Hace tres días en este devocional vimos a una mujer que entró a Belén diciendo que salió llena y volvió vacía. Le faltaban tres cosas. Comida, alguien que la protegiera y un heredero que le devolviera la tierra de su marido. Lo primero llegó por un campo de cebada y por un hombre que obedeció una ley vieja. Hoy llegan las otras dos, y hoy el narrador rompe el silencio que ha guardado todo el libro y quizá lo mas importante que podía recibir, un redentor.
Entendiendo el pasaje
Todo lo que pasa hoy se apoya en dos leyes. Levítico 25 permitía que un pariente rescatara la tierra que una familia arruinada había tenido que soltar, para que la heredad no saliera del clan. Deuteronomio 25:5-10 ordenaba que, cuando un hombre moría sin hijo, un pariente se casara con la viuda y el primer hijo llevara el nombre del muerto, a esto se le conocía como la ley del levitrato. Booz va a cumplir las dos de una sola vez. Para entonces han pasado unas seis semanas desde que Rut empezó a espigar, la siega se acaba, y Noemí decide mover el asunto.
El capítulo 3 pasa de noche. Noemí arma un plan, Rut baja a la era, Booz se despierta a medianoche con una mujer a sus pies y ella le hace una petición que él acepta, aunque le advierte que hay un pariente con más derecho. El capítulo 4 pasa de día y en público. Booz se sienta a la puerta, junta a diez ancianos, le presenta el negocio a ese pariente y cierra la transacción delante de testigos. Luego nace un niño, y el libro termina con una lista de nombres.
Tres verdades bíblicas
1. Dios cumple su propósito aunque nuestros planes salgan de la carne
Mira bien lo que Noemí le manda a hacer a su nuera. Lavarse, perfumarse, esperar a que el hombre haya comido y bebido, ir de noche a una era donde los trabajadores dormían al lado del grano, y acostarse a sus pies. Esto no deberíamos leerlo como una recomendación. Es el mismo error de Abraham cuando tomó a Agar para ayudarle a Dios con una promesa que Dios no necesitaba que nadie le ayudara a cumplir, y las consecuencias de aquel apuro tampoco se hicieron esperar.
Y en medio de ese plan dudoso, Rut dice lo único que había que decir. Le pide a Booz que extienda el borde de su manto sobre ella, porque es pariente redentor. Esa palabra es la misma que Booz usó cuando le pidió al Señor que la cubriera bajo sus alas. Rut le está pidiendo que extienda lo que él mismo oró. Booz responde bendiciendo a Dios, la llama mujer virtuosa, la protege de las habladurías y la despacha con seis medidas de cebada para que no llegue donde su suegra con las manos vacías. Fíjate en esa frase, porque es la que Noemí usó para describirse a sí misma y es un uso retórico precioso por parte del autor.
2. El redentor tiene que poder pagar y tiene que querer pagar
El relato se pone dramático con la aparición de un personaje que no se había mencionado hasta ahora. A la puerta Booz le ofrece al otro pariente que al parecer estaba antes que Booz en la línea de posibles redentores, la tierra de Elimelec, y el hombre dice que sí de una vez. Entonces Booz le explica que la tierra viene con la moabita y con la obligación de levantarle nombre al muerto. Ahí saca cuentas, ve lo que eso le hace a su propia herencia y se retira. El problema no fue que no pudiera, sino que no quiso pagar el precio. Y el texto lo castiga de la manera más elegante que existe, porque no conserva su nombre, de hecho, quiso protegerlo y lo perdió, igual que Orfa.
Booz paga por la tierra y por la mujer, y pone a los ancianos de testigos. Para redimir había que ser pariente, tener con qué y estar dispuesto. Por eso el Hijo de Dios se hizo de la misma carne y sangre que nosotros, para poder pagar lo que debíamos (Hebreos 2:14-17). Él tampoco tuvo reparo en hacernos parte de su heredad sin merecerlo.
3. Dios no dejó a Noemí sin redentor
Llevamos tres días buscando a Dios en las costuras del relato. En el versículo 13 el narrador rompe su propio silencio. Dice que el Señor permitió que Rut concibiera. Es la única vez en todo el libro que el autor afirma que Dios hizo algo, y lo guardó para el niño.
Nace un varón y las mujeres del pueblo se lo ponen a Noemí en el regazo. Le dicen que ese niño es su redentor y que la nuera que lo dio a luz vale para ella más que siete hijos. Es la misma nuera que Noemí ni contó cuando dijo que había vuelto vacía. A veces la bendición ya viene caminando al lado tuyo y se ve oscura hasta que Dios la alumbra. La casa que se quedó sin marido y sin hijos termina con un heredero y con la tierra recuperada.
Y las últimas líneas dan los nombres. Ese niño fue el abuelo de David. Los ancianos de la puerta ya lo habían dicho sin saberlo, cuando bendijeron a Booz pidiendo que fuera célebre en Belén, el pueblo pequeño del que un profeta diría que de allí saldría el que ha de gobernar en Israel (Miqueas 5:2). El redentor de Noemí tuvo un descendiente que vino a redimir al mundo.
Reflexión y oración
Dios estuvo llenando a Noemí durante toda el desarrollo de la historia incluso cuando ella lo acusó de haberle quitado. No tenemos que ver a Dios de manera explicita para saber que esta proveyendo su cuidado amoroso para nosotros.
Señor, gracias por este libro pequeño donde tu voz no se escucho de manera audible ni una vez pero aún así lo hiciste todo. Gracias porque cuidaste a dos viudas mientras una de ellas te acusaba. Gracias por Cristo, que se hizo de nuestra carne para poder redimirnos y pagó el precio completo cuando nadie más quería. Enséñanos a esperar quietos cuando no vemos tu mano, sabiendo que estás tejiendo lo que todavía no entendemos. En el nombre de Cristo, amén.
