Hoy la rebelión llega a su fin, y nadie celebra. El capítulo que tenemos delante contiene la victoria militar más triste de toda la Escritura, un ejército que gana la guerra y entra a la ciudad a escondidas, como quien vuelve de una derrota, porque el rey está arriba llorando. Prepárate para escuchar el grito de un padre, porque en ese grito, si lo escuchas completo, está escondido el evangelio.
Entendiendo el pasaje
El capítulo tiene dos partes, la batalla y la espera. La batalla se libra en el bosque de Efraín, y el narrador anota un detalle extraño, el bosque devoró más gente aquel día que la espada, como si la creación misma peleara la guerra que Dios ya había decidido en la sala de consejo de ayer. Absalón queda colgado de una encina por la cabeza, «entre el cielo y la tierra», mientras su mula sigue de largo. Ahí se cosecha lo que sembramos hace días, la gloria que el reino entero alababa se convirtió en su horca. Joab desobedece la orden que David dio delante de todos, traten con bondad al joven, y le clava tres dardos al que colgaba indefenso. Lo tiran a un hoyo y le amontonan piedras encima, y el narrador remata con una ironía dolorosa, Absalón se había levantado en vida un monumento de mármol para perpetuar su nombre. La segunda mitad es la espera en la puerta de Mahanaim. Dos mensajeros corren, y el rey hace las dos veces la misma primera pregunta, ¿está bien el joven Absalón? Cuando llega la respuesta, David sube a la sala que está encima de la puerta, y el capítulo termina con su grito.
Tres verdades bíblicas
1. La gloria que cultivas para ti termina colgándote
Junta las tres imágenes de Absalón en este capítulo. El cabello célebre, el que pesaba doscientos siclos y el reino entero admiraba, quedó enredado en una encina. El cuerpo del hombre más hermoso de Israel terminó en un hoyo del bosque, bajo un montón de piedras sin nombre. Y el monumento de mármol que él mismo se construyó para perpetuar su memoria quedó como el chiste amargo de la historia. Todo lo que Absalón levantó para su propio nombre demostró tener el peso exacto para colgarlo. Revisa qué estás cultivando tú para tu propia gloria, la imagen que pules o la plataforma que administras. Nada de eso puede sostenerte la vida el día que la mula siga de largo.
2. El corazón de padre no dejó de amar al hijo rebelde
Fíjate en la contradicción santa de David en este capítulo. Armó tres divisiones contra Absalón, porque la rebelión había que resistirla, y a la vez ordenó delante de todo el ejército que trataran al muchacho con bondad. Y cuando llegaron los mensajeros con la victoria, su primera pregunta, las dos veces, fue por el hijo que quería destronarlo. Ese amor no aprobaba la rebelión. La lloraba. Si tú tienes un hijo en guerra contra todo lo que le enseñaste, aquí hay agua para tu desierto. Se puede resistir la rebelión sin dejar de amar al rebelde un solo día, y la pregunta de David puede seguir siendo tu oración de cada mañana, ¿está bien el joven? No dejes que los pragmáticos te avergüencen de ese amor, ni que el dolor te convenza de enterrarlo. El padre que sigue amando se parece a Dios.
3. Hay un Hijo que sí murió en tu lugar
Escucha el grito completo. Quién me diera haber muerto yo en tu lugar. Es el deseo más hondo de todo el libro, y es un deseo imposible. David no podía morir por Absalón, y la razón duele, esta guerra era también la cosecha de su propio pecado, el que necesitaba sustituto no podía ser sustituto de nadie. Pero el grito no se perdió en el aire. Mil años después, el Hijo mayor de David hizo exactamente lo que David deseó y no pudo. Murió en lugar de los rebeldes, siendo nosotros todavía enemigos, como lo escribe Pablo en Romanos 5. El grito del padre en la puerta de Mahanaim no tuvo respuesta para Absalón, y encontró respuesta para nosotros en una cruz levantada fuera de otra ciudad. Si hoy estás en rebelión contra el Padre, esta es la diferencia entre tu historia y la de Absalón. Para ti todavía hay camino de vuelta, y ya está pagado.
Lo que David deseó y no pudo, Cristo lo hizo, morir en lugar del rebelde.
Señor, este grito nos deja mirando la cruz. Gracias porque donde el amor de David llegó a su límite, el tuyo siguió de largo y pagó. Consuela hoy a los padres que lloran hijos en rebelión y sostén su amor sin amargura. Desmonta en nosotros los monumentos que nos estamos construyendo. Y al que anda huyendo de ti, alcánzalo con esta noticia, el camino de vuelta existe y ya está pagado. En el nombre de Cristo, amén.
