Cuando el desánimo predica

«Ahora bien, voy a perecer algún día por la mano de Saúl» (1 Samuel 27:1, NBLA)

Compartir:

El capítulo de hoy es quizá el más gris de David en todo el libro, y no arranca con una batalla ni con un enemigo a la vista, sino con un hombre cansado hablándose a sí mismo. Y antes de entrar, fíjate en tres silencios que dicen más que cualquier discurso. En todo el capítulo David no consulta a Dios ni una sola vez, Dios no habla ni una sola vez, y en todo el salterio no hay un salmo fechado en los dieciséis meses que siguen. La etapa entera transcurre muda hacia el cielo, y todo empezó con un monólogo.

Entendiendo el pasaje

El primer momento es la conclusión y la mudanza. David se dice a sí mismo que un día va a perecer por la mano de Saúl, y esa frase contradice todo el expediente que el libro ha acumulado, el aceite de Samuel sobre su cabeza, el juramento de Jonatán, las dos confesiones públicas de Saúl, la profecía de Abigail y el veredicto del propio narrador, Dios no lo entregó en su mano. Pero el alma agotada no consulta expedientes, y David cruza la frontera con sus seiscientos hombres y sus familias hasta Gat, donde Aquis lo recibe y le concede la aldea de Siclag. Y el dato que sigue parece darle la razón a la mudanza, pues cuando Saúl supo que David había huido a Gat, dejó de perseguirlo. Dieciséis meses de calma por delante.

El segundo momento es la doble vida. Desde Siclag, David hace incursiones contra pueblos paganos enemigos de Israel, pero a Aquis le reporta otra cosa, que ataca el Neguev de Judá, es decir, a su propia gente. Y para que la mentira no tenga testigos, adopta una política sin grietas, no dejar hombre ni mujer con vida. El texto reporta sin aprobar, y el resultado del engaño es el que toda mentira exitosa produce, más confianza del engañado. Aquis concluye que David «se ha hecho odioso a su pueblo Israel», y que por eso será su siervo para siempre. La telaraña funciona tan bien que se cierra sola, porque el capítulo termina con Aquis anunciándole que saldrá con él a la guerra, contra Israel, y nombrándolo su guardaespaldas de por vida. En los próximos días veremos a Dios sacarlo de esa esquina.

Tres verdades bíblicas

1. El desánimo es mal teólogo

Vuelve a leer el monólogo, voy a perecer un día por la mano de Saúl. Todo lo que Dios había dicho y hecho apuntaba en dirección contraria, y aun así David le creyó a su cansancio antes que a las promesas de Dios. Así trabaja el desánimo, nos predica sermones que contradicen la Palabra, y les creemos porque suenan realistas. Ayer en el plan de lecturas leímos los Salmos 42 y 43, donde el salmista modela el antídoto exacto, ¿por qué te abates, alma mía? Espera en Dios. Ahí está la diferencia entre escucharse y predicarse. El que solo se escucha a sí mismo termina abatido pero el que se predica la verdad, aun con el alma abatida, se queda al alcance de las promesas. Identifica los sermones que tu desánimo te predica y respóndeles con lo que Dios ha dicho.

2. Que funcione no prueba que venga de Dios

Mira los resultados de la mudanza, Saúl dejó de perseguirlo, hubo dieciséis meses de calma y las incursiones fueron todas victoriosas. Cualquiera diría que Dios bendijo la decisión. Y sin embargo el capítulo no trae una sola línea de aprobación de parte de Dios, ni siquiera una consulta. Leer los resultados como respaldo era exactamente la teología de conveniencia de Saúl, que vio una puerta cerrada y proclamó que Dios se lo había entregado. La medida de una decisión está en la obediencia que la sostiene, y los resultados no reemplazan esa medida. Revisa las decisiones de tu vida que «funcionan» y que nunca pasaron por oración.

3. Una decisión sin Dios es una cismo que llama a otro

Así se construyó el engaño: una mentira a Aquis exige incursiones secretas, las incursiones secretas exigen no dejar testigos, y el hombre que salió huyendo para no morir termina matando poblaciones enteras para que su historia no se caiga. Las mentiras tienen costos de mantenimiento y también intereses altos. El engaño en principio para dar buenos resultados, pero generan una deuda difícil de pagar. Si estás sosteniendo una versión que te obliga a fabricar más versiones, aprende de este texto, la salida de la telaraña nunca es más hilo, sino verdad y gracia, aunque haya que enfrentar consecuencias. Te anticipo que vas a encontrar consuelo con lo que viene en esta historia, porque Dios sabe destejer lo que sus hijos enredaron.

Señor, confesamos los sermones del desánimo que hemos creído, esos que contradicen tus promesas y suenan tan realistas. Enséñanos a predicarnos la verdad como el salmista, espera en Dios, porque aún he de alabarle. Guárdanos de medir nuestras decisiones por sus resultados, y desteje con tu gracia las telarañas que hemos armado. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

1 Samuel 27, 1 Corintios 8, Ezequiel 6, Salmos 44

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

Escúchanos en

Disponible en todas las plataformas

WhatsApp

Canal diario

YouTube

Video devocional

Spotify

Podcast de audio