Por amor a Su pueblo

«Y David comprendió que el Señor lo había confirmado como rey sobre Israel, y que había exaltado su reino por amor a Su pueblo Israel» (2 Samuel 5:12, NBLA).

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Hoy cerramos el primer tramo de la serie, la casa levantada. Empezamos este bloque con David llorando en Siclag, sin trono y sin patria, y lo terminamos con David reinando desde Jerusalén sobre todo Israel. Entre esos dos puntos no hay una sola maniobra sucia de su parte, y ese es justamente el testimonio que el narrador quiso dejar. El plan nos da hoy dos capítulos juntos, y se leen mejor como un solo movimiento, el derrumbe final de una casa y la exaltación de la otra. Mañana entra el arca a Jerusalén y el bloque nuevo nos lleva en dos días a la cumbre de toda la serie, la promesa del capítulo 7.

Entendiendo el pasaje

El capítulo 4 es el último escalón del derrumbe. Con Abner muerto, a Is-boset se le fueron las fuerzas, y dos de sus propios oficiales lo asesinan mientras duerme la siesta. Le llevan la cabeza a David esperando recompensa, y el eco es deliberado. Así abrió el libro, con un amalecita cargando la corona de Saúl y esperando premio. David responde igual que aquella vez, y el paralelo confirma que aquella reacción del capítulo 1 era su manera de entender el trono. En medio del derrumbe, el narrador abre un paréntesis que parece fuera de lugar, un niño de cinco años, lisiado de los pies, hijo de Jonatán. Se llama Mefiboset. Guárdate ese nombre, porque ese paréntesis es una promesa.

El capítulo 5 es la exaltación. Las tribus vienen a Hebrón con tres reconocimientos, son hueso y carne de David, ya conocen su liderazgo probado, y saben lo que el Señor dijo, «tú pastorearás a Mi pueblo Israel». Y David hace pacto con ellas. En un libro cuya palabra clave es casa, el oído se va afinando, la unión de las tribus se sella con la misma palabra que selló las promesas a Noé y a Abraham. Después vemos la capital. Jerusalén no pertenecía a ninguna tribu, ni muy al sur para ofender al norte ni muy al norte para perder a Judá, la ciudad de nadie se vuelve la ciudad de todos. El techo del bloque es el versículo 10, David se iba engrandeciendo porque el Señor, Dios de los ejércitos, estaba con él. El narrador también registra que en Jerusalén David tomó más mujeres y concubinas, y lo reporta aunque no lo aplaude, la grieta sigue creciendo junto con la casa. Y el bloque cierra igual que abrió, con David consultando a Dios antes de moverse, ahora dos veces frente a los filisteos.

Tres verdades bíblicas

1. La justicia que se aplaza le abre la puerta al siguiente pecado

Baaná y Recab no actuaron en el vacío. Vieron a Joab asesinar a Abner en la puerta de Hebrón y seguir de general como si nada, y sacaron la cuenta, en este reino matar sale gratis. Eclesiastés dice que cuando la sentencia contra la mala obra no se ejecuta enseguida, el corazón queda predispuesto para hacer el mal. Algunos teóricos sociales modernos lo llaman “La teoría de la ventana rota”. Piensa en esto, el papá que ve la mentira del hijo y la deja pasar por evitar la fatiga, o el líder que conoce la falta de alguien querido y mira para otro lado, cree que está siendo paciente, y en realidad está entrenando al siguiente ofensor. La corrección y la disciplina a tiempo es una forma de amor al que falló y a todos los que están mirando.

2. El poder que Dios te da es por amor a los que sirves

Fíjate en lo que David comprendió. Pudo haber leído su corona como el pago por sus años de fidelidad en el desierto, y lo que entendió fue otra cosa, Dios exaltó su reino por amor a Su pueblo Israel. Él era el instrumento y el pueblo era la razón. Por eso el verbo del llamado es pastorear, el mismo oficio de su juventud, ahora con ovejas que votan y pelean. El cargo que tienes, en tu casa, en tu trabajo o en la iglesia, existe para el bien de los que están debajo de él. La señal de que lo olvidaste es sutil, empiezas a medir el rol por lo que te da a ti, el ingreso, el título, el reconocimiento, y dejas de medirlo por lo que les da a ellos. Pregúntate hoy a quién le está yendo mejor porque tú tienes el puesto o la posicion que tienes.

3. Las victorias de ayer no reemplazan la nececidad de hoy

Los filisteos atacan dos veces, en el mismo valle, con el mismo ejército. David consulta las dos veces, y Dios responde distinto la segunda, rodéalos por detrás y espera el sonido de marcha sobre las copas de las balsameras. Mismo enemigo, mismo lugar, estrategia nueva. David acababa de ganar la primera batalla y aun así volvió a preguntar, porque la victoria de la semana pasada no era garantía para esta. Nosotros funcionamos al revés con demasiada frecuencia, cuando algo nos funcionó lo convertimos en una fórmula y dejamos de orar por eso.

Dios te exalta por amor a los que va a servir a través de ti.

Señor, gracias porque levantaste la casa de David sin que él manchara sus manos, y porque cada paso de este bloque nos mostró tu fidelidad haciendo lo que prometiste. Enséñanos a corregir a tiempo en los espacios que nos diste, a medir nuestros cargos por el bien de los que servimos, y a consultarte hoy aunque ayer nos haya ido bien. Gracias porque tú peleas por tu pueblo y no abandonas a los que te invocan. En el nombre de Cristo, amén.

Lecturas del plan

2 Samuel 4-5, 1 Corintios 15, Ezequiel 13, Salmos 52-54

Pastor Jacobis Aldana, Iglesia Bíblica Soberana Gracia.

Autor

Pastor Jacobis Aldana

Licenciado en Artes Teológicas del Miami International Seminary (MINTS) y cursa actualmente estudios en Westminster Thelogical Seminary. Ha servido en el ministerio pastoral desde 2011 y es el pastor principal de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.

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