexión y oración

Dios le dio a Saúl todo para empezar bien, y empezar bien todavía no es terminar bien.

Padre, gracias porque no llamas a nadie con las manos vacías, y porque lo que Tú mandas, Tú lo equipas. Ponnos debajo de tu Palabra, como pusiste el trono de Israel debajo de aquel libro, y guárdanos de crecer más alto que ella. Y ya que un buen comienzo no garantiza nada, danos perseverancia para caminar cada día la gracia que recibimos. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

1 Samuel 10, Romanos 8, Jeremías 47, Salmos 23-24

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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